Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla de TV. Y el sábado y domingo estoy en "No es un día cualquiera" de Radio Nacional de España, con Pepa Fernández
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

miércoles, 29 de junio de 2011

(96) A mi chica todoterreno le acaban de dar un premio. Es una “Mujer real”, se lo aseguro

A una de mis chicas preferidas le han dado un premio. El de “Mujer real” que otorga la revista Mía.
  No soy de los que cree mucho en premios. Siempre he pensado que los premios te los otorga la vida en el día a día. Pero algunos he aceptado, otro he visto entregar, de algunos soy corresponsable. Y tengo que admitir que el reconocimiento de una trayectoria o del trabajo bien hecho a menudo es justo y necesario.
  Decía que acaban de darle el premio “mujer real” a una de mis chicas preferidas, a la más peque, a una mujer que he visto en grande a pesar de sus dimensiones de pajarito.
  Hablo de May Castillo, enfermera en el Clínico, todoterreno en el Samur – Protección Civil del Ayuntamiento de Madrid. Generosa, preparada, volcada, hiperactiva, competente. Volcada cuando hay que paliar sufrimiento, contribuir a mantener una vida, hacer sonreír a quien la sonrisa se le ha borrado del rostro.
  Aquí, siendo un blog de periodismo, May cabe perfectamente. Porque es miembro fijo de mi equipo preferido, el que llevo al desierto para medicina general y emergencias, en “Ojo por ojo… lente por lente” y en salidas menos aparatosas. A la cabeza del dispositivo sanitario, el querido Alfonso Morán, ese médico con don de gentes que bromeando definí  el “mejor levantador de faldas nómadas”. Porque con Daniel González, con el fortachón “gigante bueno” que es Luis Sirgado, con Pablo del Brío y con otros y otras, han conformado y conforman esa medicina hasta el último extremo que llevamos en el Sahara. En el desierto geográfico al que no dibujamos fronteras, no en un rincón del desierto politizado y conflictivo.
  Nuestro único conflicto – gracias, May; gracias, Alfonso; gracias Luis; gracias, Pablo; gracias, chicos – es una guerra declarada, y muy a menudo ganada, contra el dolor y la miseria de gentes maravillosas que desde siempre son nuestros hermanos. Gracias a los amigos Doctor Fernando Prados y a ese gran logista que es Juan José Mediavilla. Gracias a este equipo entrenando en años, y a mujeres “reales” como May Castillo, esos hermanos del desierto lo son mucho, mucho más.  Son nuestra familia. Pues enhorabuena chica. Tú vales mucho, May.

lunes, 27 de junio de 2011

(95) Su Señoría y el saco en el que se escupen sentencias
Sua Signoria e il sacco in cui si sputano sentenze

Estuve charlando un buen rato con un magistrado en ejercicio. Un hombre de mediana edad con un no despreciable recorrido profesional; alguien bastante conocido en el mundo de la judicatura pero ajeno al mundanal ruido de los medios y desconocido para el gran público. Un moderado pelín tirando a la izquierda, un hombre de reputadas convicciones democráticas. Y reconozco que, hacia el final de nuestra charla, me llevé una no muy agradable sorpresa.
  Hablábamos de cosas de la actualidad, un paseo entre la política, los problemas sociales y esta crisis europea de identidad, además de crisis económico-financiera. Muchos apuntes, puntos de vista la mayoría coincidentes. En algunos estuvimos bastante alejados, pero en general la visión del momento fue coincidente. Sobre todo en la dificultad de ser moderadamente optimistas.
  Y en eso, hablamos por pura casualidad de unas etnias, una mención muy general de personas cuyo origen no coincide con el nuestro. Me quedé pasmado. Su Señoría – no, no le voy a identificar – arrancó a hablar colando cada dos por tres una tremenda muletilla: “… todos los… son…”. Un juicio sin apelación, sin causa y sin legajos, pero con la condena de antemano. “Todos esos… son...” y vamos a dejarlo ahí.
  Me fui disgustado y preocupado. Ese juez ha juzgado a cientos de personas, ha analizado cientos de situaciones conflictivas. Me pregunto qué les ha tocado en suerte a esos que, según su criterio, son “todos…”, es decir, están en el mismo saco.
  Tremendo. Y pensar que Su Señoría es de talante muy abierto. Vamos, se le considera, por los que saben de estas cosas “cromáticas”, a casi a cinco centímetros de poder ser etiquetado de “progre”. Ya vemos que no es cuestión de color. ¿O sí?


