Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla de TV. Y el sábado y domingo estoy en "No es un día cualquiera" de Radio Nacional de España, con Pepa Fernández
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

martes, 23 de octubre de 2018

(269) Dios apoya a los anestesiólogos
Dio appoggia gli anestesiologi


«Se non è vero, è ben trovato», «Si no es verdad, es una buena ocurrencia».
(Atribuido a muchos políticos italianos, entre ellos Andreotti y Fanfani)



Lejos de mí ser irreverente. Todo lo contrario. Pero hay cosas que son bonitas, aunque vistan aparentemente el traje de las ocurrencias, y que uno se resiste mucho a “largarlas” por pudor, hasta que siente la improrrogable necesidad de compartirlas. En eso estamos. 

Pues si Dios, el nuestro y el de otras religiones monoteístas, quiere el bien de sus criaturas, no hay ninguna contradicción en que quiera también que el ser humano utilice los medios razonables a su alcance para que su vida sea lo menos traumática y dolorosa posible. Es esta una premisa necesaria para poder entender el supuesto a partir del cual voy a exponer la afirmación que titula estas líneas: “Dios apoya a los anestesiólogos”. 

Con el amigo Dr. Roberto Ruiz Abascal
La afirmación – juzguen Uds. – surge de una conversación con un querido amigo a la par que magnífico profesional en su especialidad sanitaria. Tuve que pasar por urgencias y sucesivamente por un control especialístico y no dejé al final de ir a ver si el amigo Dr. Roberto Ruiz Abascal @docroberto2001, jefe de anestesiología, estaba en pausa entre una cirugía y la siguiente. Pues sí, y estuvimos como siempre, en el espacio que separa quirófanos de recuperación, conversando de lo divino (¡nunca tan bien dicho!) y de lo humano, aunque mucho de medicina, que es una de mis pasiones

Y en eso surgió que sí, Dios sugirió a la Humanidad, ya en tiempo inmemorial, que a una intervención quirúrgica traumática le antecede la anestesia, que tiene múltiples funciones, entre las principales facilitar la operación, controlar las constantes y eliminar el dolor. Un cocktail de hipnosis, amnesia, analgesia, relajación muscular y supresión de reflejos. Dicho en palabras modernas, todo ese pre-operatorio que desde mediados del siglo XIX cambió los momentos duros de nuestra vida, cuando se ensayó en el ser humano, y que hoy se llama anestesia o anestesiología

"Creación de Eva", fresco de Miguel Ángel, bóveda de la Capilla Sixtina.
Pero antes de Paracelso, de Llull y de Frobenius, de Long y más, hace tiempo que Dios ya había dado la pauta previa a la cirugía.
La Biblia la describe con unas pocas pero muy bien claras palabras: «Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío» (Génesis, 2:21). 

No creo que esa milenaria lectura se preste a ambigüedades. Es tan clara la descripción de proceso, en su exacto orden, que huelgan más explicaciones. Y por eso no añado más. Sólo agradecer que hoy contamos, cuando no hay más remedio que pasar por quirófano, con una gran batería de recursos y con unos grandes profesionales que en los momentos críticos tienen encomendada nada menos que la vigilancia y soporte de nuestras constantes vitales

Pues aunque con el respeto que se debe a la cirugía, vayan confiados. Estamos en buenas manos, por mucho que las estadísticas, inevitablemente como en todo, tengan su parte, mínima, a merced de lo imponderable. 

jueves, 18 de octubre de 2018

(268) "Clampar": un verbo que permite salvar vidas y... también soñar :)
"Clampare": un verbo che consente di salvare vite... ed anche di sognare :)


Confieso que siempre he tenido cierta debilidad por algunas palabras, o palabros, que proceden de adaptaciones desde otras lenguas o que pertenecen al lenguaje casi codificado de determinadas profesiones. En primer lugar, y las utilizo a menudo, hay una serie de expresiones que son propias de los operadores de la sanidad, en especial modo de la cirugía y de la medicina de urgencias y emergencias, en la que desde varias décadas soy un infiltrado bastante activo y con unos cuantos “pinitos” en mi haber. 

