Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla de TV. Y el sábado y domingo estoy en "No es un día cualquiera" de Radio Nacional de España, con Pepa Fernández
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

jueves, 3 de diciembre de 2015

(242) Noche de corruptos y día triste sin los “Buenos días” de D. Javier @cchurruca, un caballero
Notte di corrotti e giorno triste senza il “Buenos días” di D. Javier @cchurruca, un “caballero”




«Perder la confianza de alguien
es tirar tu dignidad a una cloaca.
Ya no la recuperas
».

(Séneca)








Las noches insomnes dan para mucho. Para intentos de lectura, el tormento de un Morfeo ausente, la meditación sobre uno mismo y sus pocas glorias y muchas miserias y el vistazo a la actualidad y problemas del planeta, saltando de país en país. Hay más posibilidades, claro, la noche es larga y el silencio hace que el tiempo sea más intenso y todo cunda más, en extensión y en profundidad.

Me he quedado con algo que, siendo frecuente equipaje en las alforjas de las debilidades humanas, no se rige por latitud, nacionalidad, etnia o creencias. Varía en frecuencia, intensidad y magnitud, además de por periodos, pero ninguna sociedad es inmune. Porque se funda sobre el querer tener y tener lo que se quiere a toda costa y con cualquier medio. Porque prescinde, para la consecución de sus objetivos, de cualquier consideración ética, moral y a menudo también legal.

Me refiero a la corrupción. Esa palabra cuya misma etimología  (latín corruptio, destruir o alterar, dañar, pervertir...) habla sin eufemismos de su capacidad destructora, de uno de los más dañinos ejercicios de la ambición y codicia humana asociada a la maldad. Bien sabemos que no es mal de hoy, pero es hoy cuando progresivamente tomamos conciencia de sus efectos catastróficos para el bien común, para la convivencia. No paramos de tener noticia del último caso, cuando ya se anuncia el siguiente. Y se trata sólo de lo conocido, lo que aflora, la punta del iceberg.

Y sin embargo quiero detenerme un momento en un aspecto demasiado a menudo infravalorado u olvidado, igualmente catastrófico, de la corrupción, la pública y la privada, la de gran magnitud y la de pequeña cuantía. El importe, la cantidad dineraria de lo que el corrupto sustrae a alguien o a la colectividad tiene claramente su relevancia. Porque produce daños, impide la utilización de recursos para el bien común y contamina todo lo que toca.

Me detengo en los “daños colaterales” de cualquier tipo de corrupción, esos que, sin embargo, veo de primera magnitud, hasta superiores al daño material, sea cual sea. El corrupto opera con toda su eficacia cuando no se le ve, sus instrumentos son la complicidad y el engaño, sus escenarios las sombras, su dimensión la doblez, su lenguaje alterna la omisión con la mentira.

La corrupción es una expresión más, una forma de prostitución (latín prostituere, poner a la venta), el intercambio ilícito e inmoral de favores recíprocos, a espaldas de los demás, con beneficio propio y daño de otros. Su efecto más devastador, que se asienta, crece y se consolida, es la pérdida de confianza. Un proceso casi siempre sin retorno y altamente contagioso en la sociedad. Individuos escandalizados y traicionados en la confianza otorgada producen una sociedad desconfiada que tiende a generalizar, a meter a todos, o a casi todos, en el mismo saco y se encamina hacia la incapacidad de creer y confiar en los demás.

Cuando un individuo ha mentido, robado, traicionado, obrado en la penumbra a espaldas de alguien o de los demás para conseguir ese u otro objetivo en beneficio propio, ese es el daño que más me preocupa, me indigna y me ofende. Porque el robo irreversible de la confianza es una herida que no cicatriza, y es la enorme carga moral de quienes frecuentan las penumbras más sucias cabalgando el “todo vale”. 

Y muy a menudo estos sujetos no tienen reparos en exhibirse con apabullante desparpajo: silbando o santiguándose, pavoneándose o sonriendo de oreja a oreja. Y sin el más mínimo atisbo de sonrojo. Cuestión de valores, de inercia en actitudes reiteradas y consolidadas en el tiempo. Negocio y negociado de caraduras.




Claro, faltaría más, la noche me ha dado tiempo y oportunidad de reflexionar sobre la vida y la muerte, sobre lo efímero y lo trascendente, sobre lo imponderable y la última cita sin preaviso. Y he recordado a alguien entrañable, a todo un Señor conocido en las redes sociales como @cchurruca, “el Almirante”.

Un caballero inteligente, sagaz y educado al que no conocí personalmente pero con quien, como muchos,  mantuve diálogos, intercambié frases y de quien en la noche he releído nuestras últimas conversaciones por mensajes directos. Sí, esos bilaterales más cercanos, cara a cara sin vernos, de donde extraje día tras día el convencimiento de que Javier Pérez-Cepeda, Don Javier, es merecedor de entrar en esa histórica sección de Reader's Digest Select Editions: “Una persona que no olvidaré nunca”. Todo lo contrario de otra sección a lo mejor necesaria como "Personas que hubiese preferido no tener que intentar olvidar".

@Cchurruca se nos fue ayer. Y ante tamaña pérdida para quienes lo tuvimos cerca en la distancia, y sobre todo para sus seres queridos, casi me avergüenzo de haberme entretenido  hablando de corruptos y corruptas, de ladrones y ladronas de la confianza. 

Sé que Vd. estaría muy de acuerdo con los dañinos que son ciertos comportamientos. Pero disculpe las cercanías de los textos, y que Dios le tenga en Su Gloria, Don Javier. Nos vemos!

5 comentarios:

  1. Siempre grande, Don Josto!!! Dio s lo pague.

    ResponderEliminar
  2. Laura Cabello3/12/15 16:48

    No, no cicatriza. Esa herida se queda infecta, siempre se dudará de alguien así y es muy penoso.
    No conocí a ese señor, DEP.

    ResponderEliminar
  3. "el robo irreversible de la confianza", brillante

    ResponderEliminar
  4. Vanya Leigh3/12/15 17:51

    Lo ha clavado. Siempre nos fijamos en el dinero, en las malas artes y en cómo y cuándo lo han hecho. Nunca nos entretenemos a pensar que esas personas tan “harmful” difunden la desconfianza, la peor cizaña de la convivencia.
    Gracias por ser siempre tan atento, agudo y sensible. Es Ud. una mina de reflexiones que por prisas y distracción se nos escapan.

    ResponderEliminar
  5. Inés Lago3/12/15 19:48

    Una desgracia, sí. Muy bien que alguien no nos cuente sólo lo que ha ocurrido y ocurre a nuestro alrededor y nos indique los daños más importantes, esos que pasamos por alto. Se ve que quien escribe tiene una gran experiencia y profundo conocimiento del ser humano.
    No recuerdo que otros periodistas se hayan detenido en esos aspectos. Lo que dice mucho de la preparación y la sensibilidad que hay en los medios. Los buenos no abundan.
    Un saludo desde A Costa da Morte.

    ResponderEliminar

Los comentarios serán moderados - I commenti saranno moderati