Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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miércoles, 26 de julio de 2017

(264) De la ignorancia supina a la osadía indocumentada. Es decir, de lo cotidiano

Dell’ignoranza supina alla faccia tosta impreparata. Vale a dire, del quotidiano


«El gran peligro social es la ignorancia».
Victor Hugo 
(Discurso en la Asamblea Nacional de Francia,11 noviembre 1848) 

A lo mejor es porque no amo dormir mucho y porque la ignorancia suele ser muy a menudo supina, que es la posición más común de quien se abandona en los brazos de Morfeo. Será por eso que no entiendo la ignorancia o la desinformación culpable y difusa, que frecuentemente roza los 360 grados. Esa misma que se apellida "supina" justamente porque procede de una “negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse”, como señala la blasonada Academia que reside en las cercanías del madrileño Casón del Buen Retiro, y es una definición que sin duda Alex Grijelmo subrayaría con reprensión y sorna burgalesa.

Bromeaba, hace pocos días, con Marian, la divulgadora @boticariagarcia cuando le sugería lo que podría pasar – pongamos en un avión, en un aeropuerto, o cerca de un edificio estratégico de los Estado Unidos – si dos médicos disertaran en voz alta sobre los efectos secundarios del inhibidor de la bomba de protones. Es muy probable – y las crónicas me asisten con relatos de peligrosas reacciones por frases más inocentes  – que el agente de policía más cercano intimaría el “¡alto!” y en algunos casos aparecerían esposas y armas encañonando directamente a los pobres incautos.

¡Tranquilos! Tampoco exijo que todos tengan que saber que se llama inhibidor de la bomba de protones  – nombrecito beligerante, radioactivo y nuclear  – algo que a lo mejor la mayoría tiene en el botiquín de casa (miren, buceen, descubran...). Pero es recomendable, y esa siempre ha sido mi filosofía vital que entre otras consecuencias me ha hecho periodista, tener una sana, permanente y activa curiosidad que no permita decir alegremente “de eso me importa un rábano” o “paso porque no es de mi negociado”.

Yo no lo he visto nunca así y por eso, sin presumir de ser un pozo de erudición, me es difícil encontrarme en la tesitura del total “mutis por el foro” porque leo, estudio e intento profundizar continuamente, aunque ese sector, ese argumento (sean el mundo de los cosméticos, las sinergias entre fármacos, el lenguaje informático Cobol o la receta de los “spaghetti alla puttanesca”) teóricamente me la traen al pairo. Que es, esta última, por cierto, expresión marinera trasladada al lenguaje coloquial.

¿A dónde quiero llegar? En realidad, no muy lejos. Sobre todo, a dos constataciones que, a menudo sin que los mismos interesados – gran parte o parte importante de la sociedad – perciben activamente y si las perciben pasan olímpicamente.


La primera, ya la insinué, es esa difusa pereza aderezada de desinterés por todo lo que “no me concierne” y que lleva a una cultura general muy limitada, hija de la ausencia de sana curiosidad y nieta de una educación que muy poco ha hecho para inculcar la necesidad de empaparse o por lo menos mojarse con el más amplio abanico posible de nociones razonadas.

Y la segunda constatación – aquí campan a sus anchas ignorancia, desinformación, presunción y osadía – es que “saber algo” no es ni de lejos sinónimo de ser experto. Y sin embargo – las redes sociales y las tertulias suelen escandalizarme cada día más – me veo rodeado de cientos, miles, decenas de miles de “expertos” que disertan, enfática y a menudo agresivamente, desde el campo de la gastronomía medieval a la bioética, pasando por el cálculo del hormigón y los procedimientos de la medicina forense. 