Sí, será por viajar a varios países y utilizar otras lenguas, admito que tengo la costumbre de llamar muchos fármacos por su principio activo (en farmacia pido trihidrato de amoxicilina o ácido tranexámico con las misma espontaneidad con la que pido en un bar un café “espresso”); pero la jerga de quirófano o de urgencias la reservo más bien a mis encuentros, cenas, reuniones y más con mis amigos médicos, enfermeros y técnicos sanitarios.

Arteria clampada para interrumpir el flujo y consentir la sutura
Entre estas palabras hoy coloco bajo los focos de su atención el verbo “clampar”. Seguro que si el lector no pertenece al mundo de la sanidad y alrededores difícilmente lo habrá utilizado y es muy probable que desconozca su significado.
Pues clampar es un verbo que cada día, en todo el mundo, en todo momento, está salvando muchas vidas porque consiente intervenciones quirúrgica de otra manera imposibles o, con frecuencia en accidentes de carretera, en desastres, en eventos traumático de variada naturaleza, permite la contención de una severa hemorragia, la estabilización de la víctima y la posibilidad de que llegue con vida al hospital más cercano. 

Pinza quirúrgica de Rochester Oschener para clampar
Clampar no pertenece al idioma de Cervantes. Es un préstamo de la lengua de Shakespeare, procede de la palabra clamp (pinza, abrazadera) y consiste en la compresión de diferentes conductos, generalmente de un vaso sanguíneo (arteria o vena) para interrumpir el flujo y así detener una hemorragia o facilitar una intervención quirúrgica. Se suele clampar con unas pinzas especiales que verán en las ilustraciones y se trata de una maniobra tan rutinaria como indispensable que me atrevo a decir que mientras Ud. lee estas líneas, seguro que se está haciendo en cientos de miles de lugares del mundo: en quirófanos, a bordo de una UVI móvil de emergencias o en el mismo escenario de una tragedia

En situaciones de emergencia se puede clampar un vaso sanguíneo simplemente pinzando con los dedos e interrumpiendo el flujo. No es sencillo, pero factible con experiencia. Un buen ejemplo lo ofrecen los médicos de las plazas de toros cuando intentan detener una hemorragia.

Y es también muy probable que Ud. mismo haya sido “clampado” si en algún momento ha tenido que pasar por quirófano, y no necesariamente por una intervención de alto riesgo. Lo que sí es seguro es que a los pocos minutos de nacer a todos nos han clampado el cordón umbilical. 

Pero, visto que la palabra en cuestión es un préstamo de la cotidianidad de una lengua al lenguaje profesional en otro idioma, consiéntame que mirando al mundo en el que vivimos y todavía más, a muchos aconteceres más cercanos, comparta con Ud. las posibilidades y la eficacia extrajergal que clampar tiene en muchas situaciones que claman por una pausa, un respiro, una solución aunque sea provisional. 

Sí, lo reconozco. Ya estoy despegando desde lo concreto de la medicina, esa que salva vidas, y voy a soñar dejando volar los deseos con improbables maniobras de clampaje (algunos dicen "clampeo"). A lo mejor esto es fruto del hartazgo, del aburrimiento, de esas frecuentes y reiteradas ganas de gritar (¿Se acuerdan de la oscarizada película Network, de Sidney Lumet?): «¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!». 

¿Clampar cuerdas vocales?
Es entonces que sueño con clampar las cuerdas vocales de todos esos cantamañas que intentan adoctrinarnos desde los extremos ideológicos. Con frecuencia soñamos con un mundo en el que quienes tienen grandes responsabilidades hacia la colectividad, de cualquier naturaleza esa sea, tengan bien clampadas las vías que pueden llevar a la toma de decisiones desastrosas. Uno imagina también poder silenciar con un fuerte clampaje a ese ejército de especialistas improvisados según la contingencia: todos bomberos ante un pavoroso incendio, ingenieros de caminos cuando se derrumba un viaducto, controladores de tráfico aéreo si hay un atasco en los cielos, o comadronas ante un difícil parto de quintillizos. Estoy mirando a las tertulias, a las cafeterías y las burradas y bulos que se leen en las redes sociales, y no sólo. 

