Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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viernes, 17 de mayo de 2013

(191) Twitter. Pseudosondeo entre filias, fobias, paz y trincheras
Twitter. Pseudosondaggio tra filie e fobie, pace e trincee


  
Lo que sigue tiene el valor que tiene, el de una simple constatación empírica. No es un sondeo ni una prospección y tampoco tiene la pretensión de ser una fotografía científica de las actitudes de la sociedad española.

Sólo se trata de la observación, a lo largo de treinta días, de las reacciones que han producido algunos de mis tweets en la Time Line que me corresponde en ese barrio de las redes sociales que es Twitter. Y algo indican esas reacciones con sus inmediatos follow/unfollow. Hablan de filias y fobias, de desdén y consenso, de irritación y sosiego.

Lo que me indican – repito, sin darles valor de prueba sociodemoscópica – es que la trincheras son como las meigas. Se niega su existencia, pero haberlas haylas. Y tienen reacciones inmediatas, automáticas. En el corto tiempo que se necesita para hacer un compulsivo “clic” para que quede claro quienes somos tirios y quienes troyanos.

Seguiremos observando confucianamente. Aquí va la primera observación, ordenada desordenadamente.

 
 
 

Largar aforismos genéricos, ocurrentes o divertidos
0 unfollw
4 follow

 
Largar citas y aforismos ambiguos, que consientan interpretar que la crítica es hacia “los demás”
1 unfollow
6 follow
 

Crítica al regusto generalizado por el insulto y/o el lenguaje soez
8 unfollow
2 follow
 

Defensa del respeto a los valores ajenos, como la fe
6 unfollow y algunos insultos
3 follow
 

Comentar datos de la @policia sobre detenciones por falsas denuncias de robo de móviles
5 unfollow
0 follow
 

Retweet de mensajes contra las drogas y sus estragos
4 unfollow
1 follow
 

Perplejidad o crítica ante acentos de nacionalismo “pasados de rosca”
11 unfollow
5 follow

 
Apuntar rasgos idiosincrásicos de esta sociedad
4 unfollow
0 follow

 
Citar que unas madres han tuiteado: “Mi hija: mejor p... que sencilla”
5 unfollow
1 follow
 

Tuitear una frase de autor relevante, demasiado culta y de no fácil comprensión
3 unfollow
1 follow

 
Después de este tweet: “Propuesta para el DRAE - coherencia. 5. f. Actitud de quienes se declaran ateos en el perfil de Twitter y preparan la Comunión de los hijos
2 unfollow
1 follow
 

Críticar la discriminación de grupos con minusvalías en locales públicos
0 unfollow
4 follow
 

Rebotar la noticia de un internauta juzgado por sus excesos verbales (calumnia, apología...)
3 unfollow
0 follow

 
 
 
* Las reacciones a tweets sobre la estricta actualidad, sobre todo en ámbito político o económico, producen reacciones tan rápidas y contradictorias que sería difícil representarlas.  
 


jueves, 20 de septiembre de 2012

(156) La mejor ciudad para suicidarse… y otra (real y virtual) para odiar a destajo…
La miglior città per suicidarsi… e un’altra (reale e virtuale) per odiare a cottimo…
























En los ’80, en un artículo en las páginas de Cultura (y por tanto con ciertas licencias literarias y concesión de “imágenes”) a propósito de la decadencia, de la “saudade” y del aspecto de esa Lisboa, escribí en mi periódico que la capital portuguesa podía ser “la ciudad ideal para suicidarse”.
  Era evidentemente una imagen, lejos de mí la incitación a quitarse la vida o la voluntad de desprestigiar una ciudad que he vivido mucho y de la cual he contado sus avatares a partir de la Revolução dos Cravos.
  Pero ese artículo no pasó desapercibido y, además de algunos amigos portugueses, se me enojó incluso el entonces embajador lusitano en una capital europea.
  Con el recuerdo de esa imagen y de ese artículo, ahora, con la observación cotidiana y viviendo cada minuto de esta misma sociedad, casi podría atreverme – siempre con alguna “imagen” – a escribir una larga pieza sobre Madrid.
  Y correría el riesgo de que se me escapara alguna afirmación como: “Hay pocos lugares, como Madrid (o sus redes sociales), en los que se perciba un mejor caldo de cultivo para el odio, el odio visceral que no deja espacio para acercarse con respeto a las razones del otro”.
  Pero sería una percepción incompleta, porque la observación de cada día, acentuada en los últimos años, me llevaría a salir de la capital y dar un amplio garbeo constatando más de lo mismo. Con todas su excepciones, claro.
  No creo que lo escribiré. ¿Para qué echarle más gasolina al fuego de los incendiarios militantes de un odio que se guarda en las tripas y se ostenta como oro en paño?