Stavo chiacchierando con un magistrato in esercizio.  Un uomo di mezza età dal non disprezzabile  percorso professionale; qualcuno abbastanza noto nel mondo della giustizia, ma estraneo a quello dei media e poco noto tra il gran pubblico. Un moderato un po’ spinto verso sinistra, un uomo conosciuto per le sue convinzioni democratiche. Eppure, riconosco che, verso la conclusione della nostra conversazione, ho avuto una spiacevole sorpresa.
  Si parlava di cose dell’attualità, una passeggiata tra la politica, i problemi sociali e questa crisi europea d’identità, oltre che crisi economico-finanziaria. Molti appunti, punti di vista la maggior parte coincidenti. In alcuni siamo però stati lontani, ma in generale la visione del momento  è stata univoca, soprattutto nella difficoltà di essere moderatamente ottimisti.
  È accaduto che, incidentalmente, abbiamo menzionato alcune etnie, una menzione molto generale di persone le cui origini non coincidono con le nostre. E sono rimasto freddato. La Sua Signoria – no, non lo identificherò – ha cominciato a parlare a ruota libera, infilando qua e là un tremendo intercalare: “… tutti gli… sono…”. Un giudizio senza appello, senza causa e senza fascicoli, ma con la condanna già pronunciata. “Tutti quegli… sono…” e poi, lasciamo correre.
  Mi congedai disgustato e preoccupato. Quel magistrato ha giudicato centinaia di persone, ha analizzato centinaia di situazioni conflittuali. Mi domando che cosa è potuto capitare a coloro che, secondo il suo criterio, sono “tutti…”, vale a dire, stanno nello stesso sacco.
  Tremendo. E pensare che la Sua Signoria è persona aperta. Suvvia, lo si considera, da parte di chi sa di queste cose cromatiche, a meno di cinque centimetri dall’essere etichettato “progressista”. Come si vede, non è questione di colore. O si?

viernes, 24 de junio de 2011

(94) De mentar a la madre de nosotros los periodistas, de eso ni hablar…
Di menzionare la madre di noi giornalisti, di questo neppure a parlarne…

