Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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sábado, 16 de noviembre de 2013

(199) De defecaciones y vómitos. En los medios, por supuesto
Delle defecazioni e vomiti, Nei media, chiaro


Ojeaba y leía, esta mañana como todas las de mi vida juvenil y adulta, lo que los medios escritos cuentan, ilustran y destripan. Y uno de los argumentos dominantes – ¡cómo no! –  era la crisis de la basura, ese montón descomunal de desechos de nuestra cotidianidad consumista que ha inundado la capital española. Afortunadamente, dicho sea con alivio preventivo, en estas horas parece que ya se vislumbra una solución.

Pues ojeando y leyendo ha ocurrido que la mano y la vista han ido de basura a basura, porque la otra, la escrita, haberla hayla y abundante, entre páginas y pantallazos, en medios de celulosa y de soporte virtual.

Y en eso caí en el escrito de una de esas escribidoras que – parecía una moda pasajera, una crisis de crecimiento, de reafirmación y de rebeldía, pero veo que va “in crescendo” – ha adoptado la vía de la legítima paridad con el hombre alcanzando no exactamente lo positivo y destacable de muchos hombres. Me refiero al lenguaje chusco, vulgar, malsonante, irrespetuoso, denigrante, difamador, “decapitatíteres” sin miramientos y “autolesionista” en lo éticamente más elemental.

Es eso de coger caca, culo, pedo, pis, sexo, religión (¡sólo una y siempre la misma!), introducir todo en la batidora y producir un zumo maloliente que, sin embargo, se considera brillante y consigue, previa estimulación de sesgos ideológicos y bajísimos instintos primarios, conquistar unos cuantos aplausos. Además de acrecentar la popularidad, por estos lares confundida sin vuelta atrás con la fama. Que es bien otra cosa.

Arrancaba la escribidora describiéndose sentada en la posición y en el lugar apto para cumplir con esa necesidad biológica que es defecar. Con alguna que otra dificultad, admitía ella misma. Y a partir de ese momento, de expulsar por abajo, nada de nada. Lo que se leía, línea tras línea, eran vómitos. Arcadas productivas malolientes que, sin duda, han tenido el efecto de una liberación para la autora cuya explicación sólo podrían alcanzar Freud, Jung y sus discípulos.

Seguro que muchos y muchas se habrán regocijado con la lectura de ese texto y habrán aplaudido entre sonrisas, chanzas y una sensación de ser cómplices, partícipes de esa elite multitudinaria, gregaria (no es una contradictio in terminis) y creciente con progresión geométrica.

 Allá ella (no les voy a dar el nombre para no contribuir a su “fama”) y ellos, que son muchas y muchos. Yo he sentido la necesidad de levantarme, ir al baño y tirar de la cadena, aunque la taza estaba impoluta. Necesitaba ese gesto liberatorio.

Y a la escribidora no le deseo nada malo. Sólo que llegue un día en el que, ella como millones más, se dé cuenta de lo estéril de esa actitud “echada p’alante” y  pseudo-“modelna”. Que alcance, la escribidora, lo que indica su nombre y que no se quede en lo reductivo de lo que describe su segundo apellido. Lo sentiría por ella. Pero, dicho sea de paso, allá ella...

miércoles, 23 de mayo de 2012

(147) Caca, culo, pedo, pis y un acento antirreligioso. Receta infalible para cortar con hacha y cocinar radio, tv, periódicos y web
Cacca, culo, scoreggia, pipì e un accento antireligioso. Ricetta infallibile tagliata con l’accetta per cucinare radio, tv, giornali e web



