Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

sábado, 1 de marzo de 2014

(206) Anne Resusci, o Resusci Anne. La bella desconocida que muriendo en el Sena vive dando vida
Anne Resusci, o Resusci Anne. La bella sconosciuta che morendo nella Senna vive dando vita


Hoy en día se la conoce como Anne Resusci – o mejor dicho, Resusci Anne – pero lo cierto es que nunca supimos su nombre, de donde procedía, donde y como vivió y, mucho menos, cuales fueron las circunstancias de su muerte. Lo único cierto es que un día del año 1880 – tampoco conocemos la fecha exacta – a la morgue de la parisina Île de la Cité llegó un cuerpo, el de una mujer que flotaba, sin vida, en las aguas del Sena.

La máscara mortuoria
El médico forense de turno concluyó rutinariamente que la desconocida había muerto ahogada y, no sabemos con cual fundamento, certificó que se trataba de un suicidio. Pero uno de los empleados del tanatorio prestó algo más de atención, quedó intrigado por el rostro bello y enigmático de la desconocida y decidió plasmar su expresión en un molde, una máscara mortuoria sin la cual hoy no estaríamos hablando de la mujer y de su muerte sin aclarar.

Y ocurrió lo inesperado, algo que hoy con nuestro rápidos y masivos
medios de comunicación global comprendemos fácilmente. La noticia de esa muerte sin nombre ni explicaciones, sin más datos que el relato de la recuperación de un cadáver de las aguas parisinas, acabó en los periódicos. Y ese drama en el anonimato fascinó e intrigó a los parisinos, y no sólo a ellos. Hubo días en los que cientos, a veces hasta miles de personas, desfilaron por la morgue para ver a la "desconocida del Sena” expuesta en una mesa de mármol blanco ligeramente inclinada y protegida por un simple vidrio. En realidad, salvo el gran número de visitantes, se trataba de un ritual macabro pero necesario para intentar identificar a los muertos anónimos que habían acabado sus días en las calles o en las aguas del río.

Pero la desconocida que nos ocupa tenía todos los ingredientes para alimentar la fantasía popular, ya predispuesta por los medios de comunicación y reforzada por la máscara mortuoria de ese rostro bello, sonriente y enigmático.

De París a Francia, de Francia a media Europa. La difusión de ese hallazgo, aderezado por supuestos datos y mucha fantasía, se debe a una serie de artistas que se inspiraron en la joven muerta y, sobre todo, a la pluma del escritor Rainer Maria Rilke, que en 1902 escribió: «En la puerta de la tienda frente a la cual paso todos los días había dos máscaras colgadas... las de un rostro hermoso y sonriente... una sonrisa temblorosa». Fue sólo el comienzo. Luego vinieron Louis Aragon, Vladimir Nabokov y muchos otros, como Jules Supervielle, que, ya estamos en 1931, escribió una historia muy novelada titulada “La desconocida del Sena”, o Richard Le Gallienne con su “El adorador de la imagen”. Y todos tenían una teoría sobre la identidad de la desconocida que iba desde la campesina a la encargada de una tienda, pasando por una vagabunda a una chica bien que fue echada de su casa.

Del dramático y casi rutinario hallazgo, en una ciudad como París, a la leyenda, el paso fue breve. Pero en este caso la leyenda se hizo realidad y felizmente un evento de muerte dio paso a salvar vidas. Muchas, muchísimas, seguro que unas cuantas en el breve espacio de tiempo en el que Ud. lee esta frase.

El doctor Peter Safar (1924-2003)
En 1958, un médico austriaco emigrado a los EEUU, Peter Safar, con la colaboración del colega James Elam, desarrolló una novedosa técnica para recuperar a pacientes víctimas de una parada cardiaca. Safar unió en un sólo protocolo el masaje torácico con la respiración boca a boca. Así surgió la metodología de la que hoy conocemos como RCP (Reanimación Cardio Pulmonar, CPR en inglés).

Millones de personas, desde entonces, sólo pueden dar las gracias a los servicios de emergencia, a los médicos de urgencia y de las UVI, a los ciudadanos que ha realizados específicos cursos y a todos quienes han sabido responder a una parada cardiaca con eficacia tempestividad (y suerte) a la espera de la llegada de un desfibrilador.

Maniquí Resusci-Anne para prácticas RCP
Claro, también a la desconocida del Sena. Porque el doctor Safar tomó contacto, durante la elaboración del método, con el noruego Asmund Laerdal, fabricante de juguetes y muñecas, y le encargó un maniquí, un “mezzo busto”, para que quienes tuviesen que aprender la RCP pudieran hacer prácticas. La muñeca, por una precisa elección de Laerdal «porque tiene talla humana y rostro muy realista», tuvo el semblante de la joven rescatada de las aguas y se le dio un nombre que a partir de un episodio de muerte llegó a ser sinónimo de vida.