La lista de los deseos de un buen y eficaz clampaje abarca mucho. Miren: me contentaría con un genérico clampar no tanto a los imbéciles, cuanto las vías de difusión de las imbecilidades. Sólo con eso viviríamos un poco más en la sensatez y en el sosiego. 

Pero me temo que clampar se quedará en el reducto jergal y vital de la sanidad: interrumpir un rato para que la vida pueda seguir su curso. El otro clampaje, el que estaba soñando, lo dejo para la carta a Papá Noel, y mientras tanto seguimos aguantando. 




domingo, 29 de julio de 2018

(267) Una vez más entre nómadas, como en las últimas décadas. Quitando legañas (y algunas cosas más) por el desierto y alrededores

Ancora una volta tra nomadi, come negli ultimi decenni. Togliendo cispe (e qualcosa di più) nel deserto e dintorni.


ABAJO, AL FINAL,
LAS ACTUALIZACIONES,
PROGRESIVAS Y CUANDO ES POSIBLE


 «Sin ese granito de arena, esa duna no sería la misma.
Y ese granito es lo que aportas tú».



ESTA PREMISA YA FUE PUBLICADA, CASI LITERALMENTE. HAY ALGO QUE NO VARÍA


Un alto responsable de la Sanidad de un país africano (bueno, en realidad fueron más de uno y fueron varios episodios) me dijo: «No puedo ponerte negro sobre blanco que estás autorizado a intervenir médicamente en mi país sobre mis conciudadanos, pero nunca haré nada para prohibirte hacer lo que haces, porque sé lo que haces. Además, en algunos de los lugares donde te metes, o lo hace tú porque pasas por allí, o esa persona está abandonada a su suerte y pobre de él si tiene un problema serio de salud».

Hay quienes no lo entienden, lo ven como una pérdida de tiempo, algo como una aventura esporádica o una injerencia entre gentes con las que no pintas nada o te dicen que así no solucionas los problemas del mundo. ¿Y quién lo pretende? Y también haylos y haylas como esa persona que es todo aspavientos, y cree estar camino de la canonización, y que un día, desde la arriesgada posición de su sofá y con bastante desdén (egoísmo y mala uva, para que se entienda) dijo algo sobre «ir a perder el tiempo quitando legañas por allí».

Pues hay de todo un poco, es una historia que lleva ya abarcando unas cuatro décadas de mi vida, con mayor o menor intensidad, y que me ha llenado de satisfacciones. Enormes satisfacciones cuando pienso en decenas y decenas de personas que veían muy mal, o que eran literalmente ciegas, y que hoy ven y viven una vida normal y eso sólo porque se me ocurrió en varias ocasiones montar quirófanos en el desierto y llevarme a unos cuantos amigos cirujanos dispuestos a regalar su tiempo y su experiencia.

Enormes satisfacciones poder contar con amigos y grandes especialistas de la medicina de emergencia, como los equipos del SAMUR – Protección Civil de Madrid y del SUMMA112 de la Comunidad de Madrid. Son quienes, al lado de cirujanos con un cometido específico, y como colaboración oficial o a título personal en su tiempo libre, han bajado conmigo entre los nómadas del desierto o en sus orillas para improvisarse consultores de medicina general y meterse en varias especialidades, según lo que se presentaba entre gentes que nunca habían visto a un médico, ni probablemente volverán a verlo. 

Así, sin ser médico, con cursos y cursillo, y con esa “experiencia de contacto” adquirida gracias a una larga frecuentación de mis amigos médicos, enfermeros y técnicos sanitarios (mucha en Italia, claro, y mucha en España con profesionales de varios servicios de urgencias y emergencias del mundo SEMES), además de meterme de lleno a estudiar casos y situaciones, confieso que – en lugares donde o eso que se presenta lo haces o no lo hace nadie – me he metido, y a veces me he metido arriesgándome. 

