Con la venia de Rafael y Miguel Ángel,
franciscanos y sin embargo :) amigos.

Pues depende.
Seguro que a muchos le sonará la anécdota que voy a utilizar, una de las muchas que saco como recurso para introducir o apoyar un debate en conferencias, charlas o clases. cuando me invitan a disertar sobre lo poco que sé.

En una de las versiones de la historia se cuenta de un joven novicio franciscano que comenta a un compañero de estudios: «Menudo rapapolvo el del confesor, cuando le pregunté si había obrado mal al fumar un cigarrillo mientras rezaba».
Y el compañero, sorprendido: «No lo entiendo. ¿Hablas del hermano Rafael? Pues le pregunté lo mismo y me dijo que perfecto, que había que aprovechar cada momento para dirigirse a Dios».

Y así, ante el estupor de los jóvenes, el fraile les explicó los conceptos de acción principal y acción secundaria, y de cómo esta es apropiada o lícita dependiendo de la naturaleza y del contexto en el que tiene lugar aquella, que es la acción principal. Es decir: no es respetuoso de un momento tan trascendente como el rezo encender un cigarrillo en mitad de una oración. Pero sí es posible sentir la repentina necesidad de una imploración o de una invocación cuando se tiene en la mano un cigarrillo encendido.
Los novicios entendieron. Y nosotros también comprendemos que dos situaciones sólo aparentemente iguales no lo son y que contexto, orden y prioridades tienen un peso notable a la hora de tomar una decisión. Que es cómo comportarnos en cada situación aunque la última nos parezca exactamente igual a la que vivimos unas horas o unos días antes de plantearnos el dilema.
La anécdota de novicios y frailes tiene una amplia traslación a muchos momentos y circunstancias de la actividad humana. Y aquí dejo sueltas una preguntas, sólo algunas de las mil que puedo vislumbrar. ¿Se puede estar al frente y cuidado de intereses económicos personales y aceptar un cargo con responsabilidad pública? ¿Se puede estar al frente de una función pública y operar en frentes económicos de ámbito personal?
Y más. ¿Es lícito, comprensible y aceptable que alguien transcurra su tiempo libre frecuentando a individuos cuyas actividades están al margen o fuera de la ley, y al mismo tiempo rellenar el formulario para la academia de policía? ¿Es aceptable que un agente de los servicios de seguridad frecuente asiduamente ambientes de mala muerte y de cualquier manera al margen de la legalidad?
Pues depende. En esos y en mil casos y situaciones. Porque el orden de los factores y el contexto – como explicaban lo hermanos Rafael y Miguel – vaya si influyen. Pueden cambiar radicalmente la valoración y la licitud ética, moral, social y hasta penal. Y no hay que olvidar que también la conciencia de cada uno, la del interesado, tiene que sincerarse mucho para hallar la respuesta correcta.