Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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viernes, 17 de mayo de 2013

(191) Twitter. Pseudosondeo entre filias, fobias, paz y trincheras
Twitter. Pseudosondaggio tra filie e fobie, pace e trincee


  
Lo que sigue tiene el valor que tiene, el de una simple constatación empírica. No es un sondeo ni una prospección y tampoco tiene la pretensión de ser una fotografía científica de las actitudes de la sociedad española.

Sólo se trata de la observación, a lo largo de treinta días, de las reacciones que han producido algunos de mis tweets en la Time Line que me corresponde en ese barrio de las redes sociales que es Twitter. Y algo indican esas reacciones con sus inmediatos follow/unfollow. Hablan de filias y fobias, de desdén y consenso, de irritación y sosiego.

Lo que me indican – repito, sin darles valor de prueba sociodemoscópica – es que la trincheras son como las meigas. Se niega su existencia, pero haberlas haylas. Y tienen reacciones inmediatas, automáticas. En el corto tiempo que se necesita para hacer un compulsivo “clic” para que quede claro quienes somos tirios y quienes troyanos.

Seguiremos observando confucianamente. Aquí va la primera observación, ordenada desordenadamente.

 
 
 

Largar aforismos genéricos, ocurrentes o divertidos
0 unfollw
4 follow

 
Largar citas y aforismos ambiguos, que consientan interpretar que la crítica es hacia “los demás”
1 unfollow
6 follow
 

Crítica al regusto generalizado por el insulto y/o el lenguaje soez
8 unfollow
2 follow
 

Defensa del respeto a los valores ajenos, como la fe
6 unfollow y algunos insultos
3 follow
 

Comentar datos de la @policia sobre detenciones por falsas denuncias de robo de móviles
5 unfollow
0 follow
 

Retweet de mensajes contra las drogas y sus estragos
4 unfollow
1 follow
 

Perplejidad o crítica ante acentos de nacionalismo “pasados de rosca”
11 unfollow
5 follow

 
Apuntar rasgos idiosincrásicos de esta sociedad
4 unfollow
0 follow

 
Citar que unas madres han tuiteado: “Mi hija: mejor p... que sencilla”
5 unfollow
1 follow
 

Tuitear una frase de autor relevante, demasiado culta y de no fácil comprensión
3 unfollow
1 follow

 
Después de este tweet: “Propuesta para el DRAE - coherencia. 5. f. Actitud de quienes se declaran ateos en el perfil de Twitter y preparan la Comunión de los hijos
2 unfollow
1 follow
 

Críticar la discriminación de grupos con minusvalías en locales públicos
0 unfollow
4 follow
 

Rebotar la noticia de un internauta juzgado por sus excesos verbales (calumnia, apología...)
3 unfollow
0 follow

 
 
 
* Las reacciones a tweets sobre la estricta actualidad, sobre todo en ámbito político o económico, producen reacciones tan rápidas y contradictorias que sería difícil representarlas.  
 


martes, 5 de marzo de 2013

(182) Italia y España. Sociedades convulsas entre mares y raíles
Italia e Spagna. Società convulse tra mari e binari


Ésta es la transcripción de una conversación por radio entre una unidad de la U.S. Navy y un interlocutor canadiense. Muchas fuentes la fechan en octubre de 1995 y habría ocurrido en aguas próximas a la costa de Terranova.  (1)

 
Estadounidense:
«Por favor, desvíen su curso 15 grados al norte para evitar una colisión».
 
Canadiense:
«Recomendamos que sean Uds. quienes desvíen su rumbo 15 grados al Sur, o la colisión será inevitable».
 
Estadounidense:
«Aquí el capitán de una unidad de la US NAVY. Insisto: desvíen su rumbo».
 
Canadiense:
«Y yo les repito: desvíen su rumbo».
 
Estadounidense:
«Aquí el portaaviones USS Lincoln, el segundo barco más grande de la flota de los Estados Unidos en el Atlántico. Nos acompañan tres destructores, tres cruceros y numerosos buques de apoyo. Les exijo que modifiquen ya su rumbo 15 grados Norte. Si no obedecen, adoptaremos la medidas necesarias para garantizar la seguridad de nuestras unidades».
 
Canadiense:
«Imposible. Éste es un faro».



Y este párrafo procede de un antiguo reglamento de los ferrocarriles de Kansas:

«Cuando dos trenes se cruzan en la misma vía, ambos tienen que detenerse y ninguno puede arrancar antes de que haya salido el otro».


Y ¿a qué viene todo esto?

