Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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martes, 11 de junio de 2019

(270) ¿RCP vía DRON? No esperes al mañana
RCP via DRONE? Non aspettare il domani


La RCP (Reanimación CardioPulmonar) con la ayuda inmediata de un dron que transporte un desfibrilador DESA no es cosa de hoy. 

Algunos experimentos, limitados a un ámbito territorialmente cercano y profesional, ya se se están realizando. Pero es más que evidente que la generalización de todo eso no es previsible hoy por hoy. 

En presencia de un paro cardiaco (CPR), al ciudadano sólo queda una respuesta: llamar inmediatamente al 112 para que lleguen cuanto antes los servicios médicos de urgencias y emergencias. 

Pero el mismo ciudadano puede hacer mucho más para estar preparado y poder, cuando menos se lo espera, contribuir a salvar una vida: aprender el comportamiento PAS (Proteger, Avisar, Socorrer) y las técnicas de RCP, esas maniobras de Reanimación CardioPulmonar que deben comenzar inmediatamente. 

Luego vendrá el relevo de los profesionales del 112





jueves, 8 de junio de 2017

(262) El miedo es libre, pero se puede dominar sin dejar que se transforme en pánico. Cultura #PAS

La paura è libera, ma può essere dominata senza lasciare che si trasformi in panico. Cultura #PAS


«El pánico es una deserción repentina de nosotros mismos.
Es ir hacia el enemigo que está en nuestra imaginación
».

Christian Nestell Bovee




El miedo es libre”. Cuántas veces lo hemos escuchado o leído... Pero ¿libre? Pues lo será si queremos y si ponemos los medios racionales para ejercer esa libertad de tenerlo o no, de dejar que nos domine o de que lo dominemos. Esto es lo que pienso. Me estoy refiriendo, aquí y ahora, al miedo por causa no identificada, a esa sensación que muchos, demasiados, y sobre todo en un ámbito contagiosamente colectivo, traducen en pánico.

Lo hemos visto en los últimos días en mi ciudad, en Torino. Ante un ruido, ni siquiera confirmado aunque se habló de un petardo, se desencadenó una estampida alocada de miles de personas que acabó con casi un millar de heridos, algunos graves. Enésimo episodio para acordarse, aunque en este caso con daños físicos y psicológicos, del shakespeariano  “Much ado about nothing”.

Pero acontecimientos como el pánico desatado sin motivo en la Piazza San Carlo de Torino no son una novedad. El pánico de masas, con sus a menudo trágicas como inmotivadas consecuencias, pertenece a la historia y crónica del ser humano y en nuestros tiempos se presenta con siempre mayor frecuencia.  En su base, en su detonante, casi siempre hay una fuerte componente de miedo irracional hacia algo o alguien que a menudo ni siquiera se identifica. Basta con un ruido, un rumor, una información no controlada, un bulo, un percance que de por sí sería fácilmente dominable y reconducible. Bien lo saben bomberos y servicios de emergencias: muy a menudo la mayoría de las víctimas en incendios o accidentes en grande aglomeraciones se deben más al aplastamiento por estampida masiva debida al pánico que al fuego o a un accidente muy delimitado.

No les voy a llevar a la mitológica Arcadia para rescatar al semidiós pastoril Pan, de quien procede el nombre de esta irracional reacción humana. Sólo quiero, con el pretexto de recientes acontecimientos, pero en términos más generales, suscitar una reflexión sobre la peligrosidad de dejar suelta esa reacción que se suele definir como miedo incontrolable, sensación de fuerte ansiedad y pavor que alguien percibe frente a un peligro inesperado, real o ficticio que eso sea. Una reacción contagiosa en pocos instantes y que produce un estado de confusión ideomotoria caracterizada por comportamientos irracionales, como escoger la respuesta más peligrosa entre todas las posibles para salir del real o ficticio apuro.

Aunque muy a menudo infundado en sus causas, el pánico es real y muy real para quien es presa de él. La psicología y la psiquiatría bien lo saben porque llevan mucho tiempo ocupándose de esa sensación, que es más bien un cúmulo de sensaciones, y lo tienen bien identificado y catalogado. 