¿Descarrila un tren? Aparecen ejércitos de maquinistas, guardagujas e ingenieros ferroviarios. ¿Se debate sobre licitud y legalidad? Pues los constitucionalistas, civilistas y penalistas de toda la vida disertan y disertan sin pies ni cabeza. Y si alguien (la última vez hace pocos días) pone dramáticamente fin de forma abrupta a su propia existencia, pues los miembros de la manada de sesudos forenses, licenciados en sofá y seriales de CSI, salen como las setas después de una larga  lluvia fina entre pinares. 
Retomando por donde comencé,  no entiendo la ignorancia y la desinformación activa (la culpable por desinterés y pereza, no por otras circunstancias de la vida de cada uno) pero déjenme decir que atrevimiento y osadía manifiestamente indocumentadas – y me dirijo a la sociedad en general, pero con particular acento en mi profesión –  no rescatan de una culpabilidad ganada a pulso en años y décadas. Lo único que producen es la caída en el bochorno y en el ridículo más sonrojante. Además, según el efecto difusor del púlpito utilizado, crean en muchos más sensación de verosimilitud, desinformación, confusión y más sesgo del que ya tristemente padecemos.
Pues no pasen nada por alto. Hagan un esfuerzo y, da igual el argumento o el sector, ¡detenganse! En cualquier momento se lo garantizo agradecerán esa decisión.  

lunes, 18 de abril de 2016

(251) Conspiranoicos y crédulos entre el reconcomio y la zalagarda
Cospiranoici e creduli tra la diffidenza e il raggiro


Aunque uno no haya nacido ayer ni le hayan faltado innumerables ocasiones para estar en primera fila, o en una atalaya privilegiada, observando aconteceres humanos de todo tipo, la capacidad de asombro merma pero no desaparece completamente. Sí, claro, con el tiempo y con lo vivido, y según la intensidad con la que se ha vivido, ya no es tan fácil caerse del guindo o quedarse extasiado, horrorizado, estupefacto, anonadado y más. Pero algo de la humana capacidad de sorprenderse sigue todavía por ahí y asoma la cabeza cuando menos te lo esperas.

Me preguntaba si sería capaz de enumerar, en un ranking, todo lo que hoy sigue asombrándome. No por una cuestión de cantidad (tampoco son muchísimas cosas) ni por singularidad, extravagancia u otras características. Más bien encuentro la dificultad en la colocación en la escala de frecuencia, magnitud y originalidad de lo que provoca estupor.

Pero puesto a elegir, y visto que estoy en estos lares de las redes llamadas sociales, que son un canal muy peculiar de comunicación, quiero detenerme en dos aspectos que con frecuencia me hacen reflexionar, y mucho. Un ejercicio que, confieso, no me deja salir de cierto constante asombro ni me permite dar respuestas y explicaciones definitivas.

Estoy pensando en la simultánea capacidad de crecimiento de la llamada “conspiranoia” y del incremento exponencial – y por muchos aspectos manifiestamente contradictorio – del ensanche de las tragaderas del vulgo ante bulos, embustes, simulaciones, engaños, estafas, maniobras de distracción y todo el inagotable abanico de formas en las que se puede presentar una estafa, ideológica o material que sea.

Observen a su alrededor. Somos capaces de dudar de que el hombre pisó la Luna, y nos creemos absurdas películas negacionistas y, al mismo tiempo, caemos en las trampas de políticos, de periodistas, del manager o del conocido de turno dotado de un mínimo talento en el arte de la actuación y del embuste. Negamos peligrosamente cualquier beneficio a toda clase de vacunas, porque “sólo van en provecho de las multinacionales”, y a renglón seguido somos capaces de creernos toda la bondad que parece emanar de alguien que, desde un improvisado púlpito o atril, enseña sin pudor un retrato angelical de sí mismo que poco tiene que ver con la realidad.

Pues, por mucho que la psicología, la psiquiatría y la naturaleza humana intenten explicar esta dualidad contradictoria – nada novedosa, aunque estos tiempos y estos medios instantáneos de comunicación amplifican y multiplican las actuaciones y sus efectos – pues confieso que me quedo algo anonadado. Y no hay día, no hay hora sin que asista a la evolución de la euforia o del babeo de unos y otros: los que no creen en nada y le buscan siempre demasiados pies al felino, y los que con escuchar o leer autorretratos de lo buenos que son algunos, tardan un pispas en elevarlos a los altares o al podio del star system de las excelencias.