Lo estaba recordando junto con otras historias – auténticas o pertenecientes al mundo de los hoax – como parte de la reflexión ante varios acontecimientos. Por ejemplo, las vicisitudes políticas italiana y española, cada una aderezada con su dosis de tozudez, ideologías con anteojeras, filias y fobias, antagonismos y odios viscerales, escándalos grandes o pequeños. Ambas bien condimentadas con dosis de sus peculiares y autóctonos esperpentos.

No tengo mucho que decir. O sí. Pero me limito a la primera observación. La que pone en evidencia el griterío y la reacción visceral junto con la incapacidad de bajar el volumen, callar un momento y otear el horizonte para razonar serenamente sobre cual tendría que ser el rumbo correcto. El que nos evite el desastre colectivo.

Tengo la sensación de que, aquí y allá, la intransigencia en la imposición de unas ideas (¡ojalá fueran siempre ideas!) sobre las demás conduce a rumbos ciegos que no llevan a ninguna parte. Salvo a ese totum revolutum que viene bien a quien no tiene nada que perder y a los ganadores de siempre.

La racionalidad y el sentido común – es mi sensación, cada día más acentuada – van perdiendo derecho de ciudadanía. El griterío domina. Escuchen el tono y el contenido de los medios, observen los barrios de la Red, presten atención en los bares y en la calle. No se ven muchos ladrillos para reconstruir el presente y edificar el futuro. Pero abundan lodo y apisonadoras.

Navegamos entre la tozudez de las aguas de Terranova y la inamovilidad tozuda de los raíles de Kansas.

¡Menuda derrota! En sentido marinero... y literal.



(1) Hay varias versiones de esta supuesta conversación. También hay quienes hablan de leyenda urbana (más bien marítima) y quienes la avalan. En cualquier caso – como decía un político italiano – «se non è vero, è ben trovato».
Lighthouse and naval vessel urban legend


jueves, 26 de mayo de 2011

(87) ¿Internet, un mundo virtual de cobardes y cabrones? Sí y no, como la vida misma
Internet, un mondo virtuale di codardi e figli di…? Sì e no, come la vita reale

Hay momentos en los que es agradable tener que rectificar o, de cualquier manera, modular cierta visión algo consolidada de nuestro propio entorno. El entorno más próximo, el más amplio de la sociedad y que ahora es parte de nuestras vidas; también el entorno virtual. O, mejor dicho, ese mundo con el que no tenemos un contacto físico de cercanías y que, sin embargo, está más cerca de lo que parece por la virtualidad digital ofrecida en los medios informáticos.
  Larga premisa para ser bastante breve. Lo que quiero decir, y lo digo como individuo y al mismo tiempo como periodista que ejerce de cronista, es que cada día se confirma eso de que generalizar y escupir sentencias apresuradas es siempre un error. Lo que no excluye la adopción de la más elemental prudencia, siempre evitando lanzar las campanas al vuelo.
  Constato que Internet y todos sus barrios – redes sociales, blogs, foros, etc. – presentan un aspecto, como diría un francés, double face. Por ejemplo, miremos al anonimato ofrecido por una identidad declarada en Twitter, Facebook o donde sea. Sería apresurado juzgar. Puede obedecedor al deseo de atrincherarse para cualquier posible presente y futura fechoría. Pero puede hundir sus raíces en una innata timidez, en la justificada búsqueda de privacidad o, también, en consideraciones prácticas de oportunidad que cada uno pueda valorar útiles o necesarias para su personal situación.
  Bien, vayamos hacia la conclusión. Mucho he escrito, como periodista, sobre la comunicación y sus múltiples vías. Aquí y ahora, lo que quiero es recalcar otra vez que todo lo escrito y dicho, y no sólo por mi teclado, en un debate permanente que allí está en la sociedad, siempre hay que matizarlo. Internet no es el infierno ni sus habitantes son demonios. Haberlos haylos, claro, y es suficiente abrir un explorador y echar un vistazo. Lo mismo que pasa asomándose a la ventana, mirando la tele, escuchando la radio, leyendo un periódico o revista, o dándose una vuelta en cualquier calle, en cualquier local. Internet es la vida misma. Con la posibilidad de acentuar y multiplicar lo bueno y lo malo, lo sublime y el mismísimo contenido de las cloacas, por consentir cierto anonimato que puede traducirse en pantalla de la cobardía y en impunidad.
  Pero hay que reconocer, alto y claro, que en la Red hay espacio para la sonrisa no necesariamente vulgar o chabacana, para la educación y hasta para el debate sereno y constructivo - ¡milagro! - comprimido en 140 caracteres. ¿Por qué escribo esto y ahora? Porque me estoy tomando un café, tengo abierto Twitter y allí, por ejemplo, no tengo dificultad en el diálogo con un buen número de usuarios, hasta en la divergencia o en la discrepancia. Para los excesos insoportables, siempre nos queda el último recurso: “Block”.