Que quede claro: nunca he hecho nada sin tener práctica y una muy razonable y razonada certeza de la ortodoxia de lo que iba haciendoPero si había que paliar los dolores articulares de una anciana que ha cargado fardos y se ha sentado toda su vida trabajando en posturas absurdas, o he tenido que intentar detener una gangrena en una pierna y forrar de antibióticos y al tiempo resecar áreas necrosadas e infectas, pues lo he hecho.
Y si me he encontrado con una dolorosa mastitis, pues he enseñado higiene y a apretar los dientes, mientras que al cabrero o al pastor de cuatro dromedarios con una infección ocular (desde luego, no una micosis) le he limpiado los ojos, le he quitado legañas y le he suministrado tobramicina. Y también podría contar algo de los “chupachups” de fentanilo y de alguna que otra inyección de antihistamínicos, corticoides y más a varias víctimas de las frecuentes y dolorosísimas picaduras de escorpiones.

Un buen abanico de situaciones a lo largo de décadas, como la complicada fractura de la muñeca de una nómada de cinco o seis años que al año siguiente (arriba hay sin dudad Alguien que me asiste) comprobé que se había soldado y mantenía la articulación en toda su complejidad. A propósito de eso: año tras año (y hay también mucha “baraka”, suerte como dicen mis amigos nómadas) he seguido comprobando que todos han superado el percance del que me ocupé estando sólo o sin ser acompañado por médicos. Y todos viven y sin secuelas. Hamdullah الحمد لله. (¡Gracias a Dios!).

Decía que claro que en todo esto hay también algo de aventura y que algunos de los últimos años me relajé un poco, sin meterme de lleno y mirar al objetivo principal: ayudar. Pero esa aventura es sobre todo una aventura humana, entre gentes entre las que he visto nacer, crecer, casarse, tener descendencia, y a muchos ancianos (tristemente, también jóvenes) los he visto morir. La vida misma. Y entre esa gente, más que dar he recibido: toneladas de amistad y relaciones humanas que nunca yo podría compensar, ni con cientos de visitas o alguna aportación sanitaria o de otra naturaleza. Aventura humana, amor por el desierto, el Sahara en sentido geográfico, sin mirar a que país pertenece ese rincón, de donde viene o hacia donde se dirige ese amigo con su familia trashumante y a menudo con un escaso séquito de animales a los que se les ven los huesos.

Pues ahora he bajado otra vez, con más ganas que nunca también porque no sé si me quedan muchas más. Me acompaña un reducido grupo de amigos, todos profesionales de la medicina, sobre todo de la de urgencias y emergencias. He bajado, aunque por un breve período, para alejarme de nuestro mundanal ruido y para reventar un poco con el calor de arenas tórridas y pistas polvorientas o rocas en las que sólo con dejar caer un filete está hecho en diez segundos. Y aquí os dejo algunas imágenes que voy soltando según me mueva, haga encuentros y – eso es fundamental – según consiga la manera de atrapar alguna onda hertziana que me permita conectar y transmitir
Espero poder contagiar a algún lector. 




1) Ya hemos dejado atrás muchos, muchísimos kilómetros, unos miles, y nos vamos acercando a la periferia de la nada, allá donde las dimensiones, la extensiones, las temperatura, los vacíos... todo está sobredimensionado. Vamos, aunque siempre con alguna digresión territorial, al encuentros con viejos y nuevos amigos nómadas para darles un abrazo y compartir tertulia. Pero también para ver como están y, si se puede, echarles un cable en lo que concierne a su salud o a otras necesidades a las que se pueda dar una respuesta. 
Algunos se habrán ido. Otros han venido al mundo desde mi última visita. De todo me pondrán al día, bajo una bóveda celeste estrellada y un silencio único con aroma de té.
2) Esta vez me acompaña Javier. Salmantino, más acostumbrado a dar sustos y a llamar la atención en oficinas financieras que al ordenado desorden de la inmensidad sahariana, no es nuevo en estos lares. Ya estuvo conmigo hace unos años y no ha dudado en repetir. La primera vez se adaptó con cierta rapidez al cambio radical entre nómadas. Y lo que más me sorprendió fue su facilidad en congregar y mantener más o menos quieta a la chiquillada, inventándos juegos con lo primero que tenía a mano, algo no muy sencillo allí donde bien poco hay salvo una gran fantasía y ganas de sudar bajo un sol inaguantable. 
Vamos a ver en estos días como va a retomar el contacto, ya después del anterior "bautismo de erg, reg y hammada" y ya sabiendo como intentar aguantar de la mejor manera estas temperaturas infernales. Y todo lo previsto e imprevisto 