Ante estos extremos, he optado por la prudencia, mucha prudencia. Que no es otra actitud que la de asistir al espectáculo desde cierta distancia y contabilizar el número creciente de los que lo niegan casi todo hasta darse de bruces y, más numerosos, de quienes tardan demasiado en dejar de reírle la gracia y aplaudir al farsante de turno. Y este último, dicho sea de paso, a menudo es el primero en creerse su propia actuación. Aunque la cara de idiota, cuando y si despiertan, al final la van a tener sólo los espectadores.  
Pues mientras el reconcomio y el mosqueo mantienen su nutrida audiencia, la zalagarda campa por sus anchas y prolífera “in crescendo”, haciendo estragos entre los incautos que conceden su confianza sin la debida prudencia y una barrera defensiva de razonable escepticismo. Muy pocos son los elegidos que consiguen en algún momento abrir los ojos y retomar la perspectiva.

“Es lo que hay”, decían. “Porque Ud. lo quiere”, contestaban.

Pues para tomar conciencia, intentar equilibrar los dos fenómenos y reducir algo los daños, se me ocurre proponer la proclamación del “Día de los aceptablemente crédulos” y de la no menos oportuna “Jornada de los prudentemente escépticos”.



domingo, 20 de diciembre de 2015

(245) Odio y venganza.
No y no. Setenta veces siete ¡NO!

Odio e vendetta.
No e no. Settanta volte sette NO!


«Mía será la venganza y la retribución...»
(Dt 32, 35)




«Les aseguro que tendrán Ustedes su venganza». La última vez que lo escuché (¿o lo leí?) fue anteayer y lo aseguraba un joven fiscal estadounidense a los padres hundidos de la joven víctima de un asesinato. Estamos más que acostumbrados a escuchar promesas así, sobre todo en ciertas culturas, como también lo estamos en el lenguaje coloquial y, más aún, en los momentos más agudos en los que contemplamos el horror, la bestialidad, la crueldad, lo peor que el ser humano es capaz de propinar a sus semejantes.

Tampoco escapa, esa gana de venganza, en lo más cotidiano, en los agravios de los que unos y otros creen o que tienen más que comprobado de que han sido víctimas. Y no pocos, recalentados anímicamente por ese afán de “arreglar cuentas”, enfilan el atajo y, dominados por esa sed de venganza, se lanzan a la búsqueda de la satisfacción de sus rabias más profundas en el intento de hacer el mayor daño posible al causante de sus males.

La venganza, con este nombre, siempre ha estado presente entre los seres humanos, a lo largo de su existencia en este planeta Tierra. Ha provocado riñas, ha sembrado el caos en muchos lugares, ha desencadenado y alimentado guerras entre las más sangrientas y sigue siendo el objetivo perseguido por individuos, bandas, grupos, movimientos y un sinfín de colectivos que desde luego no están contribuyendo al sosiego y a la paz en este atribulado mundo.

Hasta en los textos sagrados de muchas religiones se habla de venganza. La hay en el Corán como en el Antiguo Testamento. No están exentos de ese anhelo castigador, hasta sus más tremendas consecuencias, asociaciones esparcidas por el mundo; en el deporte se habla de vengar la ofensa para restablecer el honor y en las redes sociales de este mundo interconectado en tiempo real, para qué les voy a contar...

Estoy más que seguro de no ser el único, y espero estar en una más que nutrida, multitudinaria compañía, pero tengo claro que no sé ni nunca supe probar el deseo de “vengarme”. Ni de niño, de adolescente o de adulto supuestamente maduro. Ese deseo, y lo mismo me pasa con el sentimiento del odio, me es completamente ajeno. Me proclamo, sin temor a aparecer inmodesto, un auténtico marciano ante esos impulsos primitivos, instintivos e irreflexivos del ser humano.

Doy gracias a mis padres por los cimientos, ese forjado de hormigón moral sobre el que fundamentaron los valores esencial de mi formación, que con los naturales vaivenes de la personalidad y de los aconteceres de la vida, aquí están y perduran en lo esencial. Mi padre falleció hace pocos años, a los 94, y ella sigue, lúcida, con sus lógicos achaques pero sonriendo a la vida y buscando todo lo positivo con 91 primaveras en sus hombros.

Pues podría contar mucho, muchos episodios. Porque la mejor educación es el ejemplo. Me quedo con algo que ocurrió cuando yo entraba en la adolescencia, fue uno de los muchos comportamientos-mensajes de mis padres que se quedaron muy bien grabados en mi subconsciente y que me han acompañado a lo largo de una vida bastante intensa, en lo profesional y en lo personal. Vamos, que no he vivido en una nube, porque el contacto con la realidad, hasta la más cruda, ha sido parte de mi vida y de mi profesión de observador, narrador y buscador de explicaciones.