Infierno y Paraíso - Inferno e Paradiso - Hell and Eden

Ci sono momenti nei quali è gradevole dover rettificare o, almeno, modulare una certa visione consolidata di ciò che ci circonda. L’ambiente più prossimo, il più ampio della società che ora è parte della nostra vita; anche il mondo virtuale. O meglio, quel mondo co cui non abbiamo un contatto fisico della vicinanza e che, ciò nonostante, è più prossimo di quanto lasci intravedere la virtualità digitale offerta dai mezzi informatici.
  Una lunga premessa per poi essere breve. Ciò che intendo dire, e lo affermo come individuo e allo stesso tempo come giornalista che fa il cronista, è che ogni giorno si conferma che generalizzare e sputare sentenze frettolose è sempre un errore. Il che non esclude l’adozione della più elementare prudenza, sempre evitando di entusiasmarsi troppo.
  Rilevo che Internet e tutti i suoi quartieri – social networks, blogs, fori, ecc. – presentano un aspetto, come direbbe un francese, double face. Guardiamo, per esempio, all’anonimato offerto da un’identità dichiarata in Twitter, Facebook o in qualsiasi angolo preferiamo.  Sarebbe frettoloso giudicare. Può obbedire al desiderio di trincerarsi per qualsiasi presente o futura malefatta. Può però affondare le sue motivazioni in un’innata timidezza, nella comprensibile ricerca della privacy o, anche, in considerazioni pratiche sull’opportunità che ciascuno può valutare riguardo alla propria situazione personale.
  Bene, ci avviamo verso la conclusione. Molto ho scritto, come giornalista, sulla comunicazione e le sue molteplici vie. Qui e ora, ciò che intendo è ribattere ancora una volta che tutto quanto è stato scritto e detto, en non solo con la mia tastiera, in un permanente dibattito che sta nella società, dev’essere sempre precisato. Internet non è l’inferno né i suoi abitanti sono demoni. Ci sono, è chiaro, ed è sufficiente aprire un browser per rendersene conto. La stessa cosa che accade quando schiudiamo una finestra, guardiamo la tv, ascoltiamo la radio, leggiamo un giornale o facciamo un giro in qualsiasi strada, in qualsiasi locale. Internet è la vita. Con la possibilità di accentuare e moltiplicare le cose buone e le cattive, il sublime e lo stesso contenuto delle cloache, perché consente un certo anonimato che può tradursi in schermo della codardia e dell’impunità.
  Dobbiamo però riconoscere, alto e chiaro, che nella Rete c’è spazio per il sorriso non necessariamente volgare, per l’educazione e persino per il dibattito sereno e costruttivo – miracolo! – compresso in 140 caratteri. Perché scrivo queste cose e lo faccio ora? Perché sto degustando un caffè, ho aperto Twitter e lì, per esempio, non ho difficoltà nel dialogo con un certo numero di utenti, anche nella divergenza e nella diversità. Per gli eccessi insopportabili, sempre ci resta l’ultima risorsa: “Block”.

(87) ¿Internet, un mundo virtual de cobardes y cabrones? Sí y no, como la vida misma
Internet, un mondo virtuale di codardi e figli di…? Sì e no, come la vita reale

