Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla de TV. Y el sábado y domingo estoy en "No es un día cualquiera" de Radio Nacional de España, con Pepa Fernández
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

lunes, 31 de octubre de 2011

(115) Ese día como hoy, cuando a mi amiga Sonia le asesinaron la suegra, Indira Gandhi. Y ella heredó las riendas de la India.

Fue un día como hoy, el 31 de octubre de 1984. Indira Gandhi, primera ministra de ese estado continente que es la India, caía asesinada por un sikh de su escolta.
  Fue el comienzo de una sucesión de muertes, todas ellas con apellido Gandhi. Primero Sanjav, el heredero político; luego Rajivaratna (Rajiv para los amigos), el esposo de mi vieja amiga Sonia, hoy jefa del partido del Congreso y heredera política de Indira.
  Recuerdo que ese día me llamó Juan Luis Cebrián, fundador y entonces director de EL PAÍS, y me pidió unas líneas, un esbozo de la figura de Sonia.
  Aquí las rescato, en esta fecha conmemorativa, tal cual las publicó EL PAÍS.
  En ese momento no podía imaginar que más tarde me tocaría volver a escribir dos veces sobre otras muertes violentas apellidadas Gandhi.




PERFIL
  
Sonia Gandhi
 
La esposa del nuevo primer ministro de la India es hija de un albañil italiano


JOSTO MAFFEO - Madrid - 02/11/1984
  
Creo que era el mes de julio de hace 15 años. Estaba sentado con unos amigos en la terraza del bar Pino, de Orbassano (ltalia), ciudad industrial del hinterland turinés, cuando Sonia apareció con un joven alto, camisa blanca, de manga corta, de un moreno entre andaluz y siciliano. "Te presento a un amigo; se llama Rajiv. Bueno, su nombre es algo más complicado, pero le llamamos así". Fue así como conocí al hoy ya primer ministro de la India, Rajivaratna Gandhi, el chico que sorprendió a Orbassano y el Piamonte con una historia de amor alestilo príncipe azul y bella durmiente.

Sonia y yo vivíamos cerca; ella, en el chalé que su padre Stefáno Maino, un inmigrante del Veneto, se había construido en las afueras de la ciudad con el dinero de sus primeros negocios inmobiliarios. Un albañil que las inundaciones del río Po habían enviado al Piamonte a hacer fortuna. Un rojo de los viscerales, tipo Peppone el alcalde adversario de Don Camilo, que quiso llamar a sus hijas con nombres rusos: Anuska, la mayor, Sonia y la pequeña Nadia. Creo que tenía hasta un perro apodado Stalin. Y creo también que abrigaba grandes proyectos, entre un tute y un chatito del bueno que guardaba en la bodega, para sus rebeldes hijas. Sonia, como todas las chicas de casa Maino, empezó los estudios con pocas ganas y escaso éxito. Al final, la vocación de los idiomas, algún que otro empleo esporádico de intérprete en los salones del automóvil y, por último, Cambridge (Reino Unido). Allí conoció a un tímido indio que fue inmediatamente cautivado por aquella rubia simpática y mal hablada, transformada de repente en una belleza reposada. Se lo llevó a Orbassano y lo paseó entre sus amigos y parientes. Nunca dijo claramente que era su novio y que se iban a casar, pero nos miraba a todos con ojos que violaban al secreto de Estado que se traían entre manos.
Rajiv volvió con ella a Cambridge; luego se fueron a Delhi, donde la dama de hierro de: la India, la hoy desaparecida Indira Gandhi, dio su bendición y manifestó el deseo de conocer a sus futuros consuegros. A medida que se iban confirmando nuestros pronósticos y los de todos los amigos, casa Maino se hizo más impenetrable. También Stefano, a pesar de pasearse con la camisa manchada de cal y no perderse la partida de tute en la cafetería de siempre, se volvió hermético. Y un día nos anuncié que iba a salir de viaje por algún tiempo, el primero de su vida al extranjero. Y fue la boda de Las mil y una noches, con suspense incluido: un desvanecimiento de Sonia que fue interpretado como un envenenamiento de palacio y que luego resultó ser un embarazo.
Volvieron los Maino al Piamonte con el sueño de su vida realizado, y más tarde, la misma Indira fue de incógnito a conocer la casa del albañil. Nunca conseguiré saber cómo se entendieron los consuegros, no por las dificultades-idiomáticas, sino por las diferencias abismales de estatura social y de temperamento. Pero la hija del albañil se había convertido en la nuera de la hija del Pandit Nehru y hoy es trágicamente la esposa italiana de un joven premier. Yo la vi en distintas ocasiones después de la boda, hasta que se enfadó por haber contado en una entrevista que se había pintado el signo de la casta en la frente y que hacía yoga tragando pañuelos y sacándolos por la nariz. Quien no había cambiado era él, Rajiv, comandante de Air India, lejano a la política y al final volcado en ella después de la tragedia del hermano, Sanjay.
No veo a Stefano Maino desde hace algún tiempo, pero adivino sus temores por su hija y los nietos. Y adivino también su íntima satisfacción de emigrante expulsado por el mayor río de Italia y que ha conseguido llegar hasta las mismas orillas del Ganges. Seguro que, anteayer bajó a la bodega del chalé. Para llorar y luego brindar: "¡Suerte, Sonia.!"