3) Pero antes de todo, una revisión preliminar, ya ritual, a los vehículos. ¿Y dónde? En el pintoresco taller del amigo Alí Nassir y del hermano Said, que sin duda son los mejores y más ingeniosos mecánicos - capaces de improvisar fabricando una pieza de repuesto - que se puedan encontrar en la periferia del desierto. Conocí a su padre, cuando eso era un pequeño oasis y el hombre reparaba, con alicates, alambre e ingenio, las rudimentarias norias de los pozos, Y vi crecer y hacer experiencia, casarse y tener hijos a Alí y Said, que en nuestro mundo serín geniaes directores de una cadena de talleres que los automovilistas se rifararían.
Si contara de cuántos apuros he salido a lo largo de décadas gracias a Al y Said... Ufff... sería interminable.














4) A menudo, en conversaciones en las que se mencionas aspectos de “garbeos” por el desierto, percibo que hay un malentendido bastante difuso. Es el que lleva a pensar a los profanos que “pista” significa un trazado, una suerte de camino bien identificado y con un firme aceptable.
Pues no. O por lo menos, no en la mayoría de las situaciones.
La pista se inventa, se crea, a veces se consolida su uso por un tiempo hasta que el viento, las tormentas de arena y otros fenómenos naturales la hagan desaparecer o hagan imposible seguir ese “trazado no trazado”. 
La pista es por donde se puede pasar de alguna manera en un determinado momento. Como en el fotomontaje, es donde la brocha y la inspiración de ese momento, con el permiso de los múltiples obstáculos, nos deje seguir y llegar a nuestra meta. Ese día. Otro día será otra historia. O no.
5) Pues ya estamos "dentro".  Hemos la compra habitual en los souks de algunos oasis, y hemos comprobado que a bordo tenemos todo en orden (es un decir) porque todo volará por los aires en horas de saltos entre arena, pedregales y explanadas de salitre. Les dire: a bordo, además de un arsenal sanitario, se lleva mucho equipo de emergencia, sobre todo mecánica. Luego ocurre que (tengo bastante baraka, suerte) en contadas ocasiones he tenido percances serios, aunque algún que otro problemón, a lo largo de las décadas, sí se ha presentado. Son las "batallitas" que vienen bien para contarlas en las veladas de invierno.

Y quiero detenerme un momento en algo que los que estamos acostumbrados a estos lares y a la vida entre nómadas ya ni percibimos. Lo diré con una frase: si alguien comiera carnes, fruta, verdura y muchos otros productos alimenticios "conservados" a temperatura ambiente, es decir alrededor de los cincuenta grados, como solemos aquí abajo, en nuestras latitudes acabaríamos muy mal. Pero aquí, salvo casos de estómagos muy delicados, casi nunca pasa lo que tendría que pasar. Otro capítulo es el del agua. Sólo después de décadas acumulando anticuerpos, y sólo en caso de extrema necesidad, se puede recurrir a los preciosos y raros pozos que son vitales para las beduinos. En resumidas cuentas, olvídense del agua de pozo


6) Ya estamos recorriendo desierto y encontrando a familias nómadas con cabras y algún que otro dromedario.
A todos y cada uno un renovado abrazo de amistad y el intercambio de informaciones sobre quien ha nacido y quien se ha ido desde la última visita. Y, naturalmente, preguntas sobre percances y la salud de adultos y niños.
Pero aquí quiero recordar lo que ocurrió con Javier, el mismo que en una foto está jugando con un cabrito, en su primera visita, cuando hace unos años me acompañó en mi ritual peregrinaje sahariano (no es lo mismo que saharaui).
Pues vio pasar un cabrito tan pequeño que si no tienes cuidado lo pisas, jugueteó con él y al rato, ya alejado, escuchó un lamento mortal. Una hora después teníamos en el cuenco común un sabroso couscous con cabrito debajo de una de las más bellas bóvedas estrelladas del mundo. Era el bienvenido que me daba el pobre y anciano amigo BaSalama. Y Javier vive desde entonces una pesadilla.
Pero... c'est la vie...