El DSM, manual de diagnóstico de la American Psychiatric Association, tiene una definición tasada para el DAP, Disturbio de Ataque de Pánico. Es «un período preciso de intenso miedo o incomodidad, en el que cuatro (o más) de los siguientes síntomas se presentan bruscamente y alcanzan un pico en unos 10 minutos:
1. palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardiaca;
2. sudoración; 
3. temblores o sacudidas; 
4. sensación de ahogo o falta de aliento; 
5. sensación de atragantarse; 
6. opresión o malestar torácico; 
7. náuseas o molestias abdominales; 
8. inestabilidad, mareo o desmayo; 
9. “desrealización” (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo); 
10. miedo a perder el control o a volverse loco; 
11. miedo a morir; 
12. parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo); 
13. escalofríos o sofocaciones
».


Pues hemos identificado al enemigo. Y ahora es menester decir que casi siempre hay tiempo, aunque se mida en segundos o menos, para ese mínimo de “detención en frío” (aunque en realidad sea en caliente) y con un fulmíneo vistazo alrededor, sazonado por algo de racionalidad, se decida si realmente estamos en situación de peligro, si la decisión y la dirección que tomamos – si hay que tomarla – es la mejor de las posibles o la menos peligrosa. O si, con ese mínimo de “racionalidad en caliente”, conseguimos darnos cuenta de que a nuestro alrededor se está produciendo ese éxodo incontrolado y devastador que responde al conocido “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”.

¿Que es fácil decirlo pero a la hora de la verdad...? Lo sé. No es fácil ni todos viven la misma situación de la misma manera. Cultura, vivencias, temperamento, psicología, fortaleza, impresionabilidad..., muchos factores influyen en los comportamientos humanos. Pero, desde la experiencia de quien sí conoce el miedo (el miedo motivado, real), ha vivido desde dentro desastres, tragedias, conflictos y para no privarse de nada también le han disparado, déjenme decir que sí se puede en la mayoría de las situaciones

Claro, se necesita una reflexión previa, y hay que hacerla cuando no hay ningún motivo para el pánico, como bien saben, por ejemplo, los servicios profesionales y voluntarios de las protecciones civiles y de emergencias.

Pues es necesario detenerse mucho más en las dramáticas consecuencias de decisiones instintivas en una situación de pavor sin conocer la causa de ese pavor. Es menester leer, hacer acopio de mucha información de los errores ajenos – por desgracia muy frecuentes – cuando grupos y o enormes masas humanas se autocontagian huyendo sin rumbo, con el santo y seña del “sálvese quien pueda” llevándose por delante a quienes se interpongan en el atropellado camino, y todos probablemente rumbo hacia el desastre.

Esta es la reflexión personal de un ciudadano con alguna que otra experiencia y que quiere compartirla con otros ciudadanos. Otra reflexión, una de las batallas de mi vida con muchos, muchísimos amigos del mundo de las emergencias, es llevar la cultura de la respuesta a lo imprevisto entre la gente
, también en la emergencia sanitaria. Y – déjenme soñar – quisiera ver el día en que en las escuelas, desde edades muy tempranas, se enseñe la Cultura PAS, es decir a responder racionalmente al peligro y eficazmente, por ejemplo con primeros auxilios o una RCP.

Yo no sé. Pero a Ud., lector, le deseo que lo vea




A propósito de la "Cultura PAS" ...


La “Cultura PAS (Protege, Avisa, Socorre)” es la capacidad de dar una respuesta, mínima o más avanzada, ante un evento imprevisto y urgente en el que a menudo la vida de alguien está en peligro. Hablamos de accidentes de carretera como de un ictus, de un infarto, de un atragantamiento o de un trauma. Pero el abanico es más amplio. 

Conocer lo esencial, lo correcto y lo urgente que hay que hacer como “Primer respondiente”, si somos testigos de un evento que necesite asistencia urgente, puede constituir la diferencia entre la vida y la muerte


Quien me conoce sabe que llevo años, por vocación y voluntarismo, en ese mundo de las urgencias y emergencias. Y no me canso de sugerir que se dedique parte de nuestro tiempo a aprender cómo reaccionar con eficacia hasta la llegada de los servicios profesionales. 


Entrar en la “Cultura PAS” no sólo es solidario y un potente multiplicador de la red de seguridad de la sociedad (hoy para ti y mañana puede que alguien para mí...).
Cultura PAS es también saber lo que no hay que hacer. Por ejemplo, no dejarse dominar por el pánico. 