martes, 25 de octubre de 2011

(114) Periodistas, “periolistos”, colegas de la “canallesca”: hay un Infierno, todo para nosotros

Dicen que somos superficiales, poco serios, sensacionalistas, irresponsables, escorados, sesgados y no sé cuántas cosas más. Un desastre, o casi. Hasta de la crisis económico-financiera que atravesamos, nos hacen responsables.
  Y aquí y ahora, cuando nos aproximamos a una cita con las urnas, cualquier cosa que podamos escribir, narrar o enseñar, todo lo que hacemos es observado con desconfianza y sospecha. ¿Por cuenta de quién? ¿En contra de cuál partido? Eso se preguntan por ahí, mirándonos de reojo, como parte activa de la contienda.
  A lo mejor, sin ser todos y todas culpables de alguno o de todos los males que nos achacan, algo mal tenemos que haber hecho. Y es probable que sigamos haciéndolo, para seguir ganándonos a pulso esa merma de confianza que galopa entre quioscos, pantallas y receptores de radio. Del mundo de Internet, donde el control es menor y la rapidez conlleva mayores riesgos, mejor no hablar.
  Pues sí. Para algunos somos periolistos, otros piensan que somos unos indocumentados que producen paridas, los más desconfiados nos ven al permanente servicio del poder o de un contrapoder. Vamos, que somos la canallesca y que iremos al Infierno, a ese infierno tan exclusivo que ha imaginado un simpático vídeo del diario uruguayo “Últimas Noticias”.
  Vamos a echarle un vistazo y después, colegas, hagamos un sincero y profundo examen de conciencia. Y absténganse los que deshornan la profesión a sabiendas, los hijos de la Gran Bretaña profesionales, los caraduras, los vendidos al mejor postor y los socios eméritos de la “canallesca”. Ya saben, en este mundillo nos conocemos y conocemos vicios y virtudes de cada uno.
  ¡Hala! A visitar el Infierno de los periodistas. Y a sonreír, pero sin muchas alegrías. Porque cuando el río suena...



video

jueves, 20 de octubre de 2011

(113) Ética, moral, fe, católicos, Iglesia: atención y sensibilidad pueden ser de izquierdas.
Pongamos que hablo en Madrid…

Etica, morale, fede, cattolici, Chiesa: attenzione e sensibilità possono essere di sinistra.
Immaginiamo che ne parli a Madrid…