Los periódicos, algunos con cierto mal disimulado regocijo, titulan hoy que La justicia de Holanda falla que denigrar al islam es legal”. Se refiere a la absolución de un conocido líder populista y xenófobo que no se limitó a opinar o a criticar algún punto de una doctrina y sus preceptos. Fue más allá: denigró, es decir descalificó su totalidad a una fe y a los cientos de millones de pobladores de esta tierra que la profesan.
  Casi siempre evito cuatro temas en España. Uno es este, el de las creencias, las fes religiosas. Más posible, más sosegado y civilizado allende los Pirineos, mis muchas experiencias aquí me han enseñado que la visceralidad, el peso de la Historia y de la histeria, las barricadas de tirios y troyanos, todo eso que conocemos no lo hace fácil. Falta la escala cromática de los grises, casi siempre sólo hay blanco y negro. Y se insulta o se hace mofa de lo uno o de lo otro.
  Para los creyentes, de varias religiones muy asentadas en la Historia y en los pueblos, su fe suele estar por encima de su  propio padre y de su propia madre. Muchos, a lo largo de la Historia de la Humanidad, para dar testimonio o defender sus creencias en lo trascendente no han dudado en entregar su propia vida o han soportado torturas y vejaciones.
  Yo ante eso me quito todos los sombreros y hasta me corto el no mucho pelo que anda por mi cabeza.
  No sé si hace falta aclararlo, pero no soy musulmán. Sí frecuento desde hace décadas lugares hospitalarios e inhóspitos en los que el Islam es religión y cultura. Me honro con la amistad más que demostrada por cientos de amigos que, con mayor o menor profundidad, profesan el Islam (lo escribo con mayúscula, por respeto). Conozco también la generalización y la fácil asimilación que se hace entre Islam y fenómenos o movimientos que con esa fe originaria poco o nada tienen que ver. Estoy al tanto del desviacionismo y de las interpretaciones fanáticas y sesgadas, así como de la serena aplicación de preceptos perfectamente aceptables en otras culturas.
  Desde esa realidad, mi respeto va hacia todas las religiones, no hablemos de las grandes monoteístas que – pese a quien pese en esa batalla perdida de reescribir la Historia – con sus luces, y también con las sombras de su aplicación en las sociedades, han forjado e impregnado la Historia. También, y mucho, pese a quien pese, la historia y la vida, de cada uno de nosotros.
  Pero yo quiero quedarme en el ámbito de mi profesión, que es el periodismo. Extraña profesión, desde luego, esta que se envuelve en túnicas de respeto, tolerancia (habría que ver su acepciones…), libertad, convivencia y muchos otros valores altisonantes. En aras de una supuesta y casi absoluta libertad de pensamiento y de expresión, desde cierto periodismo que reescribe todo e indica lo que hay que anular, lo que nunca existió y lo que el rebaño tiene y tendrá que hacer, se apoya cualquier movida a favor del "leña al mono de todo lo que huele a carca”. Y en ese saco se meten el teléfono de manivela, la radio de galena,  ciertos remedios caseros, el velocípedo y... las creencias religiosas. Salvo, cuando conviene, sí hacer uso instrumental de unas religiones para argumentar en contra de otras.
  El respeto por los creyentes – sean musulmanes, judíos y mucho menos cristianos – brilla a menudo por su ausencia. Pero no se trata de crítica legítima, de opiniones. Se va mucho más allá, casi con la fe acalorada del converso fanático, y se proclama el derecho a mentar la madre de cualquiera sin que ese cualquiera se pueda inmutar o dé muestras de pedir respeto.
  Decía poco antes que para muchos, muchísimos creyentes, su fe suele estar por encima de su propio padre y de su propia madre Y sin embargo eso se puede atacar, pisotear; de esa madre ajena se puede hacer mofa – en periódicos, radio, televisión – con grueso calibre de palabras y una ausencia total de respeto, base de la convivencia. Se puede hacer con la madre de cualquiera, menos con la del periodista, se entiende. Esa, ni pensarla ni mentarla. Porque es sagrada, como debe ser una madre. Una madre en el sentido de lo más cercano y familiar, como la mujer que nos ha engendrado, y en el ámbito de la trascendencia, que es la otra madre, legítima y respetable (que hay que respetar) opción de fe de cada uno.


In attesa di traduzione. Grazie per la pazienza.



domingo, 19 de junio de 2011

(93) La conjura de los necios. Cuando los periodistas se empeñan…
Una banda di idioti. Quando i giornalisti fanno di tutto…

Cuando John Kennedy Toole escribió “La conjura de los necios”, seguro que no pensó ni un momento a los necios a los que yo quiero referirme. O, a lo sumo, los incluía en su experiencia vital de observador, considerándolos sólo un subgrupo entre los muchos que pueblan nuestro planeta. Pero Kennedy, es evidente, escribió su libro sin detenerse de manera especial en “mis” necios.
  Yo me refiero a los de mi profesión. A esos necios de lo políticamente correcto, a los que van con la gente que va detrás de Vicente, a los que como una ola - cantaría una fallecida coplera - son invisible gotas de agua que se dejan arrastrar por la corrientes.
  No me alargo más de lo necesario. Ojeen el periódico de esta mañana, los periódicos que ofrece el quiosco. Encontrarán artículos, breves, crónicas, reseñas, recensiones y muchas otras piezas que elevan y alaban algo o a alguien. A veces por convencimiento, otras porque es la moda, es el tema de moda, es el personaje “in”. Haga lo que haga, diga lo que diga.
  Todo esto se retroalimenta. Y también crea antagonismos. Los de un lado adulan al escritor o al artista infumable y se dicen admirados por la obra; los de la otra orilla – con el único argumento de estar enfrentados – escriben pestes del mismo o de lo mismo.
  Pues sí, estamos ante una no pactada conjura de los necios, especie que también en esta profesión abunda y mucho más de lo que muchos quisiéramos. Y lo grave es que actúan sin el dictado, sin la imposición editorial, sin las condicionantes de la empresa. Son así sólo porque navegar en la corriente de la multitud es fácil, muy fácil y con pocos riesgos.
  Por eso, y por muchos más motivos, siempre he huido de firmas de manifiestos, de apoyos incondicionales, de adhesiones masivas. Salvo cuando se trate de un valor del que nadie se pueda apoderar. Seré presumido – y a lo mejor, algo lo soy – pero me da pánico participar de olas periodísticas que elevan el plauso y el aplauso inmerecido a la categoría del libro de Kennedy Toole: la conjura de los necios.