Hay momentos en los que es agradable tener que rectificar o, de cualquier manera, modular cierta visión algo consolidada de nuestro propio entorno. El entorno más próximo, el más amplio de la sociedad y que ahora es parte de nuestras vidas; también el entorno virtual. O, mejor dicho, ese mundo con el que no tenemos un contacto físico de cercanías y que, sin embargo, está más cerca de lo que parece por la virtualidad digital ofrecida en los medios informáticos.
  Larga premisa para ser bastante breve. Lo que quiero decir, y lo digo como individuo y al mismo tiempo como periodista que ejerce de cronista, es que cada día se confirma eso de que generalizar y escupir sentencias apresuradas es siempre un error. Lo que no excluye la adopción de la más elemental prudencia, siempre evitando lanzar las campanas al vuelo.
  Constato que Internet y todos sus barrios – redes sociales, blogs, foros, etc. – presentan un aspecto, como diría un francés, double face. Por ejemplo, miremos al anonimato ofrecido por una identidad declarada en Twitter, Facebook o donde sea. Sería apresurado juzgar. Puede obedecedor al deseo de atrincherarse para cualquier posible presente y futura fechoría. Pero puede hundir sus raíces en una innata timidez, en la justificada búsqueda de privacidad o, también, en consideraciones prácticas de oportunidad que cada uno pueda valorar útiles o necesarias para su personal situación.
  Bien, vayamos hacia la conclusión. Mucho he escrito, como periodista, sobre la comunicación y sus múltiples vías. Aquí y ahora, lo que quiero es recalcar otra vez que todo lo escrito y dicho, y no sólo por mi teclado, en un debate permanente que allí está en la sociedad, siempre hay que matizarlo. Internet no es el infierno ni sus habitantes son demonios. Haberlos haylos, claro, y es suficiente abrir un explorador y echar un vistazo. Lo mismo que pasa asomándose a la ventana, mirando la tele, escuchando la radio, leyendo un periódico o revista, o dándose una vuelta en cualquier calle, en cualquier local. Internet es la vida misma. Con la posibilidad de acentuar y multiplicar lo bueno y lo malo, lo sublime y el mismísimo contenido de las cloacas, por consentir cierto anonimato que puede traducirse en pantalla de la cobardía y en impunidad.
  Pero hay que reconocer, alto y claro, que en la Red hay espacio para la sonrisa no necesariamente vulgar o chabacana, para la educación y hasta para el debate sereno y constructivo - ¡milagro! - comprimido en 140 caracteres. ¿Por qué escribo esto y ahora? Porque me estoy tomando un café, tengo abierto Twitter y allí, por ejemplo, no tengo dificultad en el diálogo con un buen número de usuarios, hasta en la divergencia o en la discrepancia. Para los excesos insoportables, siempre nos queda el último recurso: “Block”.

Infierno y Paraíso - Inferno e Paradiso - Hell and Eden

Ci sono momenti nei quali è gradevole dover rettificare o, almeno, modulare una certa visione consolidata di ciò che ci circonda. L’ambiente più prossimo, il più ampio della società che ora è parte della nostra vita; anche il mondo virtuale. O meglio, quel mondo co cui non abbiamo un contatto fisico della vicinanza e che, ciò nonostante, è più prossimo di quanto lasci intravedere la virtualità digitale offerta dai mezzi informatici.
  Una lunga premessa per poi essere breve. Ciò che intendo dire, e lo affermo come individuo e allo stesso tempo come giornalista che fa il cronista, è che ogni giorno si conferma che generalizzare e sputare sentenze frettolose è sempre un errore. Il che non esclude l’adozione della più elementare prudenza, sempre evitando di entusiasmarsi troppo.

  Rilevo che Internet e tutti i suoi quartieri – social networks, blogs, fori, ecc. – presentano un aspetto, come direbbe un francese, double face. Guardiamo, per esempio, all’anonimato offerto da un’identità dichiarata in Twitter, Facebook o in qualsiasi angolo preferiamo.  Sarebbe frettoloso giudicare. Può obbedire al desiderio di trincerarsi per qualsiasi presente o futura malefatta. Può però affondare le sue motivazioni in un’innata timidezza, nella comprensibile ricerca della privacy o, anche, in considerazioni pratiche sull’opportunità che ciascuno può valutare riguardo alla propria situazione personale.
  Bene, ci avviamo verso la conclusione. Molto ho scritto, come giornalista, sulla comunicazione e le sue molteplici vie. Qui e ora, ciò che intendo è ribattere ancora una volta che tutto quanto è stato scritto e detto, en non solo con la mia tastiera, in un permanente dibattito che sta nella società, dev’essere sempre precisato. Internet non è l’inferno né i suoi abitanti sono demoni. Ci sono, è chiaro, ed è sufficiente aprire un browser per rendersene conto. La stessa cosa che accade quando schiudiamo una finestra, guardiamo la tv, ascoltiamo la radio, leggiamo un giornale o facciamo un giro in qualsiasi strada, in qualsiasi locale. Internet è la vita. Con la possibilità di accentuare e moltiplicare le cose buone e le cattive, il sublime e lo stesso contenuto delle cloache, perché consente un certo anonimato che può tradursi in schermo della codardia e dell’impunità.
  Dobbiamo però riconoscere, alto e chiaro, che nella Rete c’è spazio per il sorriso non necessariamente volgare, per l’educazione e persino per il dibattito sereno e costruttivo – miracolo! – compresso in 140 caratteri. Perché scrivo queste cose e lo faccio ora? Perché sto degustando un caffè, ho aperto Twitter e lì, per esempio, non ho difficoltà nel dialogo con un certo numero di utenti, anche nella divergenza e nella diversità. Per gli eccessi insopportabili, sempre ci resta l’ultima risorsa: “Block”.

