Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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jueves, 14 de marzo de 2013

(183) Dispara, que algo queda.
Las hordas carpetovetónicas 3.0 al ataque












Un clamor y sin esperar ni diez minutos. Palabras de grueso calibre, sin ahorrar insultos. Acusaciones de todo tipo, con fundamentos menos fiables del rápido y alevoso movimiento de las manos de un trilero. Insinuaciones de índole muy personal, invadiendo el ámbito familiar y el de otros allegados.
 

Ni había concluido la lectura del anuncio del nombramiento del nuevo presidente de la “Federación de Eventos Taurinos de Carpetovetonia”, que los del “Movimiento para el destierro de la tauromaquia de Pangea y sus aledaños” ha comenzado a bombardear. Con todas las batería y calibres disponibles y aderezando los proyectiles de sus armas con clavos, escarpias, bulones, tornillos, virutas oxidadas y otro material. Para que los efectos devastadores, como enseña el “Manual del terrorista eficaz”, fuesen los más certeros y dolorosos.

Y entre los ataques se perciben, además del odio y el desprecio, dos objetivos fallidos y aparentemente contradictorios: promover a un candidato “manejable” y dinamitar, desde dentro y desde fuera, la Federación.
 

Huelga que comente, como buen cronista, que a las huestes de los militantes oficiales se han sumado, cuestión de minutos, también simpatizantes, perros sueltos y portadores de odios atávicos cuyas raíces a menudo no sabrían explicar. Una jauría desatada.
 

Y entre una andanada de artillería y el conato de la siguiente desperté. Mejor dicho, no desperté porque me di cuenta de que no era un sueño. Estaba leyendo Twitter, Facebook, blogs, webs y toda suerte de barrios de la Red.
 

En las pantallas, ahí a lado, las cámaras apuntaban sus objetivos hacia Roma, hacia la otra orilla del Tiber. Y en la Red los objetivos eran casi como moscas blancas que intentaban esquivar los disparos de los nuevos bárbaros. Eso sí: bárbaros 3.0.
 

Tranquilos. Nada nuevo bajo el sol. Baste con citar – ¡¡¡lagarto, lagarto!!! – a un tal Saulo (él también cambió su nombre) que escribía a los Corintios  sobre lo que era «escándalo para los judíos, necedad para los gentiles» (1 Cor 1,18-23).

miércoles, 15 de diciembre de 2010

(19) Si la verdad estorba, cámbiala
Se la verità disturba, cambiala

Leía ayer – esta vez vamos a decir donde – en el diario El País, en una crónica desde Roma, estas palabras que me levantaron de la silla: «... que preveía obligar a los blogueros a obtener el carné de periodista expendido por el propio Gobierno».
  A parte el gazapo del expendido, esta vez no voy a ser inocente. Clarísima, y tampoco novedosa, la intentona de colar lo contrario a la verdad para reforzar la tesis de todo lo que se estás narrando, que es una crónica política.
  Muy poco importan el signo y el sesgo, hacia quien se dispara o se deja de disparar verbalmente. La cuestión aquí es deontológica y se trata sencillamente de la verdad a la que se le ha dado la vuelta como un calcetín. Porque viene muy bien como refuerzo de lo que se sostiene en la crónica.
  No voy a extenderme ya que todo es muy comprobable. En Italia no se expenden ni se expiden carnés, la profesión periodística está regulada por la ley n. 69 que el 3 de febrero 1963 instituyó el “Ordine dei Giornalisti”, colegio profesional autogestionado con total independencia por las decenas de miles de periodistas, que eligen democráticamente sus órganos. El colegio, como el de los médicos o de los arquitectos, regula el acceso a la profesión y defiende y sanciona a sus miembros. Puede decretar suspensiones o radiaciones definitivas y sus decisiones tienen rango de sentencia.
  Así de simple. Guste o no, el colegio profesional nació en época constitucional y se rige como interlocutor, a menudo beligerante, también de los gobiernos de turno. A su lado - lo menciono sólo como información - está la “Federación della Stampa”, el sindicato de los periodistas, que cuando firma el contrato nacional compromete a todos los profesionales y a todos los editores. Y les aseguro que, a este organismo también, todo se le puede achacar, menos que sea amable con los gobiernos de turno.
  ¿Verdad que ésta verdad molestaba en esa crónica? Pues mejor escribir lo contrario.


Ieri leggevo – e stavolta dico dove – sul quotidiano El País, in una cronaca da Roma, queste parole che mi hanno fattao sobbalzare: «... que preveía obligar a los blogueros a obtener el carné de periodista expendido por el propio Gobierno».        .
  A parte l’errore o il refuso dell’expendido, in quest’occasione non intendo fare l’ingenuo. È chiarissimo, e tutt’altro che inedito, il tentativo di rifilare il contrario della verità per rafforzare la tesi di tutto ciò che si sta narrando in una cronaca politica.
  Poco importano il segno e la tendenza, contro chi si spara o meno verbalmente. La questione è qui deontologica e si tratta semplicemente della verità, che è stata rivoltata come un calzino. Perché serve molto bene per rafforzare tutto ciò che si sostiene nella cronaca.
  Poiché tutto è verificabile, non intendo estendermi. In Italia non si rilasciano tessere, la professione giornalistica è regolata dalla legge n. 69, che il 3 febbraio 1963 istituí l’Ordine dei Giornalisti, collegio professionale autogestito con totale indipendenza da decine di migliaia di giornalisti che eleggono democraticamente i suoi organi. L’Ordine, come quello dei medici o degli architetti, regola l’accesso alla professione e tutela e sanziona y propri iscritti. Può decretare sospensioni e radiazioni e le sue decisioni hanno rango di sentenza.
  È tutto qui. Piaccia o no, l’Ordine nacque nel periodo costituzionale ed è interlocutore, spesso belligerante, anche dei governi di turno. A fianco – riferisco solo per maggiore informazione - c’è la Federazione della Stampa, il sindicatato dei giornalisti che quando firma il contratto nazionale impegna tutti i giornalisti e tutti gli editori. E vi assicuro che anche di questo organismo tutto si può dire, meno che sia amabile con i governi di turno.
  Vero che questa verità disturbava in quella cronaca? Chiaro, meglio scrivere il contrario.