Quando John Kennedy Toole scrisse “Una banda d’idioti”, certamente non pensò nepure per un momento agli stupidi cui intendo fare riferimento. O almeno, li incluse nella sua esperienza vitale di osservatore, considerandoli un sottogruppo tra i molti che abitano nel nostro pianeta. Kennedy, è evidente, scrisse il suo libro senza soffermarsi in modo particolare sui “miei“ idioti.
  Io mi riferisco a quelli della mia professione. A quegli stupidi del politicamente corretto, a coloro che seguono le mode, a quelli che come un’onda – cantava una interprete del folk e pop spagnolo – sono invisibili gocce che si lasciano trascinare dalla corrente.
 Non la faccio lunga più di quanto necessario. Un’occhiata al giornale di stamani, ai giornali che offre l’edicola. Troverete articoli, brevi, cronache, rassegne, recensioni e molti altri testi che elevano, lodano qualcosa o qualcuno. A volte per convinzione, altre perché è la moda, è il tema di moda, è il personaggio “in. Faccia ciò che faccia, dica ciò che dica.
Tutto ciò si retroalimenta. E crea pure antagonismo. Quelli di una parte adulano lo scrittore o l’artista insopportabile e si dicono ammaliati dall’opera; quelli dell’altra sponda – con l unico argomento di essere contrari – scrivono peste e corna dello stesso o della stessa cosa.
  Ebbene sí, ci troviamo dinanzi a una non organizzata banda d’idioti, specie che anche in questa nostra professione abbonda e molto di più di quanto molti vorremmo. Ciò che è grave è che operano spesso senza ordini, senza l’imposizione editoriale, senza i condizionamenti dell’azienda. Sono così solo perché navigare nella corrente delle masse è facile, molto facile e comporta pochi rischi.
  Per questo, e per molti altri motivi, sono sempre fuggito dalle firme di manifesti, dagli appoggi alla cieca, dalle adesioni in blocco. Salvo quando si è trattato di un valore di cui nessuno può prendere possesso. Sarò presuntuoso .- e forse lo sono un po’ – ma mi dà panico partecipare a quelle ondate giornalistiche che elevano il plauso e l’applauso non meritato alla categoria del libro di Kennedy Toole: la banda d’idioti.
  .

sábado, 11 de junio de 2011

(92) Los gerundios de los periodistas: activos y pasivos
I gerundi dei giornalisti: attivi e passivi

Salía yo, esta mañana, de Radio Nacional de España, ese oasis que es Prado del Rey, y por un motivo que aquí no viene a cuento, reflexionaba sobre el gerundio y lo que este tiempo verbal da de sí.
  En pocos instantes me di cuenta de que los periodistas, sobre todo los que estamos en varios “ajos” – radio, televisión, foros, etc. - tenemos un gerundio profesional:
Largando

  Y fue en eso, en la elaboración de esa intima disertación y exegesis del verbo, cuando se hizo la luz. Decidí – no sé bien si constituirá precedente sobre el que se asentará una sana costumbre – de que es tiempo de sustitución. Gerundio por gerundio, amigos lectores, he decidido. Hasta el lunes, salvo un breve paréntesis mañanero, el gerundio de guardia va a ser, con su permiso,

Descansando,

que es la puesta a punto de las sinapsis, el lavado de la verborrea, el alijado de la culata del narcisismo. Pues a descansar. En tiempo presente... y prolongado.