jueves, 26 de mayo de 2011

(87) ¿Internet, un mundo virtual de cobardes y cabrones? Sí y no, como la vida misma
Internet, un mondo virtuale di codardi e figli di…? Sì e no, come la vita reale

Hay momentos en los que es agradable tener que rectificar o, de cualquier manera, modular cierta visión algo consolidada de nuestro propio entorno. El entorno más próximo, el más amplio de la sociedad y que ahora es parte de nuestras vidas; también el entorno virtual. O, mejor dicho, ese mundo con el que no tenemos un contacto físico de cercanías y que, sin embargo, está más cerca de lo que parece por la virtualidad digital ofrecida en los medios informáticos.
  Larga premisa para ser bastante breve. Lo que quiero decir, y lo digo como individuo y al mismo tiempo como periodista que ejerce de cronista, es que cada día se confirma eso de que generalizar y escupir sentencias apresuradas es siempre un error. Lo que no excluye la adopción de la más elemental prudencia, siempre evitando lanzar las campanas al vuelo.
  Constato que Internet y todos sus barrios – redes sociales, blogs, foros, etc. – presentan un aspecto, como diría un francés, double face. Por ejemplo, miremos al anonimato ofrecido por una identidad declarada en Twitter, Facebook o donde sea. Sería apresurado juzgar. Puede obedecedor al deseo de atrincherarse para cualquier posible presente y futura fechoría. Pero puede hundir sus raíces en una innata timidez, en la justificada búsqueda de privacidad o, también, en consideraciones prácticas de oportunidad que cada uno pueda valorar útiles o necesarias para su personal situación.
  Bien, vayamos hacia la conclusión. Mucho he escrito, como periodista, sobre la comunicación y sus múltiples vías. Aquí y ahora, lo que quiero es recalcar otra vez que todo lo escrito y dicho, y no sólo por mi teclado, en un debate permanente que allí está en la sociedad, siempre hay que matizarlo. Internet no es el infierno ni sus habitantes son demonios. Haberlos haylos, claro, y es suficiente abrir un explorador y echar un vistazo. Lo mismo que pasa asomándose a la ventana, mirando la tele, escuchando la radio, leyendo un periódico o revista, o dándose una vuelta en cualquier calle, en cualquier local. Internet es la vida misma. Con la posibilidad de acentuar y multiplicar lo bueno y lo malo, lo sublime y el mismísimo contenido de las cloacas, por consentir cierto anonimato que puede traducirse en pantalla de la cobardía y en impunidad.
  Pero hay que reconocer, alto y claro, que en la Red hay espacio para la sonrisa no necesariamente vulgar o chabacana, para la educación y hasta para el debate sereno y constructivo - ¡milagro! - comprimido en 140 caracteres. ¿Por qué escribo esto y ahora? Porque me estoy tomando un café, tengo abierto Twitter y allí, por ejemplo, no tengo dificultad en el diálogo con un buen número de usuarios, hasta en la divergencia o en la discrepancia. Para los excesos insoportables, siempre nos queda el último recurso: “Block”.