Todos tenemos cerca un servicio de Urgencias o Emergencias, una sede de Protección Civil que podrá indicar como participar en un cursillo gratuito. En todo el territorio español. Desde el SUMMA112 y el SAMUR-PC de Madrid hasta el SEM de Cataluña, pasando por el SAMER-PC de Las Rozas o la Cruz Roja - Gurutze Gorria en el País Vasco. 

Busquen en Google. Encontrarán el servicio y el cursillo más cercano. Entrarán así en un mundo más seguro y con menos temores de los habituales.



sábado, 1 de marzo de 2014

(206) Anne Resusci, o Resusci Anne. La bella desconocida que muriendo en el Sena vive dando vida
Anne Resusci, o Resusci Anne. La bella sconosciuta che morendo nella Senna vive dando vita


Hoy en día se la conoce como Anne Resusci – o mejor dicho, Resusci Anne – pero lo cierto es que nunca supimos su nombre, de donde procedía, donde y como vivió y, mucho menos, cuales fueron las circunstancias de su muerte. Lo único cierto es que un día del año 1880 – tampoco conocemos la fecha exacta – a la morgue de la parisina Île de la Cité llegó un cuerpo, el de una mujer que flotaba, sin vida, en las aguas del Sena.

La máscara mortuoria
El médico forense de turno concluyó rutinariamente que la desconocida había muerto ahogada y, no sabemos con cual fundamento, certificó que se trataba de un suicidio. Pero uno de los empleados del tanatorio prestó algo más de atención, quedó intrigado por el rostro bello y enigmático de la desconocida y decidió plasmar su expresión en un molde, una máscara mortuoria sin la cual hoy no estaríamos hablando de la mujer y de su muerte sin aclarar.

Y ocurrió lo inesperado, algo que hoy con nuestro rápidos y masivos
medios de comunicación global comprendemos fácilmente. La noticia de esa muerte sin nombre ni explicaciones, sin más datos que el relato de la recuperación de un cadáver de las aguas parisinas, acabó en los periódicos. Y ese drama en el anonimato fascinó e intrigó a los parisinos, y no sólo a ellos. Hubo días en los que cientos, a veces hasta miles de personas, desfilaron por la morgue para ver a la "desconocida del Sena” expuesta en una mesa de mármol blanco ligeramente inclinada y protegida por un simple vidrio. En realidad, salvo el gran número de visitantes, se trataba de un ritual macabro pero necesario para intentar identificar a los muertos anónimos que habían acabado sus días en las calles o en las aguas del río.

Pero la desconocida que nos ocupa tenía todos los ingredientes para alimentar la fantasía popular, ya predispuesta por los medios de comunicación y reforzada por la máscara mortuoria de ese rostro bello, sonriente y enigmático.

De París a Francia, de Francia a media Europa. La difusión de ese hallazgo, aderezado por supuestos datos y mucha fantasía, se debe a una serie de artistas que se inspiraron en la joven muerta y, sobre todo, a la pluma del escritor Rainer Maria Rilke, que en 1902 escribió: «En la puerta de la tienda frente a la cual paso todos los días había dos máscaras colgadas... las de un rostro hermoso y sonriente... una sonrisa temblorosa». Fue sólo el comienzo. Luego vinieron Louis Aragon, Vladimir Nabokov y muchos otros, como Jules Supervielle, que, ya estamos en 1931, escribió una historia muy novelada titulada “La desconocida del Sena”, o Richard Le Gallienne con su “El adorador de la imagen”. Y todos tenían una teoría sobre la identidad de la desconocida que iba desde la campesina a la encargada de una tienda, pasando por una vagabunda a una chica bien que fue echada de su casa.

Del dramático y casi rutinario hallazgo, en una ciudad como París, a la leyenda, el paso fue breve. Pero en este caso la leyenda se hizo realidad y felizmente un evento de muerte dio paso a salvar vidas. Muchas, muchísimas, seguro que unas cuantas en el breve espacio de tiempo en el que Ud. lee esta frase.

El doctor Peter Safar (1924-2003)
En 1958, un médico austriaco emigrado a los EEUU, Peter Safar, con la colaboración del colega James Elam, desarrolló una novedosa técnica para recuperar a pacientes víctimas de una parada cardiaca. Safar unió en un sólo protocolo el masaje torácico con la respiración boca a boca. Así surgió la metodología de la que hoy conocemos como RCP (Reanimación Cardio Pulmonar, CPR en inglés).