7) Estos viajes al desierto - ya he tenido ocasión de explicarlo - llevo haciéndolos desde hace unas cuatro décadas con dos finalidades principales. Bueno... dos y media... porque reconozco que siempre tuve una fascinación para el desierto y su mundo de extremos.
Se trata de visitar a muchos nómadas cuya amistad se ha ido forjando y consolidando a lo largo de los años, a menudo a través de dos o tres generaciones, y al mismo tiempo, en algunas ocasiones con grandes y caras operaciones de logística sanitaria y con muchos profesionales de la medicina,  de ofrecer servicios sanitarios con los que estas gentes nunca hubiesen podido soñar. En varias ocasiones, gracias a la colaboración desinteresada de muchos, he conseguido montar increíbles quirófanos en el desierto con resultados más que satisfactorios.
Y cuando viajo, como en esta ocasión, no acompañado por amigos médicos, enfermeros o técnicos sanitarios, intento improvisarme uno de ellos. Ya sé, en nuestro mundo sería un delito o casi, pero para esas consideraciones les reenvío al comienzo de este texto y a lo que muchas veces me han dicho las autoridades de países africanos.
Se trata siempre de obrar en ciencia y conciencia aunque, visto que nadie llegaría aquí hasta el paciente, con un plus de atrevimiento controlado, prudencia y sólidas bases de que lo que estoy haciendo ya lo hice, me entrené y lo repetí más veces.

No voy a entretenerme sobre este aspecto porque ya lo he comentado y se han visto reportajes en TV y prensa.
Pero sí quiero poner el acento sobre el aspecto confianza, esa que se ha forjado a lo largo de décadas y generaciones. Maridos, y las mismas paciente que a lo mejor no se dejaría tocar por un médico varón local, nunca me han puesto impedimento en reconocimientos y terapias a veces muy íntimas y en presencia del conyuge muy tranquilo. Eso sólo es fruto de una larga amistad y de un profundo respeto recíproco.

8) El desierto fascina por el extremismo de casi todas sus expresiones, pero siempre hay que acercarse a él con prudencia, extrema prudencia, el equipo indispensable segun la travesía y las dificultades de los lugares, y naturalmente con el máximo respeto hacia un entorno fascinante pero que lo es todo menos que fácil. Puede ser, y desde luego lo es, muy peligroso para el imprudente inexperto.
Se reconocen pistas, sus insidias según consistencia y temperatura de la arena, cuando se trata de "erg", y se observan desde lejos, con mucha antelación, las posibles insidias del duro "reg" o de la durísima "hammada", gran extensión de pedregal volcánico que destroza todo y afloja desde el primero hasta el ultimo de los tornillos y tuercas del 4x4. 
O se descubre, como hace aqui Javier, el mini manantial, auténtico gota a gota, con una docena de inesperados renacuajos.
Claro, tambien hay muchos encuentros con gente curtida y generosa, los nómadas que desde milenios conviven con un entorno durísimo y que si tienen una gota de agua o una miga de jobs, el buen pan del desierto, la mitad es para ti. 
Gentes fascinantes, recias, fiables. Amigos que si no los traicionas se juegan el pellejo para ti sin pedir nada a cambio. 
Mi amigos, cuyos abrazos son carburante, una suerte de viático para seguir el camino. Y volver, volver, hasta que se pueda.
Los animales, muchos. Desde el bellísimo fenech, el mini zorro del desierto con sus grandes orejas auscultantes y también climatizadoras, hasta el dromedario, el "camion del desierto", pasando por ágiles e huidízas gacelas, los insidiosos escorpiones y algunas que otras especies de serpientes cuyo encuentro, como la "cornuda" que anda debajo de la arena, puede ser mortal en minutos. 
Pero no es motivo para tener miedo. Mucho ojo, eso si.