Nació Resusci-Anne, hoy muy popular y presente en todos los centros médicos de enseñanza y prácticas, la gran amiga de servicios de emergencia como el de mis amigos del SAMUR-PC, que utilizan a Anne para que la capacidad de respuesta ante un paro cardiaco esté también en manos de colectivos como policía y bomberos y, progresivamente, se extienda entre los ciudadanos.

Aquí estoy refrescando técnicas de RCP y desfibrilación  con
el Dr. Alfonso Morán y la enfermera Almudena Concejero,
en la central madrileña del SAMUR-PC
 
Resusci-Anne, con ese mismo rostro o muy parecido, es hoy conocida en todo el mundo y ya se está haciendo cada día más popular en muchas escuelas españolas, donde son siempre más frecuentes los cursillos de primeros auxilios. Y las crónicas relatan como  ciudadanos, no sólo especialistas, pueden ofrecer el primer soporte vital en momentos dramáticos. 
  La ambición es la de llegar al aprendizaje de las maniobras vitales por parte de un número siempre creciente de ciudadanos, entre los cuales ya son muchos los que a la desconocida del Sena deben, de alguna manera, su propia vida.
 
 
 
-------------------------------------
  
Curso de RCP y primeros auxilios con colegas del programa de Radio Nacional de España
"No es un día cualquiera", en la sede central del SAMUR - Protección Civil de Madrid.
(Clic en la foto para ampliar)























Creo firmemente en la responsabilidad social e individual ante cualquier cosa que pueda ocurrir en nuestro entorno. Y en esa responsabilidad incluyo la capacidad de dar una respuesta rápida y eficaz, un gesto de altruismo, cuando alguien nos necesite y los minutos, los segundos, puedan ser vitales. A menudo son la distancia entre la vida y la muerte.

Por eso, no pierdo ocasión de divulgar esta filosofía y de sensibilizar a mi entorno sobre la necesidad de que el mayor número posible de ciudadanos pueda y sepa actuar ante una emergencia médica, sobre todo ante las que ponen en riesgo la vida de quien ha padecido el percance.

Aprender a responder, a ser el “primer respondiente” ante una emergencia, por ejemplo con maniobras de RCP (Reanimación CardioPulmonar), es accesible a todos. Tendría que enseñarse en muchos colectivos, comenzando por las escuelas. A falta de un marco general, algo ya se está haciendo en muchos lugares. Notable es el trabajo del SAMUR - Protección Civil del Ayuntamiento de Madrid con sus cursos a grupos profesionales de primera línea, como policía o bomberos, y en las escuelas y colectivos sociales a escala más básica.

Hoy he llevado a algunos miembros del equipo de “No es un día cualquiera” de Radio Nacional de España para que se metiera de cabeza en esta filosofía. Para que, además de “escuchantes”, tengamos “primeros respondientes” ante un susto.

Quiero dar las gracias a los amigos del SAMUR-PC, a su Jefe de Protección Civil, el doctor Fernando Prados Roa, al doctor Alfonso Morán Martínez, al tan eficaz en su didáctica José Luis Tavira y a Fernando López Pereira. Y a todas y todos los que siempre están en alerta para sacarnos de apuros, a menudo apuros vitales.

 

lunes, 24 de febrero de 2014

(205) Yo no apuesto por nadie. Pero Matteo - como dice la canción - ¡ojalá que te vaya bonito!
Non scommetto per nessuno. Matteo - come recita la canzone - "spero che ti vada bene"



Si las palabras y el entusiasmo, verbal y gestual, fueran suficientes, yo apostaría sin titubear por Matteo Renzi. Pero mi tendencia es a no apostar por nadie a ciegas. Siempre prefiero escuchar, observar, conceder un tiempo prudencial (también cuando las prisas incumben y son vitales) y luego consolidar o no mis impresiones iniciales, que demasiado a menudo se quedan en deseos frustrados.

Pero sí quiero recalcar que este periodista - que ya tiene recorrido y viene de décadas de vida y profesión en el milenio anterior - tiene muchas ganas de que el discurso escuchado esta mañana en el Senado italiano, el del joven y peculiar alcalde de Florencia, nuevo líder del centroizquierda, llegue a traducirse en hechos. Aunque fuera parcialmente, pero con las dianas alcanzadas en lo prioritario.

Inch’Allah! dicen mis amigos del desierto. Lo repito como seguramente lo suspiran e imploran, abierta e íntimamente, los italianos de buena voluntad no cegados por el sesgo. Lo que menos me importa es que se identifique la tendencia de lo escuchado, que si es de Norte o Sur, de derecha o izquierda, de arriba o de abajo. Algo que en España sé que es difícil entender. Por ejemplo, ni se entiende algo que un italiano o un alemán tienen como normal: que además de la izquierda y la derecha existen el centroizquierda, el centroderecha y el centro a secas.