  Es el líder de la izquierda italiana. Lo es también del partido heredero del mayor partido comunista de occidente.
  Tengo que entrevistarle sobre los debates políticos del día, lo que en Italia se está cociendo en las últimas horas. Las diatribas, el antiberlusconismo, la situación económica y política en general, la perspectiva de elecciones.
  Ya antes de comenzar a preguntar, en charlas preliminares, veo que tiene ganas de hablar también de cuestiones éticas y morales, del mundo de la fe, de los católicos, del papel de la Iglesia en la sociedad civil.
  Algo normal, nada del otro mundo. Son argumentos tratados diariamente y que en décadas de profesión he visto y escuchado comentar, analizar y debatir con interés a menudo más en la izquierda (o en las izquierdas) que en otros ámbitos del espectro político. Argumentos que encuentran su espacio en los diarios y revistas de la izquierda con una normalidad que a nadie llama la atención y con atención y respeto. Aun en la disconformidad.
  Él es Pier Luigi Bersani, un laico, secretario general del Partito Democratico, el principal de la izquierda italiana.
  Bueno, ya está. Se acabó la entrevista. Rutina, algo hecho mil veces.
  Pero no. Echo la mirada hacia la calle, y no estamos en Roma, Turín o Nápoles. Pongamos que estamos en Madrid…. ¿Qué le dirían aquí a un “progre” que trata de ética, de moral, escucha la discrepancia, presta atención al mundo de los que creen en una fe, reconoce autoridad moral a la Iglesia y a su magisterio como “sujeto moral” y dice que está abierto a todo diálogo?
  ¿Le dirían que es un carca, un facha, un troglodita, un tío raro y con él la mayoría de la izquierda italiana? ¿Esa que mama del eurocomunismo y de la socialdemocracia, de Gramsci y de Nenni?
  Contesten Uds. mismos. Yo ya hace tiempo constaté que por aquí, con estos carcomidos armarios llenos de fantasmas, el respeto recíproco (que no la tolerancia) se declaró en rebeldía. Y no tiene visos de regresar pronto. Pues eso: “… is different”.

  Aquí tienen la entrevista a Pier Luigi Bersani, una de mil.

[Clic en la imagen para ampliar]

*** Se suele decir que excusatio non petita… Pues nada de eso y, además, me da lo mismo. Quiero puntualizar que no tengo adscripción política ni me siento inclinado hacia un partido u otro. Todos son objetos de mi atención y materia corriente de mi trabajo. Nada más.
  El caso de Pier Luigi Bersani lo cito sencillamente porque en España sería no sólo insólito sino muy criticado un tal exquisito y atento tratamiento de ciertos valores y de determinadas creencias o instituciones por parte de un exponente tan significado del llamado espectro “progresista”. Pues por eso lo cito. Por lo anómalo que sería en la que yo considero anomalía española. La de los enemigos, que no adversarios.

Mi è parso superfluo tradurre questo testo. Per il lettore italiano, avvezzo al confronto, al dibattito e al rispetto delle altrui credenze, potrebbe addirittura essere incomprensibile. Ben altri sono, in Spagna, i comportamenti, il clima sociopolitico e la storia...

viernes, 14 de octubre de 2011

(112) Hay días en los que me doy más asco de lo habitual. Hoy es uno de ellos.
¿Alguien me acompaña?

Ci sono giorni in cui mi faccio più schifo del solito. Oggi è uno di quelli.
C’è qualcuno che mi accompagna?




En el mundo hay casi mil millones de personas
que pasan hambre.
 
Nel mondo c’è quasi un miliardo di persone
che patiscono la fame.
 
Cada día, no menos de diez mil niños mueren de hambre.
 
Ogni giorno, non meno di diecimila bambini muoiono di fame.
 
En el mundo producimos el doble de los alimentos que necesitamos.
 
 Nel mondo produciamo il doppio degli alimenti di cui abbiamo bisogno.
 
En nuestro lado opulento del mundo, el mercado y el consumismo
nos hacen tirar muchos alimentos que para otros seres humanos son inalcanzables.
 
Nel nostro lato opulento del mondo, il mercato e il consumismo
ci fanno sprecare alimenti che per altri esseri umani sono irraggiungibili
 
Uno de los llamados “Objetivos del Milenio” aspira a la reducción, en el año 2015,  
a la mitad del número de personas que pasan hambre en el mundo.
Entre otras cosas, seguimos sin entender por qué sólo la mitad.

Uno dei cosiddetti “Obiettivi del Millennio” aspira alla riduzione, nel 2015,
alla metà del numero di persone che patiscono la fame nel mondo.
Tra le altre cose, continuiamo a non capire perché solo la metà.
 
La Comunidad Internacional dedica al hambre en el mundo el equivalente
a poco más que el precio de dos aviones de combate.
Y es el ejemplo que pongo como ser pacífico, no como pacifista.
 Pero habría cientos, miles de ejemplos de por dónde “pescar” panes y peces.

  La Comunità Internazionale dedica alla fame nel mondo l’equivalente
a poco più del prezzo di due aere da combattimento.
Ed è un esempio che pongo come essere pacifico, non come pacifista.
Ne avrei, però, centinaia, migliaia di esempi su dove “pescare” pani e pesci.

Eliminar rápidamente el hambre del mundo es posible. Tampoco difícil.
Es más que evidente que, si bien individualmente haríamos algo, colectivamente no queremos.
 