Frené en seco, entre las madrileñas calles Clara del Rey y Cartagena. No era la primera vez que escuchaba algo parecido por radio. No importa la emisora, tanto monta… Pero esa blasfemia gratuita, la enésima, sólo es posible con tanta frecuencia aquí, en esta España de fantasmas y entusiasmos desbordados, de tabúes y tolerancia (¿también con los intolerantes, con los imbéciles y maleducados?), de soflamas y proclamas, de mitos y psicodramas, de continuas competiciones a quien escupe más lejos y a como, de una vez por todas, el mundo se entera de que desde esta piel de toro se le puede enseñar a la Humanidad el camino correcto hacia la civilización, la modernidad, el progreso y el progresismo, el edén (laico y laicista, por supuesto…), la libertad cueste lo que cueste y pese a quien pese, un mundo justo poblado de justos que epicúreamente puedan hacer lo que les viene en gana.
   Pues sí. Uno ha navegado lo suficiente por el mundo y por esta profesión plagada de cínicos que se venden como idealistas – profesión poblada también por muchos colegas que consiguen ser personas sensatas y equilibradas – y sin embargo no cesa de indignarse. Aquí se suelta todo, se emite todo, se enseña de todo y se escribe lo que sea. En aras de ese mito que es la libertad de expresión sin límites. “Porque aquí tuvimos una dictadura, ¿sabes?”, siguen soltándome desde hace unos seis lustros, los que llevo inmerso en esta sociedad que conozco como la mía.
   Ya, como si en el resto de Europa o en otros rincones del mundo no hubiesen tenido y padecido dictaduras, falta o limitación de la libertad. ¡Ya vale de agarrarse a un clavo sin cabeza que no puede sujetar lo insujetable! ¡Ya vale de coartadas!
   Vuelvo a esa frase que hoy me hizo frenar en seco y que no se me ocurre repetir, como no lo haría un medio de países del entorno. Auténtica blasfemia, que sin duda no es la primera pronunciada por el éter, como tampoco lo son exabruptos, insultos, expresiones soeces y muchas más lindezas que se sueltan con toda naturalidad entrando en casas ajenas y sin pedir permiso. Porque eso hacen la radio, la televisión y los periódicos: entrar en casas ajenas, a las que se tendría que acceder como mínimo con educación y con un lenguaje correcto.
   Poco importa que lo que se dice o escribe lo hayan escrito oyentes, telespectadores o lectores. Es una excusa impracticable en la mayoría o en todos los países del entorno. Claro, aquí la muletilla es la de siempre: “Libertad de expresión, no a la censura”. Pues por esa misma regla tendríamos que asumir con naturalidad que nos pongan a toda pantalla un primer plano y detalle de excrementos recién producidos; la descripción radiofónica, muy detallada, de un episodio diarreico; la crónica con tamaño y color de cada elemento observado en un vómito callejero post-botellón.
   Pues no. No se es más progre, más tolerante (¿?), más avanzado y más libre por dejar que cualquiera vomite lo vomitable con aderezo de ese vocabulario tan carpetovetónico que aquí vende mucho y que se basa en el consabido “caca, culo, pedo, pis y un acento antirreligioso”. Pero sólo se sigue siendo profundamente irrespetuosos, soeces y reiteradamente acomplejados como el día tras día demuestra, abriendo los ojos y afinando el oído. Vamos, perfecto laboratorio para psiquiatras y psicólogos. Extranjeros, por supuesto, o españoles que consigan abstraerse del entorno.
   Hay momentos, muchos, muchísimos, en los que la única reacción posible es la del “¡apaga y vámonos!”. Pero son tantos esos momentos que casi sería más saludable tirar la radio y el televisor y alejarse de los quioscos de prensa. Y a Internet -sobre todo a los foros de los medios de comunicación- ni echarle un vistazo.
   Tenía razón ese estadista europeo, muy conocedor de España y muy navegado por la política a caballo entre los dos últimos siglos. Una tarde, paseando por el granadino Carmen de los Mártires, me dijo: “La mayoría, buena gente. Pero a muchos, a demasiados, les falta finura. Los han cortado con hacha”.
   De las hiperfilias e hiperfobias con las banderas - otro complejo muy de aquí – hablaremos otro día. O mejor, no. ¿Para qué meterse en batallas estériles perdidas de antemano por desesperación?
   ¡Qué lástima!   

viernes, 10 de diciembre de 2010

(16) El estilo periodístico caca culo pedo pis, etc. (Superflua la traduzione)

Alguien que no hablaba ni leía castellano, en una ocasión me preguntó cuáles creía que fuesen las cinco más evidentes características del periodismo español. Del periodismo “puntero”, matizó.
No me acuerdo en que punto del ranking coloqué mi impresión, pero – salvando a muchísimos profesionales de este oficio, pues generalizar es siempre una estúpida injusticia – dije entonces y hoy me reafirmo con la constatación diaria: una característica es el recurso habitual, reiterado y casi insoslayable, al aderezo soez, escatológico, blasfemo, sin duda alguna muy a menudo ofensivo para muchos destinatarios.
No estoy hablando de cualquiera. En el bouquet de los asiduos frecuentadores de estos recursos caben no pocas de esas que suelen tener la consideración de “firmas”. ¿Que exagero? Pues el kiosco sigue allí, a la vuelta de la esquina. Pasen y lean.
Ya sé que a partir de estas líneas el número de supuestos colegas y amigos va a disminuir. Me da igual y subrayo lo de “supuestos”.
  
"Amicus Plato, sed magis amica veritas" (Ammonio en La vida de Aristóteles)  

Qualcuno che non parlava né leggeva il castigliano in una certa occasione mi chiese quali ritenessi che fossero le cinque più evidenti caratteristiche del giornalismo spagnolo. Del giornalismo “di punta”, precisò.
Non ricordo a che punto della classifica collocai la mia impressione, ma – salvando moltissimi colleghi di professione, perché generalizzare è sempre un'ingiusta stupidità – dissi allora ed oggi ribadisco con la constatazione quotidiana: una caratteristica è il ricorso abituale, reiterato e quasi imprescindibile, al condimento volgare, scatologico, blasfemo, senza alcun dubbio molto spesso offensivo per molti destinatari.
Non sto parlando di chiunque. Nel bouquet degli assidui frequentatori di queste risorse ci sono non pochi tra coloro sono considerati “firme”. Esagero? L’edicola è ancora lì, dietro l’angolo. Passino pure e leggano.
So bene che da queste righe in poi il numero di presunti colleghi e amici si ridurrà. M’importa ben poco e sottolineo ”presunti”.
  
"Amicus Plato, sed magis amica veritas" (Ammonio, nella Vita di Aristotele)