Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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miércoles, 28 de noviembre de 2012

(171) ¿Libertad de expresión? Más bien la “ley de la selva” vestida con ropaje pseudodemocrático
Libertà d'espressione? Direi "legge della selva" ammantata di pseudodemocrazia


No es que a estas alturas de la película uno se extrañe, se asuste o se escandalice fácilmente por lo que ve, escucha y lee.
  Tampoco se trata de clamar cada vez que se asiste a la obsesiva reiteración – a lo mantra, para que nos entendamos  - de filias o fobias que rezuman odio, ideología, posesión de la verdad y superioridad moral de una y otra parte del espectro político.
  Ni siquiera me refiero a un ya imposible estupor ante la retahíla de proclamas, soflamas, logoeructos y  recopilaciones de no-argumentaciones casi siempre basadas en la más ignorante y barata de las demagogias. Las de izquierda, derecha, arriba y abajo.
  Y no piensen que, por muy demenciales que puedan parecer muchísimos comentarios en foros, miles de tweets o cientos de blogs, uno se sienta más marciano en esta realidad que de virtual sólo tiene la forma. Es real, muy palpable y parte integrante de la sociedad en la que vivimos.
  Es decir, es lo que hay.
Trabajador en una cloaca urbana
  Lo que aquí sí quiero plantear en voz alta es una serie de preguntas como periodista que ha tocado a lo largo de muchas décadas todos los palos de la profesión. Desde el papel que acaba en el kiosco hasta la radio y la televisión que entran en los hogares, pasando por la web, las redes sociales, los blog y otras formas de comunicación. Comenzando por la antediluviana FidoNet (recordarán los viejos del lugar esas pantallas ámbar, los acopladores acústicos…) o el francés Minitel, la IRC… etc.  
  Me refiero a los contenidos, no a la forma con la que se presentan. Y aquí van las preguntas.
  ¿Es una legítima manifestación del tan cacareado e ilimitado “derecho a libertad de expresión” consentir que cualquiera pueda escribir lo que le viene en gana en los comentarios de, por ejemplo, muchos “periódicos de referencia” en su versión on line?
  ¿Son aceptables el insulto, la acusación más grave sin fundamento o prueba, la explicita calumnia, la mofa a creencias profundas de todo tipo, la injuria con saña y epítetos de todo tenor y la más insultante denigración del próximo?
  ¿Son “progres” la barra libre y la ley de la selva?
  ¿De verdad se ha propagado tanto esa enfermedad tan acomplejada que confunde el respeto de las más elementales normas de la convivencia con la censura (“porque, ya sabes, aquí tuvimos una dictadura”)?

Cloaca - Antiguos "Sewer flushers"
  Éstas y decenas de preguntas del mismo tenor surgen legítimas y espontáneas viendo, escuchando, leyendo. Sobre todo si, aun conociendo desde dentro esta sociedad, se ve todo con ojos “foráneos”, muy poco acostumbrados a que “medios de calidad” o “medios de referencia” (así se autoproclaman) dejen colar lo que sea y, mayoritariamente, de forma anónima.
  Hablando de responsabilidades, decía mi  abuela materna que es tan ladrón quien roba como quien sujeta el saco del botín o quienes facilitan el vehículo para trasladarlo a buen recaudo.  ¿Es esa la función que han elegido aceptar y garantizar, día tras día, los medios que ofrecen tribunas sin control y donde impera el todo vale?

jueves, 26 de mayo de 2011

(87) ¿Internet, un mundo virtual de cobardes y cabrones? Sí y no, como la vida misma
Internet, un mondo virtuale di codardi e figli di…? Sì e no, come la vita reale

Hay momentos en los que es agradable tener que rectificar o, de cualquier manera, modular cierta visión algo consolidada de nuestro propio entorno. El entorno más próximo, el más amplio de la sociedad y que ahora es parte de nuestras vidas; también el entorno virtual. O, mejor dicho, ese mundo con el que no tenemos un contacto físico de cercanías y que, sin embargo, está más cerca de lo que parece por la virtualidad digital ofrecida en los medios informáticos.
  Larga premisa para ser bastante breve. Lo que quiero decir, y lo digo como individuo y al mismo tiempo como periodista que ejerce de cronista, es que cada día se confirma eso de que generalizar y escupir sentencias apresuradas es siempre un error. Lo que no excluye la adopción de la más elemental prudencia, siempre evitando lanzar las campanas al vuelo.
  Constato que Internet y todos sus barrios – redes sociales, blogs, foros, etc. – presentan un aspecto, como diría un francés, double face. Por ejemplo, miremos al anonimato ofrecido por una identidad declarada en Twitter, Facebook o donde sea. Sería apresurado juzgar. Puede obedecedor al deseo de atrincherarse para cualquier posible presente y futura fechoría. Pero puede hundir sus raíces en una innata timidez, en la justificada búsqueda de privacidad o, también, en consideraciones prácticas de oportunidad que cada uno pueda valorar útiles o necesarias para su personal situación.
  Bien, vayamos hacia la conclusión. Mucho he escrito, como periodista, sobre la comunicación y sus múltiples vías. Aquí y ahora, lo que quiero es recalcar otra vez que todo lo escrito y dicho, y no sólo por mi teclado, en un debate permanente que allí está en la sociedad, siempre hay que matizarlo. Internet no es el infierno ni sus habitantes son demonios. Haberlos haylos, claro, y es suficiente abrir un explorador y echar un vistazo. Lo mismo que pasa asomándose a la ventana, mirando la tele, escuchando la radio, leyendo un periódico o revista, o dándose una vuelta en cualquier calle, en cualquier local. Internet es la vida misma. Con la posibilidad de acentuar y multiplicar lo bueno y lo malo, lo sublime y el mismísimo contenido de las cloacas, por consentir cierto anonimato que puede traducirse en pantalla de la cobardía y en impunidad.
  Pero hay que reconocer, alto y claro, que en la Red hay espacio para la sonrisa no necesariamente vulgar o chabacana, para la educación y hasta para el debate sereno y constructivo - ¡milagro! - comprimido en 140 caracteres. ¿Por qué escribo esto y ahora? Porque me estoy tomando un café, tengo abierto Twitter y allí, por ejemplo, no tengo dificultad en el diálogo con un buen número de usuarios, hasta en la divergencia o en la discrepancia. Para los excesos insoportables, siempre nos queda el último recurso: “Block”.