Eliminare rapidamente la fame dal mondo è possibile. E tutt’altro che difficile.
È più che evidente che, anche se individualmente faremmo qualcosa, collettivamente non vogliamo.

Proclamo cada día
Día de mi vergüenza y de la vergüenza ajena.
Hasta que todos los hermanos y hermanas de este mundo puedan alimentarse.
 
Proclamo ogni giorno
Giornata della mia e dell’altrui vergogna.
Finché tutti i fratelli e sorelle di questo mondo non potranno alimentarsi.


*** El hambre no tiene ni ideología ni sesgo. Por favor, que nadie le ponga etiquetas.
        La fame no ha né ideologie né inclinazioni. Per favore, che nessuno le appioppi etichette.

lunes, 10 de octubre de 2011

(110) Confianza y credibilidad, aun cuando inmotivadas, son el frágil meollo del patrimonio de un periodista
Fiducia e credibilità, anche quando immotivate, sono il fragile nucleo del patrimonio di un giornalista

A lo mejor no tiene nada que ver con esta profesión, el periodismo, o a lo mejor sí tiene que ver. Porque aquí quiero relatar una anécdota que habla de confianza. Y la confianza es sin duda - con la deontología profesional, la corrección y la honrada subjetividad - uno de las componentes de esa compleja relación que se instaura entre quien informa y opina y quien recibe el mensaje. Sea este lector, oyente de radio o telespectador.
  Se me acerca una persona y me pregunta si tengo diez minutos para ver a un señor que tiene un problema físico y bastante angustia porque teme que sea algo grave. Naturalmente, ante mi extrañeza, pregunto quién es ese señor, por qué se dirige a mí y, sobre todo, si le ha visto un médico.
  Para hacerlo breve: poco después estoy ante un alto cargo con cierta responsabilidad muy sensible, una de esas personas acostumbradas a documentarse, hacer frente a situaciones límite y a tomar decisiones importantes en un pis pas. Ahí mi sorpresa - pues aun conociéndole, apenas superficialmente - se acentúa. Y mucho más cuando me cuenta el motivo por el que quería verme.
  Lo veo inmediatamente. Tiene una tremenda hinchazón en un ojo, un párpado hecho un guisante rojizo con un puntito central ligeramente amarillento. No es difícil intuir que con mucha probabilidad se trata de un gran orzuelo, el característico quiste sebáceo que aparece en los ojos por oclusión de la natural salida de la grasa, con la consiguiente frecuente inflamación. La que en este caso, por volumen y oclusión del párpado, era muy aparatosa.
  Echo un vistazo y, naturalmente, pregunto si le ha visto un médico, un oftalmólogo. Y, ante mi sorpresa, me contesta que acaban de verle y que no se queda satisfecho ni tranquilo con el diagnóstico. Vamos, que quiere que yo, periodista, le observe atentamente y le dé mi parecer. Ante lo cual, y no podía ser de otra manera, insisto en que no soy médico y que tiene que seguir las pautas indicadas por quien acaba de verle y de indicarle lo que tiene que hacer.
  Pues no hay manera... y me doy cuenta. Así que decido seguirle la corriente y no hago otra cosa que repetir, pero con otras palabras y con pequeñas e inofensivas modificaciones, los consejos de su médico. Lo que tendrá que hacer: colocar hisopos o paños con agua caliente, acelerar la maduración, observar cuidados higiénicos y tener algo de paciencia. Sobre todo, observar que el proceso sea progresivo, regular y que no se prolongue mucho en el tiempo. En ese caso, vuelta al médico.
  Tampoco faltaron, ante algunas siniestras dudas del hombre (¿tumor?) unas palabras tranquilizadoras mezcladas con ocurrencias y chistes. Y todo eso tuvo su efecto. El hombre, mi “paciente”, me explicó que me tenía en mucha estima, que confiaba en mí y que había seguido las actividades que desde hace muchos años desarrollo en el desierto a favor de mis amigos nómadas. Sabía, me dijo, que cuando no iba acompañado por oftalmólogos u otros especialistas, yo mismo actuaba dentro de límites razonables. Y ahí tuve que aclararle que se trataba de cuidados rutinarios, sabiendo lo que se hace, o de situaciones en las que se trata de decidir entre dejar a un enfermo a su suerte (y a cientos de kilómetros de cualquier posibilidad, en pleno desierto) o atreverse y meter mano hasta donde se tengan las ideas claras.
   Pues la conversación acabó allí. Con el hombre tranquilizado por mis palabras y con una clara aunque peligrosa sensación: que su confianza en mi persona superaba la confianza que ese señor hubiese tenido que tener hacia su médico. Y no olvido que ese señor me dijo unas cuantas veces que me estimaba como periodista, que le inspiraba credibilidad.
  ¡Vaya papeleta! Afortunadamente, situaciones como la narrada, que es de hace pocas horas, no se repiten con frecuencia. Ahí jugaron un papel la angustia, la preocupación de que se tratara de algo muy grave y la situación anímica de la persona. Pero no olvido el subrayado sobre su confianza en mí.
  Y a renglón seguido, una vez digerido el curioso episodio, estoy obligado a interrogarme. A preguntarme cuántas veces, en nuestra profesión, la credibilidad y la confianza se ganan con dificultad en años de trabajo y se pierden en una fracción de segundo por un solo error. Ya ven, es para pensarlo bien, cada día, antes de sentarse delante de un teclado, ponerse frente a un micrófono o mirar al piloto rojo de una cámara. Por respeto a Ustedes y – discúlpenme el egoísmo – para que yo mismo me pueda respetar.