lunes, 23 de mayo de 2011

(86) El glaucoma de cierto periodismo que pisa más teclados que calles; que tiene más followers que vecinos
Il glaucoma di un certo giornalismo che batte più tasti che strade; che ha più followers che concittadini

No quiero hacer aquí un análisis político de los resultados electorales, de este que algunos han definido tsunami, varapalo histórico, desastre, derrota sin paliativos. Para todo eso, y más,  tengo mi periódico y otras sedes en las que ya he expresado y seguiré expresando, a través de crónicas y artículos, lo que ha ocurrido y por qué creo que ha acontecido.
  Aquí, en este blog que se ocupa prevalentemente de nuestra profesión, de un periodismo que atraviesa momentos complejos y de transición a lo nuevo, quiero sencillamente apuntar algunas cosas. Lo hago como periodista prevalentemente del papel y, sin embargo, nunca ausente, a lo largo de mis décadas de profesión, de los medios radiofónicos, televisivos y, desde cuando surgió la Red, también de Internet. Soy, por tanto, usuario sin reservas de este mundo virtual cuyas noticias e ideas fluyen en forma de bits y bytes. Pero no soy un adorador supino, más bien un frecuentador con los ojos abiertos y, cuando es necesario, también crítico.
  Prolija premisa, la mía. A lo mejor, sí. Pero creo que viene bien ubicar el argumento y ubicarme yo para que se sepa dónde me coloco. En una posición realista, sin idolatrías, diría. Esta mañana, unas horas después de esos resultados electorales “tsunami”, solté en Twitter esta frase: «Ya tenemos la prueba de que el bar no es Twitter, el barrio no es Facebook, 35 mills de electores no son la Web». Era una de esas pequeñas provocaciones que suelo dejar por allí para animar el debate, que siempre enriquece. La formulación sintética, lo habrán entendido los frecuentadores de las redes sociales, obedece a la restricción de los 140 caracteres.
  Pues esa frase, nada inocente, viene a decir lo que constato y pienso. Constato – lo he visto día tras día en la recta final de la campaña electoral – que hay un sector en nuestra profesión, y otro sector entre los usuarios que no pertenecen al periodismo, que parece haberse convencido de que lo que ocurre entre un teclado, una pantalla y una red informática se transfiere inmediatamente a la sociedad, a la calle, a la gente común. Casi con actitud religiosa se ha creído y se ha repetido, hasta la saciedad, que un mensaje, una serie de mensaje, un movimiento producido por el intercambio de mensajes, todo eso es de por sí capaz de remover conciencias, de levantar, soliviantar, organizar, revolucionar y determinar actitudes.
  Hombre, a lo mejor un día llegaremos a las cercanías de esa posibilidad. Cuando todos estaremos online, cuando habremos pactado universalmente que el ágora (γορ) de la sociedad se traslada a este escenario y abandona casas, calles, plazas, locales. O que complementa todos esos lugares. Pero hoy, desde luego, esto ni ha ocurrido ni nos acercamos a las lejanías de la periferia de su posibilidad.
  Otra cosa es que de Internet salten chispas, que alguna llegue y prenda, que algunas llamas alcancen la realidad de cada día. Pero, seamos sinceros, el domingo todo el blablá, hasta el más sesudo, de nuestros teclados, en el voto de los españoles ha tenido una influencia más bien escasa o nula.