Infierno y Paraíso - Inferno e Paradiso - Hell and Eden

Ci sono momenti nei quali è gradevole dover rettificare o, almeno, modulare una certa visione consolidata di ciò che ci circonda. L’ambiente più prossimo, il più ampio della società che ora è parte della nostra vita; anche il mondo virtuale. O meglio, quel mondo co cui non abbiamo un contatto fisico della vicinanza e che, ciò nonostante, è più prossimo di quanto lasci intravedere la virtualità digitale offerta dai mezzi informatici.
  Una lunga premessa per poi essere breve. Ciò che intendo dire, e lo affermo come individuo e allo stesso tempo come giornalista che fa il cronista, è che ogni giorno si conferma che generalizzare e sputare sentenze frettolose è sempre un errore. Il che non esclude l’adozione della più elementare prudenza, sempre evitando di entusiasmarsi troppo.
  Rilevo che Internet e tutti i suoi quartieri – social networks, blogs, fori, ecc. – presentano un aspetto, come direbbe un francese, double face. Guardiamo, per esempio, all’anonimato offerto da un’identità dichiarata in Twitter, Facebook o in qualsiasi angolo preferiamo.  Sarebbe frettoloso giudicare. Può obbedire al desiderio di trincerarsi per qualsiasi presente o futura malefatta. Può però affondare le sue motivazioni in un’innata timidezza, nella comprensibile ricerca della privacy o, anche, in considerazioni pratiche sull’opportunità che ciascuno può valutare riguardo alla propria situazione personale.
  Bene, ci avviamo verso la conclusione. Molto ho scritto, come giornalista, sulla comunicazione e le sue molteplici vie. Qui e ora, ciò che intendo è ribattere ancora una volta che tutto quanto è stato scritto e detto, en non solo con la mia tastiera, in un permanente dibattito che sta nella società, dev’essere sempre precisato. Internet non è l’inferno né i suoi abitanti sono demoni. Ci sono, è chiaro, ed è sufficiente aprire un browser per rendersene conto. La stessa cosa che accade quando schiudiamo una finestra, guardiamo la tv, ascoltiamo la radio, leggiamo un giornale o facciamo un giro in qualsiasi strada, in qualsiasi locale. Internet è la vita. Con la possibilità di accentuare e moltiplicare le cose buone e le cattive, il sublime e lo stesso contenuto delle cloache, perché consente un certo anonimato che può tradursi in schermo della codardia e dell’impunità.
  Dobbiamo però riconoscere, alto e chiaro, che nella Rete c’è spazio per il sorriso non necessariamente volgare, per l’educazione e persino per il dibattito sereno e costruttivo – miracolo! – compresso in 140 caratteri. Perché scrivo queste cose e lo faccio ora? Perché sto degustando un caffè, ho aperto Twitter e lì, per esempio, non ho difficoltà nel dialogo con un certo numero di utenti, anche nella divergenza e nella diversità. Per gli eccessi insopportabili, sempre ci resta l’ultima risorsa: “Block”.

(87) ¿Internet, un mundo virtual de cobardes y cabrones? Sí y no, como la vida misma
Internet, un mondo virtuale di codardi e figli di…? Sì e no, come la vita reale

Hay momentos en los que es agradable tener que rectificar o, de cualquier manera, modular cierta visión algo consolidada de nuestro propio entorno. El entorno más próximo, el más amplio de la sociedad y que ahora es parte de nuestras vidas; también el entorno virtual. O, mejor dicho, ese mundo con el que no tenemos un contacto físico de cercanías y que, sin embargo, está más cerca de lo que parece por la virtualidad digital ofrecida en los medios informáticos.
  Larga premisa para ser bastante breve. Lo que quiero decir, y lo digo como individuo y al mismo tiempo como periodista que ejerce de cronista, es que cada día se confirma eso de que generalizar y escupir sentencias apresuradas es siempre un error. Lo que no excluye la adopción de la más elemental prudencia, siempre evitando lanzar las campanas al vuelo.
  Constato que Internet y todos sus barrios – redes sociales, blogs, foros, etc. – presentan un aspecto, como diría un francés, double face. Por ejemplo, miremos al anonimato ofrecido por una identidad declarada en Twitter, Facebook o donde sea. Sería apresurado juzgar. Puede obedecedor al deseo de atrincherarse para cualquier posible presente y futura fechoría. Pero puede hundir sus raíces en una innata timidez, en la justificada búsqueda de privacidad o, también, en consideraciones prácticas de oportunidad que cada uno pueda valorar útiles o necesarias para su personal situación.
  Bien, vayamos hacia la conclusión. Mucho he escrito, como periodista, sobre la comunicación y sus múltiples vías. Aquí y ahora, lo que quiero es recalcar otra vez que todo lo escrito y dicho, y no sólo por mi teclado, en un debate permanente que allí está en la sociedad, siempre hay que matizarlo. Internet no es el infierno ni sus habitantes son demonios. Haberlos haylos, claro, y es suficiente abrir un explorador y echar un vistazo. Lo mismo que pasa asomándose a la ventana, mirando la tele, escuchando la radio, leyendo un periódico o revista, o dándose una vuelta en cualquier calle, en cualquier local. Internet es la vida misma. Con la posibilidad de acentuar y multiplicar lo bueno y lo malo, lo sublime y el mismísimo contenido de las cloacas, por consentir cierto anonimato que puede traducirse en pantalla de la cobardía y en impunidad.
  Pero hay que reconocer, alto y claro, que en la Red hay espacio para la sonrisa no necesariamente vulgar o chabacana, para la educación y hasta para el debate sereno y constructivo - ¡milagro! - comprimido en 140 caracteres. ¿Por qué escribo esto y ahora? Porque me estoy tomando un café, tengo abierto Twitter y allí, por ejemplo, no tengo dificultad en el diálogo con un buen número de usuarios, hasta en la divergencia o en la discrepancia. Para los excesos insoportables, siempre nos queda el último recurso: “Block”.

