Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

martes, 27 de septiembre de 2011

(107) Lo admito: yo también soy culpable de esta crisis. Yo también soy mercado. ¿Y tú?
Lo ammetto. Anch’io sono colpevole di questa crisi. Anch’io sono mercato. E tu?

«La crisis es un sueño para quienes quieren hacer dinero», «El fondo de rescate no va a funcionar y el euro se va a estrellar», «Los líderes políticos no gobiernan el mundo. Goldman Sachs gobierna el mundo» . 
  Con la crisis económico-financiera mundial que cabalga a sus anchas, Europa con sus reacciones desordenadas y descoordinadas, y la preocupación que hunde muchos ánimos y perspectivas, lo que ha dicho en pocos minutos a la BBC el bróker Alessio Rastani ha sido una ducha fría y ha dado la vuelta al mundo. Pero, si le escuchamos bien, más allá de la indignación y del enfado reactivo, esas palabras tendrían que hacernos reflexionar y admitir que los medianamente informados sabíamos todo eso y más.
  Como sabemos que quien entrega dinero a un bróker o a una entidad financiera, lo que quiere es que ese dinero sea lo más rentable posible. Y eso – no lo olvidemos – lo hace el tiburón especulador, el banco, una asociación benéfica, una ONG, el sindicato, el administrador de cualquier partido, la viuda que con sus ahorritos mira a lo que le queda de vida y, ¿cómo no?, también nuestra vecina del quinto izquierda.
  Que alguien me presente a alguien que tenga dos euros disponibles y que no busque que le den una rentabilidad. Pero, ya sabemos, para que alguien gane, alguien tiene que pagar el pato. O la operación se hace imposible.
  Entonces ¿qué? Que el señor Rastani, sin duda cínico y a lo mejor obedeciendo a propios cálculos de estrategia personal, ha venido a decirnos que la piedra es sólida, que el fuego quema y que todos tenemos que morir. Es decir, nos ha revelado que el rey está desnudo. ¡Sorpresa! ¡Inaudito!  ¡Exclusiva mundial! Sobre todo: ¡Qué injusticia, qué escándalo!
  ¿No gusta esa verdad que tendría que no sorprendernos?  A mí tampoco. Pero sé que para ponerle remedios definitivos y eficaces – y no parches para salir del paso – en el fondo tendría que cambiar radicalmente la naturaleza humana. La de todos y de cada uno.
  Les invito a pensar sólo un momento en algunas situaciones o hipótesis. Pero la lista podría ser tan larga y ancha en su abanico, hasta tal punto que, seguro, afectaría o sería aplicable a la situación de cada uno de nosotros.
  Vamos a ver.
  Ningún médico lo dirá públicamente. Pero seguro que, íntimamente, algún cirujano, patólogo, investigador, soñará con toparse con esa malformación fetal para operar en el vientre materno y tantear así una nueva vía quirúrgica.
  Desde luego que a ningún cristalero se le ocurrirá incitar, aplaudir, fomentar, ensalzar las algaradas nocturnas de unos vándalos borrachos para que rompan las vitrinas y escaparates de los comercios. Pero no serán felices si nadie rompe nada.
  No he tenido ocasión de toparme con un carrocero o el dueño de una grúa que rezara por un fin de semana de grandes y numerosos accidentes de circulación. Pero me imagino su cara a la semana de una bajada récord del número de percances viarios.
  ¿Qué pasaría en el humor de los reparadores, si nuestras lavadoras, televisores, electrodomésticos en general, duraran décadas funcionando perfectamente como el primer día? O ¿qué reacción tendrían los fontaneros, electricistas, albañiles, etc., si el desgaste de nuestras infraestructuras y accesorios  consiguieran ganarle la batalla al uso y al  tiempo?
  El de las funerarias y todas las actividades inducidas es un negocio seguro. Pero el descubrimiento de unos fármacos definitivos contra grandes enfermedades y una longevidad que crece de manera exponencial no harán que el júbilo cunda en el gremio.
  Imaginarán Uds. que podría seguir, como dicen los músicos, “ad libitum”. Me quedo en mi profesión, escaldada en esas testimoniales y fracasadas aventuras de fundar periódicos sólo de buenas noticias. Pues la realidad es que vivimos en, por y de los problemas y desgracias ajenas. Un día sin que ocurra nada de nada que afecte a pocos o a muchos, sería una desgracia para un medio de comunicación.
  No me entretengo más. Ahora, después de ese bróker, espero que venga alguien para desnudar a otro rey y hacernos caer de otro guindo. Por ejemplo, explicarnos el porqué de la caída del precio del oro, un bien refugio por antonomasia, y la preferencia por el dólar por parte de mercados inversores y ahorradores. ¿No será porque, hoy todavía, los EEUU tienen el ejército más poderoso del mundo? Pues pensemos también en eso y que dé un paso al frente quien tenga una receta alternativa. Política y economía, sin detergente, nunca han funcionado a favor.
  Es la Historia de la Humanidad, amigo Watson. Pese a quien pese. Y a lo mejor a mí también me pesa.

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