Creo recordar que era casi la hora de almorzar. Mi hermano, un niño, estaba observando con curiosidad infantil el vaivén de la gente frente a la puerta de casa. Alguien, subido a una moto a decenas de metros de distancia, lo observaba. De repente, la moto arrancó, aceleró apuntando a mi hermano y se lo llevó unos metros por delante. Un probable movimiento del niño hizo que el choque fuera contra su brazo y no en pleno cuerpo. Moto y conductor desaparecieron a toda velocidad y mi hermano acabó en el hospital con muchas lesiones, pero afortunadamente nada que médicos y tiempo no pudiesen curar.

Horas después, los carabinieri detuvieron al responsable de ese premeditado atropello. Se trataba de un conocido delincuente de poca monta que, por la función pública que mi padre ejercía, creía haber sido objeto de una injusticia. Nada de eso, pero es lo de menos en lo que me ocupa ahora. Lo que quiero es recordar lo que hizo mi padre, cual fue la reacción de mi padre y mi madre.

Detenido “in flagranti crimine”, con testigos oculares de sobra, el hombre tuvo un juicio en breve tiempo y fue condenado. Mis padres, después de la inicial preocupación por la salud de su hijo, que se repuso con cierta rapidez, tuvieron otra preocupación: el reo encarcelado dejaba sin amparo y sin sustento a una esposa y a muchos niños, una situación que no podía dejar insensibles. Y mucho menos a mis padres.


Pues fue cuestión de días. Mis padres ayudaron a la familia y poco después mi padre encontró un digno trabajo a la mujer, lo suficiente para que pudiese llevar a casa lo necesario para seguir hacia delante sin graves dificultades.


Es un buen momento, muy oportuno,
para agradecer a mis padres por todos
los valores que han sabido inculcarme.
Aquí están, para no exponerlos, en una
imagen plasmada por un siluetista hace
ya mucho tiempo, cuando yo era un niño.
Es todo. Y es así, es con episodios parecidos que crecí y fui educado. Y por mucho que la vida dé vueltas, lo que se siembra, los cimientos sobre los que se edifica, marcan y en el curso de la vida afloran sus consecuencias. Eso es algo que nunca podré agradecer suficientemente a mis padres, cada uno con su talante pero ambos con valores compartidos y bien transmitidos, con constancia y con el ejemplo.

¿A dónde quiero llegar? A intentar explicar por lo menos algunos de los motivos que me impiden albergar sentimientos tan destructivos como el odio y el deseo de venganza, que considero tan humanos como deleznables. Sentimientos e impulsos que no acepto moralmente y que, aunque la naturaleza humana puede hacerlos asomar en algún momento, rechazo con todo el vigor del que soy capaz.

A veces, debatiendo o conversando, he utilizado ejemplos duros. He llegado a afirmar, y lo mantengo, que ni siquiera si asesinaran a un familiar, haciendo estragos de su cuerpo, llegaría a odiar y a tramar la venganza. Lo mantengo, aunque a menudo llega la respuesta: “No has pasado por eso”. Pues no, pero me conozco y conozco a gente que ha pasado por eso o por algo de elevada gravedad y dolor y que ha reaccionado de una manera o con un comportamiento opuesto al que se esperaba.

Rabia, resentimiento, profundo enfado, disgusto incontenible, ofensa inaceptable y más son reacciones inevitables, sobre todo cuando todo escuece, y pueden ser “pro tempore” o llegan a perdurar en el tiempo, con mayor o menor intensidad. Pero el odio es bien otra cosa. Implica la repugnancia, el aborrecimiento hacia alguien de quien se desea todo el mal posible. De la misma familia de la ley del Talión y de la de Lynch, para que nos entendamos. Pues un NO tajante.

El deseo de venganza, además, implica el deseo del “ojo por ojo, diente por diente”, unas irrefrenables ganas de desquite y si es posible con propina y el mayor sufrimiento de quien estamos seguros que nos causó una ofensa, un percance, una injusticia. Otro NO con mayúscula y negrita.