Infierno y Paraíso - Inferno e Paradiso - Hell and Eden

Ci sono momenti nei quali è gradevole dover rettificare o, almeno, modulare una certa visione consolidata di ciò che ci circonda. L’ambiente più prossimo, il più ampio della società che ora è parte della nostra vita; anche il mondo virtuale. O meglio, quel mondo co cui non abbiamo un contatto fisico della vicinanza e che, ciò nonostante, è più prossimo di quanto lasci intravedere la virtualità digitale offerta dai mezzi informatici.
  Una lunga premessa per poi essere breve. Ciò che intendo dire, e lo affermo come individuo e allo stesso tempo come giornalista che fa il cronista, è che ogni giorno si conferma che generalizzare e sputare sentenze frettolose è sempre un errore. Il che non esclude l’adozione della più elementare prudenza, sempre evitando di entusiasmarsi troppo.

  Rilevo che Internet e tutti i suoi quartieri – social networks, blogs, fori, ecc. – presentano un aspetto, come direbbe un francese, double face. Guardiamo, per esempio, all’anonimato offerto da un’identità dichiarata in Twitter, Facebook o in qualsiasi angolo preferiamo.  Sarebbe frettoloso giudicare. Può obbedire al desiderio di trincerarsi per qualsiasi presente o futura malefatta. Può però affondare le sue motivazioni in un’innata timidezza, nella comprensibile ricerca della privacy o, anche, in considerazioni pratiche sull’opportunità che ciascuno può valutare riguardo alla propria situazione personale.
  Bene, ci avviamo verso la conclusione. Molto ho scritto, come giornalista, sulla comunicazione e le sue molteplici vie. Qui e ora, ciò che intendo è ribattere ancora una volta che tutto quanto è stato scritto e detto, en non solo con la mia tastiera, in un permanente dibattito che sta nella società, dev’essere sempre precisato. Internet non è l’inferno né i suoi abitanti sono demoni. Ci sono, è chiaro, ed è sufficiente aprire un browser per rendersene conto. La stessa cosa che accade quando schiudiamo una finestra, guardiamo la tv, ascoltiamo la radio, leggiamo un giornale o facciamo un giro in qualsiasi strada, in qualsiasi locale. Internet è la vita. Con la possibilità di accentuare e moltiplicare le cose buone e le cattive, il sublime e lo stesso contenuto delle cloache, perché consente un certo anonimato che può tradursi in schermo della codardia e dell’impunità.
  Dobbiamo però riconoscere, alto e chiaro, che nella Rete c’è spazio per il sorriso non necessariamente volgare, per l’educazione e persino per il dibattito sereno e costruttivo – miracolo! – compresso in 140 caratteri. Perché scrivo queste cose e lo faccio ora? Perché sto degustando un caffè, ho aperto Twitter e lì, per esempio, non ho difficoltà nel dialogo con un certo numero di utenti, anche nella divergenza e nella diversità. Per gli eccessi insopportabili, sempre ci resta l’ultima risorsa: “Block”.