Non intendo fare qui un’analisi politica dei risultati elettorali, di quello che alcuni hanno definito tsunami, batosta storica, disastro, sconfitta senza eufemismi. Per tutto ciò, e per molti altri aspetti, ho il mio giornale e altre sedi nelle quali ho già espresso e continuerò a esprimere, attraverso cronache e articoli, ciò che è accaduto e perché credo che sia accaduto.
  Qui, in questo blog che si occupa prevalentemente della nostra professione, di un giornalismo che attraversa momenti complessi e di transizione verso il nuovo, vorrei semplicemente annotare alcune cose. Lo faccio come giornalista prevalentemente della carta stampata e, ciò nonostante, mai assente, nei miei decenni di attività, dai mezzi radiofonici, televisivi e, da quando comparve la Rete, anche d’Internet. Sono, pertanto, un utente senza riserve di questo mondo virtuale le cui notizie e idee fluiscono sotto forma di bits e byte. Non sono, però, un adoratore supino, forse solo un frequentatore con gli occhi aperti e, quand’è necessario, anche critico.
  Una premessa prolissa, la mia. Sì, è possibile. Credo, però, che non sia male ubicare l’argomento e allo stesso tempo ubicarmi, affinché si possa sapere esattamente dove mi colloco. In una posizione realista e priva d’idolatrie, direi. Stamani, poche ore dopo quei risultati elettorali “tsunami”, lasciai cadere in Twitter questa frase: «Abbiamo già la prova che il bar non è Twitter, il quartiere non è Facebook, 35 mln di elettori non sono la Web». Era una delle mie piccole provocazioni che faccio scivolare nella Rete per animare il dibattito, sempre utile. La formulazione sintetica, lo avranno compreso i frequentatori delle reti sociali, obbedisce alla restrizione dei 140 caratteri.
  Quella frase, certamente non innocente, viene a dire ciò che ho constatato e penso. Rilevo – l’ho visto giorno dietro giorno nella retta finale della campagna elettorale – che c’è un settore nella nostra professione, e un altro settore tra gli utenti che non svolgono attività giornalistica, che sembra essersi convinto che ciò che accade tra una tastiera, lo schermo e una rete informatica si trasferisce immediatamente alla società, alla strada, alla piazza, alla gente comune. Quasi con atteggiamento religioso, si è creduto e si è ripetuto, fino alla sazietà, che un messaggio, una serie di messaggi, un movimento prodotto dallo scambio di messaggi, tutto ciò sarebbe in grado di smuovere coscienze, di sollevare, organizzare, rivoluzionare e determinare atteggiamenti.
  Mah, forse un giorno giungeremo alle prossimità di quella possibilità. Quando tutti saremo online, quando avremo pattuito universalmente che l’agorà (γορ) della società si trasferisce a questo scenario e abbandona case, vie, piazze, locali. Oppure sarà complemento di tutti quei luoghi. Oggi, però, tutto ciò non è avvenuto e non ci stiamo approssimando neppure alle lontananze della periferia di quella possibilità.
  Ben altra cosa è dire che da Internet saltino fuori scintille, che qualcuna riesca a innescare una fiamma, che alcune fiamme possano raggiungere la realtà quotidiana. Siamo però sinceri, domenica tutto il bla blablà, anche il più profondo, delle nostre tastiere, sul voto degli spagnoli ha avuto un’influenza molto scarsa o nulla.

martes, 26 de abril de 2011

(74) Gutenberg ha muerto. ¡Viva la Web! - El gran cacao mental entre viejo y “¿nuevo?” periodismo
Gutenberg è morto. Viva la Web! - La grande confusione tra il vecchio e il “nuovo?” giornalismo

No es la primera vez. He dado una enésima vuelta, fisgoneando y escuchando, en foros italianos y españoles en los que muchos colegas, y aspirantes colegas, se miran el ombligo mientras otros, los menos, intentan que el periodismo de ayer y el de hoy puedan instalar puentes de comprensión y de colaboración. Lo siento, después de atragantarme con teorías de todo tipo (parole…parole...), sigo instalado en la decepción, en una decepción mayúscula.
  La mayoría decreta sin apelación la segunda y definitiva muerte de Gutenberg y la desaparición de toda su galaxia. Y mira con mucho candor a lo nuevo. Pero muy pocos abogan por calidad, fiabilidad, independencia, credibilidad y viabilidad. Lo rápido y eficaz, con que se lea, es el objetivo. Y que alguien pague el juguete, es decir el medio, que gaste sin preguntar si hay horizonte de beneficios y, además, que no incordie a la redacción porque el medio es de los periodistas. Y de nadie más.
  Luego hay muchos vuelos fantásticos sobre el mito de eso que se define como “periodismo ciudadano”, sobre las estrategias de captación de lectores y una larga retahíla de propuestas para crecer, seguir creciendo y llegar a ser alguien en el mundo de los medios virtuales.
  Otro apunte. Nadie, o casi nadie, entre los que abogan para que alguien apueste por nuevas vías de información on line, presenta el relativo plan financiero. Y sigo preguntándome: ¿Por qué alguien tendría que invertir un dinero, sus cuartos,  en lo que no ve? O en lo que ve demasiado fácil y por eso desconfía.
  Que conste. Estoy on line desde cuando Internet todavía ni siquiera era Arpanet; cuando unos cuantos, pocos miles en todo el mundo, conectábamos con las entonces heroicas redes BBS, con pantallas de sólo texto en ámbar y no más de 32 o 64 Kbytes de memoria. Y los soportes de memorias eran tarjetas perforadas de cartulina y cintas. Pero hoy, aun creyendo posibles los milagros, percibo más entusiasmo que capacidad de empresa. Porque de eso se trata, de empresas periodísticas, no sólo de escribir y navegar.
  De momento, una mano firmemente agarrada a mi amigo Gutenberg y la otra prudentemente tendida hacia el presente y el inescrutable futuro. Sin soñar y con los ojos bien abiertos.