Otra cosa es pedir, exigir justicia cuando el perjuicio, el daño o la ofensa de las que creemos haber sido los sufridores pueden tener su cauce en la vía civil o penal. Y si el ámbito es personal, cuando estamos en la esfera de las relaciones humanas y de los comportamientos no delictivos, sean calumnias o maledicencias, engaños o estafas morales, ahí quedan las naturales e instintivas reacciones como el repudio, el desdén, la ofensa, la desilusión, el dolor, la merma en la confianza hacia los demás. Reacciones y consecuencias que, según gravedad y profundidad, pueden acompañar momentos, días, meses, años y hasta toda una vida.

Todo eso y todo lo que humanamente se pueda comprender. Pero odio y venganza ¡NO! Porque embrutecen más a la víctima que al causante, que a lo mejor hasta es capaz de reírse frotándose las manos. Además, son inmorales, suponen un enorme esfuerzo y gran desgaste anímico y suelen marcar negativamente el ánimo humano.

Y ahora, digan Uds. que soy un “buenista”. Pues no. Setenta veces siete ¡NO! (cfr. Mt. 18, 21-22). Aunque cueste y a menudo el precio sea alto, el hecho es que mi brújula existencial intenta apuntar a un Norte en el que creo firmemente, y poco importa que no sea el más convencional, cómodo y fácil.




Y ahora, con su permiso, estoy obligado
a tomarme un descanso.
Y espero que sólo sea eso.








martes, 3 de noviembre de 2015

(225) Crecer jugando, con ilusión, entre Marrakech y los pies del Atlas
Crescere giocando, con gioia, tra Marrakech e i piedi dell’Atlas

Siempre es algo que llena, son momentos, horas y días en los que se recibe muchísimo más de lo que se dona. Hablo de estar entre los niños, esos hombres y mujeres en potencia, muchos carentes de todo o de todo lo esencial, que son las criaturas que mejor saben transmitir lo mejor y lo más espontáneo del ser humano.

Un niño necesita alimentarse, vestirse, formarse, recibir y poder dar afecto. Sobre todo, sentir la protección y la cercanía de los adultos. Pero un niño necesita también jugar, actividad de mil facetas que a al aportación meramente lúdica une una función altamente formativa.


  A esto apuntan las campañas de “Un juguete, una ilusión” de la Fundación Crecer Jugando y Radio Nacional de España. Nosotros, con Pepa Fernández al timón de No es un día cualquiera, hemos acompañado in situ varias entregas y hemos compartido la alegría de los niños, al mismo tiempo informándonos de sus aconteceres y del desarrollo del encomiable trabajo de asociaciones, fundaciones, entidades y personas que dedican tiempo, recursos y amor para que unos cuantos niños, el mayor número posible, puedan tener una infancia por lo menos digna y alegre.










   En este último viaje hemos estado en la zona marroquí de Marrakech y en otras localidades a los pies de la cadena del Atlas. Hemos entregado regalos y hemos compartido momentos, hemos hablado con los niños y los hemos escuchado. Y desde Marrakech hemos emitido en directo – el 31 de octubre y el 1º de noviembre – las diez horas de No es un día cualquiera.

   Les dejo con unos datos de la actividad de “Un juguete, una ilusión” y al mismo tiempo con imágenes, material rodado en bruto y lo emitido por el TD de TVE el 1º de noviembre.         

Telediario TVE 15h 1 Noviembre 2015


Bruto grabado para TVE - Marrakech, 1-2 Nov. 2015


  “Un Juguete, Una Ilusión” llegará
a más de 500.000 niños en 2015 


·        La campaña de Radio Nacional y la Fundación Crecer Jugando distribuirá los juguetes en 18 países de África, Ásia y América Latina
·         Además de los juguetes unipersonales, dotará con juegos y material educativo a colegios y hospitales
·          La iniciativa seguirá trabajando en España junto a Cruz Roja y llegará a centros  en todo el país


La campaña ‘Un Juguete, Una Ilusión’ que organizan Radio Nacional de España y la Fundación Crecer Jugando enviará en los próximos meses más de 500.000 juguetes a países de África, Ásia y América Latina y dotará con juegos y material educativo instalaciones en centros escolares, centros infantiles y hospitales en un total de 19 países.