Infierno y Paraíso - Inferno e Paradiso - Hell and Eden

Ci sono momenti nei quali è gradevole dover rettificare o, almeno, modulare una certa visione consolidata di ciò che ci circonda. L’ambiente più prossimo, il più ampio della società che ora è parte della nostra vita; anche il mondo virtuale. O meglio, quel mondo co cui non abbiamo un contatto fisico della vicinanza e che, ciò nonostante, è più prossimo di quanto lasci intravedere la virtualità digitale offerta dai mezzi informatici.
  Una lunga premessa per poi essere breve. Ciò che intendo dire, e lo affermo come individuo e allo stesso tempo come giornalista che fa il cronista, è che ogni giorno si conferma che generalizzare e sputare sentenze frettolose è sempre un errore. Il che non esclude l’adozione della più elementare prudenza, sempre evitando di entusiasmarsi troppo.
  Rilevo che Internet e tutti i suoi quartieri – social networks, blogs, fori, ecc. – presentano un aspetto, come direbbe un francese, double face. Guardiamo, per esempio, all’anonimato offerto da un’identità dichiarata in Twitter, Facebook o in qualsiasi angolo preferiamo.  Sarebbe frettoloso giudicare. Può obbedire al desiderio di trincerarsi per qualsiasi presente o futura malefatta. Può però affondare le sue motivazioni in un’innata timidezza, nella comprensibile ricerca della privacy o, anche, in considerazioni pratiche sull’opportunità che ciascuno può valutare riguardo alla propria situazione personale.
  Bene, ci avviamo verso la conclusione. Molto ho scritto, come giornalista, sulla comunicazione e le sue molteplici vie. Qui e ora, ciò che intendo è ribattere ancora una volta che tutto quanto è stato scritto e detto, en non solo con la mia tastiera, in un permanente dibattito che sta nella società, dev’essere sempre precisato. Internet non è l’inferno né i suoi abitanti sono demoni. Ci sono, è chiaro, ed è sufficiente aprire un browser per rendersene conto. La stessa cosa che accade quando schiudiamo una finestra, guardiamo la tv, ascoltiamo la radio, leggiamo un giornale o facciamo un giro in qualsiasi strada, in qualsiasi locale. Internet è la vita. Con la possibilità di accentuare e moltiplicare le cose buone e le cattive, il sublime e lo stesso contenuto delle cloache, perché consente un certo anonimato che può tradursi in schermo della codardia e dell’impunità.
  Dobbiamo però riconoscere, alto e chiaro, che nella Rete c’è spazio per il sorriso non necessariamente volgare, per l’educazione e persino per il dibattito sereno e costruttivo – miracolo! – compresso in 140 caratteri. Perché scrivo queste cose e lo faccio ora? Perché sto degustando un caffè, ho aperto Twitter e lì, per esempio, non ho difficoltà nel dialogo con un certo numero di utenti, anche nella divergenza e nella diversità. Per gli eccessi insopportabili, sempre ci resta l’ultima risorsa: “Block”.

(87) ¿Internet, un mundo virtual de cobardes y cabrones? Sí y no, como la vida misma
Internet, un mondo virtuale di codardi e figli di…? Sì e no, come la vita reale