miércoles, 5 de octubre de 2011

(109) Mujeres humilladas y nosotros con un arma poderosa que no sabemos o no osamos utilizar
Donne umiliate e noi con un’arma potente che non sappiamo o non osiamo utilizzare

«A este no le compraría ni un coche de segunda mano». Más frecuente en el lenguaje político y corriente al otro lado del charco, la expresión solemos utilizarla con referencia a un candidato al cual no estamos dispuestos a entregar ni el voto y mucho menos la confianza.
  Pero es menos frecuente que utilicemos esa consideración cuando nos referimos al mundo del comercio, a la relación productor-cliente, cotidiana y mucho más estrecha de la que mantenemos con los políticos. Mundos diferentes, por supuesto, y con características que sólo mantienen un lejano parecido.
  Por ejemplo, al político podemos otorgarle o retirarle nuestra confianza sólo en contadas y periódicas ocasiones: las de la cita con las urnas, cuando elegimos la fuerza política que más se acerca a nuestra visión de la vida y los candidatos que querríamos ver al timón de la situación. Un arma democrática y poderosa.
  Y, sin embargo, perdemos de vista otro poder, mayor por inmediatez de su eficacia del que tenemos con relación a la política. Me refiero a algo que en algunos países tienen mucho más claro y cuyos ciudadanos, en ese caso consumidores, saben ejercer con claridad de objetivos y una determinación que tendríamos que observar y adoptar.
  Estoy hablando de la retirada de confianza, de apartar una marca de nuestra cesta de la compra, de la abstención a la hora de escoger entre productos similares o equivalentes. Confieso que yo, salvo casos de necesidad, urgencia o ausencia de alternativa, suelo practicar esta modalidad de disenso y dejar, tácita pero tangiblemente, el testimonio de mi «No».
  Evito adquirir productos que se publicitan alrededor de un espacio televisivo o radiofónico que me disgusta o que ataca seria y sistemáticamente mis principios, sobre todo los éticos y morales. Y no digamos cuando la empresa productora viola o colabora en la violación de los más elementales derechos humanos y cívicos. El abanico del disenso es muy amplio.
  Me quedo muy a gusto, aun sabiendo que lo mío es testimonial, cuando compro Herrero en lugar de Hernández (discúlpenme los homónimos, sólo es un ejemplo) porque así castigo una conducta o una línea de actuación con la que no comulgo, no estoy en sintonía o directamente repudio.
  Claro – dirán Ustedes – te quedas a gusto y en paz con tu conciencia, sin embargo es una rebeldía poco eficaz.
  Ese es el punto. Tendríamos que saber imitar, aquí, eso que en otras, pocas, latitudes han sabido aprender y que asusta a las marcas, sobre todo las más grandes, porque se las ataca donde más duele: la imagen y el beneficio.
  ¿A qué viene todo esto?
  Viene como reacción indignada al enterarme de que se está investigando el comportamiento de un grupo empresarial cuyas trabajadoras han sido humilladas. Sólo las trabajadoras, no los trabajadores, para añadir a lo denigrante también lo discriminatorio. A esas mujeres – aquí me salto la presunción de inocencia, porque está más que comprobado – se las obliga a ir al aseo sólo por cinco minutos y colgándose un cartelito rojo que dice eso: “Aseo”.
  No necesito comentar más. Es uno de los muchos casos en los que hay que decir ese «No» con la mayor contundencia posible. Y sabiendo que a ese repudio podemos acompañar un arma poderosa: no comprar a esa empresa. Hacerlo con productos similares de otras marcas, ejerciendo nuestro derecho de consumidores responsables.
  ¿Por qué no comenzamos a partir de hoy? Por ejemplo, con los productos de Agronativa, del grupo agroalimentario “El Ciruelo” de Alhama, Murcia.
  Alguien podrá objetar que eso, si se hiciera de forma masiva, podría tener consecuencias también para los puestos de trabajo de los mismos trabajadores de una empresa o grupo comercial o industrial. El riesgo existe. Pero tengo dos objeciones: la primera, que a lo mejor, si la retirada de confianza es contundente, será suficiente para producir una rectificación a tiempo; la segunda, mucho más importante, es que hay límites de tolerancia insuperables y principios innegociables. Cueste lo que cueste. También en tiempos de crisis.