Además la campaña que recuerda cada año que el juego es un derecho fundamental del niño, seguirá trabajando con proyectos en España y junto a Cruz Roja llegará a centros de Atención Infantil en nuestro país gestionados por la entidad.

Juguetes para 19 países

El Salvador, Nicaragua, Perú, Ecuador, Haití, Guatemala, Paraguay, Panamá, Honduras, Chile, Argelia, Benin, Marruecos, Jordania, Filipinas, Irak, Guinea-Bisáu, Burkina Faso y España recibirán los juguetes las próximas semanas que irán a diferentes proyectos infantiles en los que trabajan las 46 ONG´s receptoras.

A cada uno de esos países, la campaña volverá a enviar juguetes unipersonales –camiones, muñecas y balones- y también entregará juguetes para favorecer el juego en comunidad y que por tanto, tienen un objetivo lúdico y educativo entre los que se enviarán juegos de exterior, instrumentos musicales, disfraces, juegos de piezas, juegos de construcción.

Destacado apoyo social
En su XV edición, la campaña ha contado con el respaldo de referentes de diferentes ámbitos como Diego Simeone, Miguel Ríos, Samantha Vallejo-Nágera, Antonio Fraguas “Forges” y Jordi Hurtado.

Asimismo la iniciativa solidaria impulsada por Radio Nacional y la Fundación Crecer Jugando ha contado con el respaldo de más de 220 empresas e instituciones públicas y privadas que se han sumado para subrayar la importancia que tiene para el niño crecer con un juguete.

El deporte y la música se han convertido una vez más en el vehículo solidario perfecto para llegar a más niños, y diferentes acciones llevadas a cabo durante la campaña como la II Carrera Solidaria, los Conciertos de la Orquesta y Coro de RTVE, el del Coro de Voces Graves de Madrid, el concierto inédito ofrecido por Miguel Ríos, y otros eventos como el II torneo de  fútbol 8 solidario celebrado en el Valle del Juguete han contribuido a incrementar la partida de patrocinios y donaciones en un 66% respecto a la anterior edición.

46 ONG´s se encargarán de entregar los juguetes

Como en años anteriores, Un Juguete, Una Ilusión colaborará con entidades sin ánimo de lucro y con  ONG´s que trabajan en diferentes proyectos de cooperación y que desarrollan una importante labor en la  atención a la infancia, entre ellas Mensajeros de la Paz, Infancia sin Fronteras, Plan España, Aldeas Infantiles, Hermanas Franciscanas, Obra Salesiana Don Bosco, Asociación Taddart, o Hijas de la Caridad, entre otras.

El bolígrafo solidario

Desde hace nueve años, ‘Un Juguete, Una Ilusión’ pone a la venta el bolígrafo solidario, con el fin de recaudar dinero que permita fabricar los juguetes que se envían cada año a los países de destino. Todos son juguetes nuevos, para que puedan tener una utilización prolongada en el tiempo que permitan favorecer un juego compartido entre los niños.

Desde su creación en el año 2.000, y con los datos de la XV edición, la iniciativa solidaria de RNE y la Fundación Crecer Jugando, habrá repartido más de 7.500.000 de juguetes.

 
¡Gracias, niños!
شكرا، الأطفال



 Última nota informativa (3 Noviembre 2015)


RNE y la Fundación Crecer Jugando iniciaron el 1 de noviembre la XVI campaña ‘Un Juguete, Una Ilusión’

·       Fernando Torres, Edurne, Pepe Rodríguez y Jacob Petrus se suman a la campaña, bajo el lema ‘Nuestro viaje comienza aquí’

·       Distribuirá 500.000 juguetes a niños de 18 países y reforzará las aportaciones en España en colaboración con Cruz Roja

·       TVE emitirá una campaña de sensibilización en la que un oso de peluche, una muñeca y unos camiones viajarán alrededor del mundo
Radio Nacional de España y la Fundación Crecer Jugando han puesto en marcha el 1 de noviembre la XVI edición de la campaña solidaria ‘Un Juguete, Una Ilusión’, que concienciará un año más sobre la importancia del juego en la educación del niño y se movilizará para enviar miles de juguetes a proyectos infantiles en África, América Latina, Oriente Medio y también, en España.
Bajo el lema ‘Nuestro viaje comienza aquí’, Fernando Torres, Edurne, Pepe Rodríguez y Jacob Petrus se suman este año a la campaña, y serán los encargados de cerrar los spots y animar a unirse a este viaje mediante la compra del bolígrafo solidario.