09) Haz lo que dice, no tanto lo que hace.
Esta vez, con un parcial mea culpa, me reafirmo en esa antigua exhortación, aplicada a unas cuantas funciones ejercidas por los seres humanos.
Lo que voy a relatar es de hace unos días 
y si lo cuento no es para añadir una "batallita"; más bien como aviso para navegantes que se meten en berenjenales con cierto grado de riesgo. 
Hasta aquí la premisa, ahora el relato más conciso posible de lo acontecido.
Una de las reiteradas y tajantes advertencias que me escuchan quienes me acompañan al desierto es "hidratarse, beber mucho y antes de tener sed, pellizcarse para comprobar la hidratación, reponer sales minerales".

Siempre soy el primero en cumplir. Pero... en pocos años he fallado dos veces conmigo mismo. Salí sin asistencia de una hipovolemia en pleno desierto la primera vez, inventándome el "método fontanero" de estrechar vasos no pudiendo inyectar volumen (con cantidades industriales de teína, cafeína y nicotina más hidratación de caballo) y el otro día... recaí si saber realmente cómo.
En pocas palabras, a 55° de temperatura, en pleno desierto, vi las estrellas y perdí el conocimiento ante un Javier y unos amigos cabreros nómadas asustados, sin asistencia ni preparación para reaccionar.
Probable deshidratación con choque hipovolemico y caída brusca de sistólica y diástolica a valores que conmigo tienen poco que ver. Y paralela pero sucesivamente, una solemne infección intestinal dolorosa que por tiempos no pudo ser la causa.

Medio "borracho", deshecho, retomé la experiencia anterior y en contacto (cuando era posible conectar) con los amigos de la sanidad de emergencias, sobre todo el Dr. Alfonso Morán, compañero de anteriores andanzas saharianas, conseguí remontar la crítica situación pero sólo a los tres días.
Cierro aquí, si más detalles, pero reiterando la advertencia: ¡¡¡No tomen a la ligera la deshidratación!!! Puede desencadenar un infierno sistémico que sin reacción inmediata puede tener un éxito fatal

(Las fotografías. Nadie estaba para eso, pero quedan estas imagenes. La primera enseña los valores HT unas horas después del choque, la segunda ve a un amigo nómada fingiéndose médico ante un paciente hecho una piltrafa. Y al final la sábana mojada que usamos en el desierto para producir el "efecto nevera" por evaporación y bajar así la hipertermia) .


10) Material y cuidados sanitarios para todos quienes lo necesiten, desde luego y siempre. Pero tampoco faltan en el equipo y equipaje del viajero juguetes, utensilios, ropa para niños y adultos y otras cosas que pueden ser útiles a gentes, como mis amigos nómadas, que viven en condiciones muy espartanas y con mucho menos de lo esencial.

Hace algunos años se me ocurrió regalar unos sofisticados y funcionales mini generadores de un kilowatio, de sobra suficientes para alimentar varias bombillas led y eventualmente una bomba para sacar agua del pozo y para algo más. Pero dije sofisticados y allí residió el problema. Es muy difícil conseguir que se entre en una dinámica de cuidados contra exceso de calor y polvo, ciclos de enfriamiento y exacta proporción de aceite y gasolina en la mezcla del carburante.
Los generadores duraron un año o poco más cuando en nuestra latitud eso sería el comienzo de su vida útil.

Esta vez nos hemos metido con Javier en chapuzas fotovoltáicas, improvisando instalaciones que si su funcionalidad está demostrada, sin embargo en la estética son dignas del museo de los esperpentos del amigo @jlpouy, jefe de Protección Civil de Blanes.

Pero "fiat lux" y la luz se hizo en el desierto sin recurrir a las habituales velas protegidas del viento dentro de botellas de agua Sidi Alí, o a las mini lámparas solares o de dinamo y manivela que traje el año pasado.

Son todas cosas útiles, estas, pero no piensen que tan indispensables. Claro, se hacen indispensables justo en el momento en que se aportan estas comodidades y se crea el hábito a la superación de un problema hasta alli resuelto, aparentemente en modo simplón, pero no, con los recursos de una milenaria e ingeniosa supervivencia. La que ha llevado a los nómadas a cruzar los siglos en uno de los ambientes más extremos y hostiles, y para mí fascinantes, de esta nuestra Tierra tan maltratada.