Pues no. Esa una cuestión de coherencia. No me da la real gana de traducirme al italiano. Estoy en mi nuevo gerundio. Como un rey.

lunes, 6 de junio de 2011

(91) Periodismo en la tele: el punto correcto
Giornalismo TV: il punto corretto

Me ha llamado poderosamente la atención una noticia vista y escuchada, hoy al mediodía, en un informativo de televisión. Pero no tanto por la noticia en sí, que es preocupante, cuanto porque esa noticia estaba en titulares, abriendo el informativo. Es decir, se le había otorgado dignidad de importante, a pesar de que la actualidad fuese, con el añadido del lunes, que arrastra algo del fin de semana, el habitual batiburrillo de acontecimientos de toda naturaleza.
  La noticia se refería a un estudio que revelaba una realidad muy preocupante: uno de cada nueve ciudadanos vascos no tiene amigos.
  No es esta la sede para ahondar en las causas de este mal social, que es un mal muy personal, del individuo de nuestros tiempos, tiempos de supuesta comunicación global, online y sin embargo prevalentemente virtual. Tampoco creo oportuno debatir aquí sobre las posibles peculiaridades del entorno vasco y de si hay factores que allí arriba podrían agudizar la situación. No, en estas páginas quiero resaltar otro aspecto, el más periodístico.
  Me parece ejemplar que sea el drama social/privado, un mal del ser humano de nuestros tiempos, como la soledad, a tener la dignidad de la máxima atención. Porque el periodismo es denuncia, alerta. Somos los dedos apuntados para que la sociedad no diga después que no se sabía, que nadie había avisado. Y cuando lo hacemos en pro del hombre, de la mujer, del niño o del anciano que sufre en silencio, pues estamos haciendo gran periodismo, periodismo de servicio.
  Hace sólo algunos segundos, quería omitir cual era el informativo. Por un falso pudor que, llegado a estas líneas, mando literalmente a tomar viento. Era la cita de las 15:00, la del equipo de David Cantero, en Informativos Telecinco.  
  Y ahora, que no me digan que estoy barriendo para mi casa. Porque no es la mía. Sólo estoy allí de paso, subalquilando unos microespacios. Y hay días, que non son esporádicos pues se repiten, en los que me siento orgulloso de mis vecinos y compañeros. Digan lo que digan allí fuera.



Mi ha sorpreso una notizia vista e ascoltata, oggi a mezzogiorno, in un tg. Non tanto per la notizia in sé, quanto perché quella notizia stava nei titoli, all’inizio. Vale a dire, le avevano attribuito dignità d’importante, nonostante la spinta dell’attualità e il fatto che si tratti di un lunedì, con tutto l’accumulato del fine settimana, strapieno di avvenimenti di diversa natura. La notizia si riferiva a uno studio che rivelava una realtà molto preoccupante: uno su nove cittadini baschi non ha amici.
  Non è questa la sede per approfondire le cause di questo male sociale, che è un male molto personale, dell’individuo dei nostri tempi, tempi di presunta comunicazione globale, online e ciò nonostante prevalentemente virtuale.  Non credo neppure che sia opportuno dibattere qui solle possibili peculiarità dell’ambiente basco e se sia frutto di fattori che lassù rendono più acuta la situazione. No, in queste pagine intendo risaltare un altro aspetto, il più giornalistico.
  Mi sembra esemplare che sia il dramma sociale/privato, un male dell’essere umano del nostro tempo, come la solitudine, ad avere la dignità della massima attenzione. Perché il giornalismo è denuncia, allerta. Siamo le dita puntate affinché la società non dica poi che non sapeva, che nessuno aveva avvisato. E quando lo facciamo a favore dell’uomo, della donna, del bimbo o dell’anziano che soffre in silenzio, ebbene, stiamo facendo grande giornalismo, giornalismo di servizio.
  Solo pochi secondi fa, volevo omettere qual era il tg. Per un falso pudore che, giunti a queste righe, mando letteralmente a quel paese. Era l’appuntamento delle 15:00, quello dello staff di David Cantero, in Informativos Telecinco.
  Ed ora, che non vengano a dirmi che sto giocando in casa. Perché non è la mia. Sono solo di passaggio, in subaffitto con due microspazi. E ci sono giorni, tut’altro che sporadici poiché si ripetono, nei quali mi sento orgoglioso dei miei vicini e colleghi. Dicano quel che dicano là fuori.

miércoles, 1 de junio de 2011

(90) Periodistas de la “canallesca” y periodistas “de pedestal”. Ya vale de castrar la dignidad de profesionales y medios
Giornalisti del mucchio e giornalisti “sul piedestallo”. È ora di dire “basta” alla castrazione di professionisti e media