Junto con los prescriptores, un oso de peluche, una muñeca y unos camiones se convertirán en los protagonistas de los spots de este año. Mediante técnicas de animación 3D para recrear todos los movimientos y expresiones, estos juguetes deberán cumplir con su principal fin: llegar a su destino y mostrar que cada aportación o compra del bolígrafo se materializa en un juguete.

La nueva edición, que se prolongará hasta el próximo 6 de enero, parte con el objetivo de distribuir 500.000 juguetes a niños de 18 países: El Salvador, Nicaragua, Perú, Ecuador, Haití, Guatemala, Paraguay, Panamá, Honduras, Chile, Argelia, Irak, Benin, Marruecos, Guinea Bissau, Burkina Fasso, Jordania y Filipinas.

Y también a España. Hace tres años, sin perder su compromiso con África y América Latina, la campaña comenzó a distribuir juguetes en nuestro país. El primer año, entregó juguetes para 40 centros infantiles de Cruz Roja a los que asisten 3.500 niños, mientras que el segundo año se dotaron ludotecas de 82 centros, y se entregó material educativo para 6 centros con niños de 0 a 3 años. El objetivo de la nueva edición será reforzar esas aportaciones.

Pepa Fernández viajó el pasado fin de semana a Marrakech

Como cada año, Radio Nacional y TVE impulsan diferentes acciones y programaciones especiales en el transcurso de la campaña para divulgar y sensibilizar sobre la importancia del juego. 


RNE ofreció una programación especial el 31 de octubre y 1 de noviembre desde Marrakech. El programa de Pepa Fernández ‘No es un día Cualquiera’ visitó la  Asociación Dar Tifl, en la que efectuó una entrega de juguetes a 200 niños. También visitó el Centro de acogida  SOS Children Village (Aldeas Infantiles), que da cobijo y educación a 80 niños huérfanos en la localidad de Ait Ourir, a 30 km. de Marrakech.

Por su parte, los programas de TVE ofrecerán información sobre la campaña y emitirán los spots protagonizados por Fernando Torres, Edurne, Pepe Rodríguez y Jacob Petrus.

Conciertos especiales

Entre las acciones especiales de la campaña, destaca el concierto que ofrecerá Edurne, el 19 de diciembre, en el Teatro Monumental de Madrid, cuyo beneficio irá destinado a la campaña.

El 23 de diciembre, la Orquesta y Coro RTVE regala a la campaña el IX Concierto Sinfónico ‘Un juguete, una ilusión’ con un atractivo programa para niños y adultos. Y el 28 de diciembre, de la mano del Coro de Voces Graves de Madrid y en el Teatro Monumental, la música coral ayudará a difundir la idea solidaria de la campaña con un entretenido programa.

La Asociación Madrileña de Ilusionismo ofrecerá el 21 de noviembre ofrecerá su espectáculo en el Centro Cultural La Esfera, de Alcobendas (Madrid). Además, ‘Un Juguete, Una Ilusión’ organizará la III Carrera Solidaria el 15 de noviembre en Pozuelo de Alarcón (Madrid).

Más de 7,5 millones de juguetes y 2.300 ludotecas en 15 años

Durante estos años, la campaña ha distribuido más de 7.500.000 de juguetes y ha dotado 2.300 ludotecas en diferentes zonas de América Latina, especialmente Centroamérica, África y Asia gracias a la colaboración con ONG’s y entidades que trabajan en cooperación infantil.

‘Un Juguete, Una Ilusión’ intenta promover la reflexión sobre los valores del juego. El juguete es diversión y entretenimiento y tiene un valor educativo, pero también es una herramienta de socialización que le ayuda a descubrir, imaginar, crear y compartir. Con este planteamiento, la campaña se ha consolidado año tras año, gracias al apoyo de toda la sociedad y al respaldo de más de 200 empresas e instituciones.