11) Ya lo recordé en varias ocasiones, la imagen que se tiene de los desiertos suele ser las del erg, el mar de dunas. Pero no es así, eso se corresponde a alrededor de un tercio del inmenso Sahara que se extiende desde el Mar Rojo al Atĺantico, por decenas de países. 
Las otras partes, las orografías más frecuentes, son el reg, grandes explanadas irregulares de tierra dura, árida y accidentada, y la destrozatodo que es la hammada, inmensos pedregales con cantos de toda forma, tamaño y composición, prevalentemente enfriamiento de magma. 
Claro, hay cadenas de montañas, también hay sebkhas y chotts, lugares donde hace miles o decenas de miles de años hubo lagos salados o mares. Su testimonio son los fósiles y la corrosión que provocan a los bajos de los 4x4. 
Y en el desierto ocurre todo y a veces todo lo contrario. 
Como que de repente, después de una violenta y asfixiante tormenta de arena con torbellinos de decenas o cientos de metros de altura, caiga agua donde y cuando menos se la espera.
Goterones hirvientes y por unos minutos, aunque suficientes para encharcar. Algo que dura bien poco, por la sed milenaria de estas tierras y entornos. Muchas tormentas de arenas pueden durar varios días. He vivido muchas y les garantizo que en muchas ocasiones el agobio, el calor y la dificultad de la respiración, a pesar de envolverse en el chèche o taguelmoust, se pasa mal.


12) Bien, llegados a este punto diré que estos son apuntes sumarios, que reconozco que me jugué el pellejo aunque intenté desdramatizar  porque esa es mi reacción en momentos dramáticos cuando lo productivo es ser fríos lo más parecido a unos témpanos. Y también, que, aunque estando en condiciones físicas cŕiticas, tenía que aliviar susto y preocupación de Javier y de amigos nómadas. 
Ese episodio provocó un parón de un día y medio y un ralentizaje (hacer, pero de otra manera) de dos días más. Por eso estas líneas son algo desordenadas. Desde luego no voy a enseñar algunas imágenes penosas. Me opuse a abandonar, se mantuvo cierta actividad y hubo momentos desde los divertidos a los placenteros pasando por encuentros y reencuentros interesantes.




13 y final) Y ahora, remontando despacio hacia el Norte, aunque hay algo de desfase entre estas líneas y los tiempos reales. Las vicisitudes de los últimos días y la farragosidad de las comunicaciones no me han permitido más de lo que hay.  
Aquí dejo, sin ordenar y sólo como pequeña muestra, unas cuantas imágenes. 


Una "paciente" para la que cuando llegué sólo pude constatar que no se podía hacer nada...











Gatos a mi alrededor porque son de los míos... y perros que se mantienen lejos...











Se come con ganas lo que hay, prevalentemente sano y espartano. Y casi siempre sabroso.


Nada más salir el sol, muy temprano, a por la poca madera que se pueda encontrar. Y la preparación diaria del jobs, el buen pan de desierto.









Cuatro gallinas, un burro y unas cabritas que buscan reparo del sol abrasador debajo del 4x4.


Tres personajes típicos del desierto. Bueno... uno es algo salmantino.





Aprendiendo lo que vale un peine... hecho con serrucho y huesos de buey o dromedario.




Encuentros casi paramilitares. La sargento mayor mayor y plus... 

Paredes y tejados que parecen tocarse y que sin embargo mantienen las distancias.


















El simpático músico nonagenario que no sabe dejar pasar un minuto sin una broma.


Primeros auxilios a un niño atropellado, porque ocurrió delante de nosotros.


La comodidad de que por caminos secundarios te avisen "desde dentro" de cuando es seguro adelantar...



¿El santo del día? Pues San... Dwich...
¡Felicidades!



... y mucho, mucho más. Pero estoy muy cansado y aquí paramos.
¡Hasta la próxima!






Estas han sido algunas notas
muy muy esenciales,
de un largo y accidentado recorrido
rebotado vía Twitter
@JostoMaffeo