Algunas cosas tan obvias, mejor recordarlas. Como las siguientes, que en realidad son frases que solté esta mañana en Twitter y que quiero fijar aquí. Para que yo mismo las recuerde y si alguien, entre los periodistas y los futuros colegas, quiere compartirlas, pues aquí las tenga.
  ¿Por qué tanta admiración súbdita, tanta devoción supina que llega a hacer escribir y decir cosas como: «Lo publica el New York Times; lo afirma con contundencia el Economist; si lo dice Le Monde...»?
  Oigan: ni yo ni muchos hemos nacido ayer a esta profesión. He convivido, trabajado, viajado codo con codo con colegas de esos y de otros cientos de medios, grandes, medianos y pequeños. Y recuerdo haberlos visto andar y tropezar. Como yo. También los vi entrar y salir de un WC. Como yo. Y meter la pata hasta el cuello. Como cualquiera.
  Son colegas, no estatuas que idealizan el periodismo desde lo más alto de un pedestal, con toda la “canallesca” a sus pies. Ya vale de vender tan barata la autoestima. Por mucho que haya medios que han sabido conquistarse un lugar, un espacio y una aureola a lo largo de su actividad.
”Periódicos  En pocas palabras, quería recordar que en la prensa, por ejemplo, en la impresa, hay muchas cabeceras. Pero, sobre todo, hay cabezas. Esas hay que valorar. Las de las personas, de cada uno de los profesionales. Con misma dignidad y derecho al respeto. La opinión, esa vendrá después de haber visto el fruto de su trabajo. Para la mismísima BBC como para la hipotética televisión local de Gárgoles de Abajo.
  ¿Un ejemplo de actualidad en otros campos? Hablamos de la precisión suiza, de «la organización y el rigor alemán». Ya, para luego ver que hay quienes consiguen, de manera muy rigurosa y organizada, tropezar en unos sabrosos pepinos andaluces...
  
Apostilla, que algo queda – Este es un blog prevalentemente de periodismo. Lo que no excluye que las mismas, o parecidas consideraciones, valgan para toda actividad y toda dignidad y profesionalidad individual.



Alcune cose tanto ovvie, meglio rammentarle. Come quelle che seguono, che in realtà sono frasi lasciate cadere stamani in Twitter e che qui intendo fissare. Affinché io stesso le ricordi e se qualcuno, tra giornalisti e futuri colleghi, vorrà condividerle, ebbene, qui le possa trovare.
Perché tanta ammirazione suddita, tanta devozione supina che giunge a scrivere o dire cose come «Lo pubblica il New York Times; lo afferma con forza l’Economist; se lo dice Le Monde…»?
Sentite: né io né molti altri siamo appena nati a questa professione. Ho convissuto, lavorato, viaggiato gomito a gomito con colleghi di quelli e di altre centinaia di media, grandi, medi e piccoli. E ricordo di averli visti camminare e inciampare. Come me. Li ho pure visti entrare e uscire da un WC. Come me. E infilarsi nella melma fino al collo. Come chiunque.
Sono colleghi, non statue che idealizzano il giornalismo dall’alto di un piedestallo, con tutta la ciurmaglia degli altri giornalisti ai loro piedi. È ora di finirla di vendere così a buon mercato l’autostima. Non importa che esistano media che hanno saputo conquistare un luogo, uno spazio e un’aureola lungo il percorso della loro attività.
In poche parole, vorrei ricordare che nella stampa, per esempio in quella di carta, ci sono molte testate. Ci sono, però, soprattutto teste. Sono quelle che devono essere valutate. Quelle delle persone, di ciascuno dei professionisti. Con la stessa dignità e diritto al rispetto. L’opinione, quella verrà dopo aver visto il frutto del loro lavoro. Per la stessa BBC come per l’ipotetica televisione locale di Vattelapesca di Sopra.
Un esempio fresco in altri campi? Parliamo della precisione svizzera, della «organizzazione e del rigore tedesco».Già, per poi vedere che c’è chi riesce, in modo molto rigoroso e organizzato, a scivolare clamorosamente in alcuni cetrioli andalusi…
  
Postilla – Questo blog è prevalentemente giornalistico. Ciò non esclude che le stesse, o simili considerazioni, valgano per qualsiasi attività e per ogni dignità e professionalità individuale.