Hay momentos en los que es agradable tener que rectificar o, de cualquier manera, modular cierta visión algo consolidada de nuestro propio entorno. El entorno más próximo, el más amplio de la sociedad y que ahora es parte de nuestras vidas; también el entorno virtual. O, mejor dicho, ese mundo con el que no tenemos un contacto físico de cercanías y que, sin embargo, está más cerca de lo que parece por la virtualidad digital ofrecida en los medios informáticos.
  Larga premisa para ser bastante breve. Lo que quiero decir, y lo digo como individuo y al mismo tiempo como periodista que ejerce de cronista, es que cada día se confirma eso de que generalizar y escupir sentencias apresuradas es siempre un error. Lo que no excluye la adopción de la más elemental prudencia, siempre evitando lanzar las campanas al vuelo.
  Constato que Internet y todos sus barrios – redes sociales, blogs, foros, etc. – presentan un aspecto, como diría un francés, double face. Por ejemplo, miremos al anonimato ofrecido por una identidad declarada en Twitter, Facebook o donde sea. Sería apresurado juzgar. Puede obedecedor al deseo de atrincherarse para cualquier posible presente y futura fechoría. Pero puede hundir sus raíces en una innata timidez, en la justificada búsqueda de privacidad o, también, en consideraciones prácticas de oportunidad que cada uno pueda valorar útiles o necesarias para su personal situación.
  Bien, vayamos hacia la conclusión. Mucho he escrito, como periodista, sobre la comunicación y sus múltiples vías. Aquí y ahora, lo que quiero es recalcar otra vez que todo lo escrito y dicho, y no sólo por mi teclado, en un debate permanente que allí está en la sociedad, siempre hay que matizarlo. Internet no es el infierno ni sus habitantes son demonios. Haberlos haylos, claro, y es suficiente abrir un explorador y echar un vistazo. Lo mismo que pasa asomándose a la ventana, mirando la tele, escuchando la radio, leyendo un periódico o revista, o dándose una vuelta en cualquier calle, en cualquier local. Internet es la vida misma. Con la posibilidad de acentuar y multiplicar lo bueno y lo malo, lo sublime y el mismísimo contenido de las cloacas, por consentir cierto anonimato que puede traducirse en pantalla de la cobardía y en impunidad.
  Pero hay que reconocer, alto y claro, que en la Red hay espacio para la sonrisa no necesariamente vulgar o chabacana, para la educación y hasta para el debate sereno y constructivo - ¡milagro! - comprimido en 140 caracteres. ¿Por qué escribo esto y ahora? Porque me estoy tomando un café, tengo abierto Twitter y allí, por ejemplo, no tengo dificultad en el diálogo con un buen número de usuarios, hasta en la divergencia o en la discrepancia. Para los excesos insoportables, siempre nos queda el último recurso: “Block”.

Infierno y Paraíso - Inferno e Paradiso - Hell and Eden

Ci sono momenti nei quali è gradevole dover rettificare o, almeno, modulare una certa visione consolidata di ciò che ci circonda. L’ambiente più prossimo, il più ampio della società che ora è parte della nostra vita; anche il mondo virtuale. O meglio, quel mondo co cui non abbiamo un contatto fisico della vicinanza e che, ciò nonostante, è più prossimo di quanto lasci intravedere la virtualità digitale offerta dai mezzi informatici.
  Una lunga premessa per poi essere breve. Ciò che intendo dire, e lo affermo come individuo e allo stesso tempo come giornalista che fa il cronista, è che ogni giorno si conferma che generalizzare e sputare sentenze frettolose è sempre un errore. Il che non esclude l’adozione della più elementare prudenza, sempre evitando di entusiasmarsi troppo.

  Rilevo che Internet e tutti i suoi quartieri – social networks, blogs, fori, ecc. – presentano un aspetto, come direbbe un francese, double face. Guardiamo, per esempio, all’anonimato offerto da un’identità dichiarata in Twitter, Facebook o in qualsiasi angolo preferiamo.  Sarebbe frettoloso giudicare. Può obbedire al desiderio di trincerarsi per qualsiasi presente o futura malefatta. Può però affondare le sue motivazioni in un’innata timidezza, nella comprensibile ricerca della privacy o, anche, in considerazioni pratiche sull’opportunità che ciascuno può valutare riguardo alla propria situazione personale.
  Bene, ci avviamo verso la conclusione. Molto ho scritto, come giornalista, sulla comunicazione e le sue molteplici vie. Qui e ora, ciò che intendo è ribattere ancora una volta che tutto quanto è stato scritto e detto, en non solo con la mia tastiera, in un permanente dibattito che sta nella società, dev’essere sempre precisato. Internet non è l’inferno né i suoi abitanti sono demoni. Ci sono, è chiaro, ed è sufficiente aprire un browser per rendersene conto. La stessa cosa che accade quando schiudiamo una finestra, guardiamo la tv, ascoltiamo la radio, leggiamo un giornale o facciamo un giro in qualsiasi strada, in qualsiasi locale. Internet è la vita. Con la possibilità di accentuare e moltiplicare le cose buone e le cattive, il sublime e lo stesso contenuto delle cloache, perché consente un certo anonimato che può tradursi in schermo della codardia e dell’impunità.
  Dobbiamo però riconoscere, alto e chiaro, che nella Rete c’è spazio per il sorriso non necessariamente volgare, per l’educazione e persino per il dibattito sereno e costruttivo – miracolo! – compresso in 140 caratteri. Perché scrivo queste cose e lo faccio ora? Perché sto degustando un caffè, ho aperto Twitter e lì, per esempio, non ho difficoltà nel dialogo con un certo numero di utenti, anche nella divergenza e nella diversità. Per gli eccessi insopportabili, sempre ci resta l’ultima risorsa: “Block”.