Millones de personas, desde entonces, sólo pueden dar las gracias a los servicios de emergencia, a los médicos de urgencia y de las UVI, a los ciudadanos que ha realizados específicos cursos y a todos quienes han sabido responder a una parada cardiaca con eficacia tempestividad (y suerte) a la espera de la llegada de un desfibrilador.

Maniquí Resusci-Anne para prácticas RCP
Claro, también a la desconocida del Sena. Porque el doctor Safar tomó contacto, durante la elaboración del método, con el noruego Asmund Laerdal, fabricante de juguetes y muñecas, y le encargó un maniquí, un “mezzo busto”, para que quienes tuviesen que aprender la RCP pudieran hacer prácticas. La muñeca, por una precisa elección de Laerdal «porque tiene talla humana y rostro muy realista», tuvo el semblante de la joven rescatada de las aguas y se le dio un nombre que a partir de un episodio de muerte llegó a ser sinónimo de vida.

Nació Resusci-Anne, hoy muy popular y presente en todos los centros médicos de enseñanza y prácticas, la gran amiga de servicios de emergencia como el de mis amigos del SAMUR-PC, que utilizan a Anne para que la capacidad de respuesta ante un paro cardiaco esté también en manos de colectivos como policía y bomberos y, progresivamente, se extienda entre los ciudadanos.

Aquí estoy refrescando técnicas de RCP y desfibrilación  con
el Dr. Alfonso Morán y la enfermera Almudena Concejero,
en la central madrileña del SAMUR-PC
 
Resusci-Anne, con ese mismo rostro o muy parecido, es hoy conocida en todo el mundo y ya se está haciendo cada día más popular en muchas escuelas españolas, donde son siempre más frecuentes los cursillos de primeros auxilios. Y las crónicas relatan como  ciudadanos, no sólo especialistas, pueden ofrecer el primer soporte vital en momentos dramáticos. 
  La ambición es la de llegar al aprendizaje de las maniobras vitales por parte de un número siempre creciente de ciudadanos, entre los cuales ya son muchos los que a la desconocida del Sena deben, de alguna manera, su propia vida.
 
 
 
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Curso de RCP y primeros auxilios con colegas del programa de Radio Nacional de España
"No es un día cualquiera", en la sede central del SAMUR - Protección Civil de Madrid.
(Clic en la foto para ampliar)























Creo firmemente en la responsabilidad social e individual ante cualquier cosa que pueda ocurrir en nuestro entorno. Y en esa responsabilidad incluyo la capacidad de dar una respuesta rápida y eficaz, un gesto de altruismo, cuando alguien nos necesite y los minutos, los segundos, puedan ser vitales. A menudo son la distancia entre la vida y la muerte.

Por eso, no pierdo ocasión de divulgar esta filosofía y de sensibilizar a mi entorno sobre la necesidad de que el mayor número posible de ciudadanos pueda y sepa actuar ante una emergencia médica, sobre todo ante las que ponen en riesgo la vida de quien ha padecido el percance.

Aprender a responder, a ser el “primer respondiente” ante una emergencia, por ejemplo con maniobras de RCP (Reanimación CardioPulmonar), es accesible a todos. Tendría que enseñarse en muchos colectivos, comenzando por las escuelas. A falta de un marco general, algo ya se está haciendo en muchos lugares. Notable es el trabajo del SAMUR - Protección Civil del Ayuntamiento de Madrid con sus cursos a grupos profesionales de primera línea, como policía o bomberos, y en las escuelas y colectivos sociales a escala más básica.

Hoy he llevado a algunos miembros del equipo de “No es un día cualquiera” de Radio Nacional de España para que se metiera de cabeza en esta filosofía. Para que, además de “escuchantes”, tengamos “primeros respondientes” ante un susto.

Quiero dar las gracias a los amigos del SAMUR-PC, a su Jefe de Protección Civil, el doctor Fernando Prados Roa, al doctor Alfonso Morán Martínez, al tan eficaz en su didáctica José Luis Tavira y a Fernando López Pereira. Y a todas y todos los que siempre están en alerta para sacarnos de apuros, a menudo apuros vitales.