sábado, 1 de octubre de 2011

(108) Se escucha un silencio atronador. Y muy revelador, si hacía falta. ¿Dónde están los fans incondicionales del Premio Nobel, del pacifista, del humanista que “mata más limpio”?

A lo mejor no es fácil entender esto en España, por haber vivido una Historia diferente en el último amplio medio siglo. Por estar atravesada todavía por cierto radicalismo fundamentalista (las dos Españas, ¿recuerdan?) y por animadversiones que proceden más de la visceralidad ideológica que de la más estricta racionalidad y sereno análisis de las vicisitudes históricas.
  Creo no ser nada sospechoso de antiamericanismo. Conozco muy bien Normandía y cuando paseo entre esas miles de cruces, estrellas de David y otras lápidas, sé perfectamente que, gracias también a esos chicos y chicas que dieron su vida, nací libre, en un contexto democrático, en una república (me hubiese dado igual en una monarquía, con que fuera eficaz y eficiente) y que siempre tendré una deuda de gratitud.

Admiro muchas cosas de los Estados Unidos, considero que es un país amigo y aliado. Pero justo por eso, a un amigo me reservo el derecho de decirle lo que pienso, a la cara. Por ejemplo, que su cultura colectiva (que no unánime) de amor a las armas, a la “venganza de estado” y a la “liquidación” del enemigo encontrará siempre  mi más categórico rechazo.

  Pero no es de esto de lo que quiero disertar y tampoco me voy a entretener mucho en consideraciones sobre este último hecho bien conocido: el “asesinato selectivo”, ordenado por Barack Obama, del yemení naturalizado estadounidense Anwar al Awlaki, individuo cuyas andanzas a favor del terrorismo de Al Qaeda son bien conocidas.
  De lo que quiero hablar – o sencillamente lo que quiero subrayar – es, por un lado, del escandaloso debate sobre la “legalidad” de ese asesinato (recordemos que no se trata de guerra abierta y declarada, tampoco de actuación judicial) y no sobre la inviolabilidad de la vida humana. Por mucho repudio que suscite el tan sólo referirnos a las andanzas de un amigo del terrorismo global. Y, sin embargo, aquí y en Pernambuco se diserta sobre “legalidad” y “legitimidad” del asesinato. De la indisponibilidad de la vida humana, de eso ni palabra. A la salud de la ética, de la moral, de todos los principios que se consideran inamovibles.
  Por otro lado, han desaparecido los fans de Obama, los que le pusieron encima de altísimos pedestales que ahora callan. Un silencio atronador sobre la ética del “Premio Nobel de la Paz” profundamente pacifista, respetuoso de la vida, contrario a las cárceles inhumanas, paladín de todo débil y desamparado, etc. etc.
  Miren Uds. (sí, Ustedes que me dan todos los días la monserga con sus anteojeras ideológicas): por favor, dejen de tocar las narices. Y cómprense un espejo. Siempre que tengan el valor y la capacidad de mirarse y ver todas sus "ṭālibān"contradicciones.


Post Scriptum – No soy un devoto seguidor a rajatabla de la RAE. Pero si alguien tiene alguna duda…