Non è la prima volta. Ho fatto un ennesimo giro, curiosando e ascoltando, nei fori italiani e spagnoli in cui molto colleghi, e aspiranti colleghi, si guardano l’ombelico mentre altri, una minoranza, cercano di far sì che il giornalismo di ieri e quello di oggi possano lanciare ponti di comprensione e collaborazione. Mi spiace, dopo aver fatto indigestione di teorie di vario genere (parole…parole…), mi mantengo nello scetticismo, in un grande e deluso scetticismo.  
  La maggioranza decreta senza appello la seconda e definitiva morte di Gutenberg e la scomparsa di tutta la sua galassia. E guarda con grande candore al nuovo. Ben pochi, però, auspicano qualità, affidabilità, indipendenza, attendibilità e fattibilità. Rapido ed efficace, l’importante è che si legga, è il binomio, parola d’ordine e obiettivo. E poi, che qualcuno paghi il giocattolo, cioè il mezzo, che spenda senza fare domande su possibili orizzonti di utili e, inoltre, che non rompa le scatole alla redazione perché i media sono dei giornalisti. E di nessun altro.
  Poi ci sono molti voli pindarici sul mito di quello che è definito “giornalismo civico” o “giornalismo cittadino”, sulle strategie di captazione dei lettori e una lunga teoria di proposte per crescere, crescere e raggiungere il traguardo: essere qualcuno nel mondo dei media virtuali.
  Un altro appunto. Nessuno, o pressoché nessuno, tra chi chiede che qualcuno scommetta su nuove vie dell’informazione on line, presenta il relativo budget. E così continuo a chiedermi: per quale motivo qualcuno dovrebbe investire i suoi denari, in ciò che non vede? O investire in ciò che gli è dipinto come troppo facile e, pertanto, non si fida.
  Per la cronaca, io sono on line da quando Internet non era ancora neppure Arpanet; da quando alcuni, poche migliaia al mondo, ci collegavamo con le allora eroiche retti Bbs, con schermi di solo testo color ambra e non più di 32 o 64 Kilobytes di memoria. E i supporti memoria erano schede perforate di cartolina o nastri.  Oggi, però, nonostante ritenga possibili i miracoli, percepisco più entusiasmo che capacità d’impresa. Perché proprio di questo si tratta, di imprese giornalistiche, non solo di scrivere e navigare.
  Per ora resto con una mano fermamente afferrata al mio amico Gutenberg e con l’altra prudentemente tesa verso il presente e l’imperscrutabile futuro. Senza sognare e con gli occhi ben aperti.

viernes, 11 de febrero de 2011

(43) Comunicación humor y esperanza
Comunicazione, umore e speranza

  Egipto. Una revolución muy juvenil, muy informatizada, toda on line. También una revolución bastante pacífica, dentro de lo que cabe, en la que tampoco ha faltado el humor, hasta cuando las cosas estaban muy confusas y se pasaba de la euforia a la frustración. Este es un ejemplo de ese humor, en Twitter.
  Egitto. Una rivoluzione molto giovanile, molto informatizzata, tutta on line. Anche una rivoluzione abbastanza pacifica, in grande misura, nella quale non è mancato neppure l'umore, perfino quando le cose si facevano molto confuse e si passava dall'euforia alla frustrazione. Questo è un esempio di quell'umore, in Twitter.


  Y finalmente, esta tarde, la noticia. La "desinstalación continúa". Si todo acaba bien, será también un triunfo de la comunicación. ¡Inch'Allah!
  E finalmente, oggi pomeriggio, la notizia. La "disinstallazione" continua. Se tutto procederà per il meglio, sarà anche una vittoria della comunicazione. Inch'Allah!

jueves, 10 de febrero de 2011

(42) La libertad de expresión de los imbéciles suele producir imbecilidades. Mucho más numerosas y evidentes en el anonimato on line
La libertà d'espressione degli imbecilli è solita produrre imbecillità. Molto più numerose ed evidenti nell'anonimato online

La noticia:
La notizia:


Y aquí van algunas de las muchas opiniones de los internautas:
Ed ecco alcune tra le molte opinioni degli internauti:


Esto no quita que, dentro de los límites fijados democráticamente con consenso social, seguiré defendiendo el derecho de cada uno a expresarse libremente. Pero tenemos que esperar estas cosas, que son sencillamente un ejemplo, la punta de un inmenso, repugnante y sin embargo democrático iceberg.
  Lástima, además, que la madre de los imbéciles esté permanentemente embarazada y que sus partos sean a menudo múltiples.

Ciò non toglie che, entro limiti legali fissati democraticamente con consenso sociale, continuerò a difendere il diritto di ciascuno a esprimersi con libertà. Dobbiamo però fare i conti anche con queste cose, che sono semplicemente un esempio, la punta di un immenso, ripugnante ma democratico iceberg.
  Purtroppo, la madre degli imbecilli è permanentemente incinta e i suoi parti sono spesso plurimi.

jueves, 13 de enero de 2011

(29) Muerte prematura y algo exagerada
Morte prematura e alquanto esagerata

«Mira alrededor: lo primero que se hace al llegar a una redacción de informativos, en radio como televisión, es leer o por lo menos echar un vistazo a la prensa del día. Y lo último que se suele hacer en las redacciones de los periódicos, poco antes del cierre de la primera edición del día, es ver como titulan los telediarios de la noche».
  Esto comentábamos con la compañera, todavía joven pero curtida en nuestros menesteres, porque ambos veníamos de una divertida y perpleja charla sobre las exageraciones de un conocido personaje. Alguien que a los periodistas del papel nos ve casi como a dinosaurios y que a diario vaticina nuestra muerte inminente. Lo afirma en parte convencido y en parte con exageraciones que son sintomáticas de su carácter de gran provocador, cínico y a menudo ameno.
  Venía yo, esta mañana, también de la lectura del enésimo debate en un foro de conocidos jóvenes periodistas de la web – blogeros, redactores del online y de nuevas formas de expresión instantánea – y venia de leer allí también, en ese foro, la enésima afirmación de que el papel está en las últimas, que los kioscos pueden cerrar de un momento a otro.
  Que estamos en momentos de transición, nadie lo niega. Pero ni más ni menos, o de manera parecida, que cuando se afirmaba que el nuevo invento, la radio, mataría a la prensa. Luego vino la televisión, supuesto killer de la radio. Y ahora el candidato al rol de verdugo sería el mundo on line, ejecutor de la prensa de papel y de todo lo demás que ha venido después.
  Pues nadie niega que estamos atravesando una crisis de crecimiento, que la introducción de nuevos canales de comunicación está alterando el panorama y esta nueva profesión. Pero también es verdad que, por enésima vez, esa boutade de Mark Twain, en su carta al New York Journal, vuelva a ser una ocurrencia de estricta actualidad: «Las noticias sobre mi muerte han sido algo exageradas».

«Guardati attorno. La prima cosa che si fa giungendo in redazione, in quella di un tg o di un giornale radio, è leggere o comunque dare un’occhiata alla stampa del giorno. E l’ultima cosa che si fa, prima di chiudere la prima edizione di un quotidiano, è dare un’occhiata ai titoli dei tg della sera e deklla notte».
  Era questo il commento, stamani, con una collega ancora giovane ma veterana nella nostra professione, perché entrambi venivamo da una divertente e perplessa chiacchierata sulle esagerazioni di un noto personaggio. Qualcuno che noi giornalisti della carta stampata ci vede quasi come dinosauri e che quotidianamente vaticina la nostra morte imminente. Lo afferma in parte convinto e in gran parte con esagerazioni sintomatiche del suo carattere di grande provocatore, cinico e spesso ameno.
  Io venivo, stamani, anche dalla lettura dell’ennesimo dibattito in un foro di noti giovani giornalisti della web – bloggers, redattori dell’online e di nuove forme di espressione istantanea – e venivo dalla lettura, sempre in quel foro, dell’ennesima affermazione che la carta stampa vive i suoi ultimi giorni, che le edicole possono chiudere da un momento all’altro.
  Che ci troviamo in un momento di transizione, questo nessuno lo nega. Ma né più né meno o in modo simile a quando si affermava che la nuova invenzione, la radio, avrebbe ucciso la carta stampata. Poi venne la tv, ipotetico killer della radio. Ed ora il candidato al ruolo di boia sarebbe il mondo online, giustiziere della stampa cartacea e di tutto ciò che è venuto successivamente.
  Nessuno nega che si stia attraversando una crisi di crescita, che l’introduzione di nuovi canali di comunicazione stia alterando il panorama e la nostra professione. Ma è altrettanto vero che, per l’ennesima volta, questa boutade di Mark Twain, nella sua lettera al New York Journal, orna ad essere una trovata di grande attualità: «Le notizie sulla mia morte sono state alquanto esagerate».