Cada uno tiene y es hijo o hijastro de su propia Historia. Italia tiene detrás – por ejemplo – un antifascismo activo (allí no hubo un Tío Paco que murió en la cama) en el que comunistas, democristianos, socialistas, liberales y más lucharon codo con codo. Un país de adversarios en lo político, pero no de enemigos. El odio, ese maldito sentimiento tan terriblemente humano, se reserva para asuntos más privados

Por eso, con la serenidad de que el color de por sí me importa un rábano, aplaudo el tono y el contenido concreto y contundente de Renzi. Sus anuncios de cosas reales con un lenguaje que bien poco ha concedido al “politiqués”. Todo lo contrario. Por eso, por esa actitud típica de una impetuosa edad de las ganas de hacer, aunque rompiendo moldes y reglas, mucho de lo visto y escuchado es bastante inédito en un mundo político en el que, demasiado a menudo, la edad media, en lugar de aportar experiencia y sosiego, ha constituido sólo un lastre.

Pero – insisto – no soy como Publio Mucio Escévola. Yo la mano al fuego ni la acerco. Pues entonces, a esperar un tiempo prudencial y a ver si son rosas. En ese caso florecerán, o nos quedaremos con las espinas. Pinchados, sangrantes y otra vez frustrados.

 
 

martes, 11 de febrero de 2014

(204) Antes me canonizaron. Y sólo unos años después me morí
Prima mi canonizzarono. E solo alcuni anni dopo morii


Si Ud. ha pasado alguna vez por aquí, y ha tenido la amabilidad de darse una vuelta por los textos del blog, a lo mejor habrá caído en un relato. Me refiero a este:
Pues sí, el que narra como - sin pasar por un previo, largo, muy complejo y altamente improbable proceso de canonización -   un día de hace muchas décadas descubrí, y conmigo muchos miles de lectores, que, estando todavía en la Tierra o habiendo dejado este valle de lágrimas, fui proclamado santo. Con la pertinente aureola, la mirada mística perdida en los infinitos vericuetos de la trascendencia y - ¡menudo honor! - con mi hagiografía escrita y firmada nada menos que por un “colega”. Ese sí que fue Santo con la “S” mayúscula: San Giuseppe Cafasso, confesor y amigo de Don Bosco y gran misionero entre las miserias humanas de las cárceles de Torino, en las que destacó como defensor de los condenados a muerte. Corrían los años entre las dos mitades del siglo XIX.

¿Piensan Uds. que eso de la canonización virtual, el “empapelamiento santificador”, fue lo único que pasó. Ni hablar. Ocurrió, y queda en mi biografía, que a una anomalía se sumó otra, como si mi vida estuviese desandando el ritmo natural de los acontecimientos. Porque, como aquí y ahora le voy a relatar, no sólo fui santo, sino que me morí algunos años después de haber tomado posesión de mi parcela con adosado en la infinita urbanización de la Gloria.

Todavía recuerdo esa mañana en la que, saliendo de casa y habiendo recorrido no muchos metros, comencé a notar algo extraño. Quienes me conocían, y era bastante conocido, de cerca o de lejos, me miraban con caras de manifiesto estupor o disimulaban, observándome de reojo. ¿Saben Uds. lo que es esa sensación que los niños definen “¿Tengo monos en la cara?”? Pues ni más ni menos. Me sentí observado y portador de alguna anomalía que no conseguía identificar. Comprobado que llevaba los calcetines del mismo color, que llevaba todo abrochado como mandan los cánones y que no aparecían manchas o lamparones visibles en mi atuendo, crucé la calle hasta llegar a una esquina.

Allí fue donde se hizo la luz. Entre el quiosco de prensa y una pared. La alarma me la dio el quiosquero, que me conocía muy bien, y lo hizo con una mirada en un principio de ligero estupor, pero que inmediatamente después iba transformándose progresivamente en sonrisa hasta degenerar en carcajada. La que soltó apuntando su dedo índice contra la pared de enfrente.

Y allí, bien pegado a esa pared, destacaba algo que en esos tiempos era muy frecuente contemplar por las calles italianas y que sin embargo nadie podía ver nunca referido a sí mismo. Era esto:

(Clic en la imagen para ampliar)
Pues sí, era la esquela. Mejor dicho, una de las dos docenas de grandes esquelas que aparecieron en unas cuantas calles anunciando que yo me había ido a criar malvas. Pero lo dramático convivía con lo humorístico y hasta con un reproche. Porque si por un lado aparecía un triste “nos ha dejado”, a renglón seguido se censuraba el hecho de que yo me había pirado no muy educadamente. En el anuncio de mi muerte, entre paréntesis, aparecía una nada sutil reprimenda: “como era su estilo, sin preaviso”.

Fue el argumento del día, un día en el que – ya intuida la autoría de la broma (yo tampoco me privaba de perpetrar alguna que otra sonada...) – tuve que dar muchas explicaciones, contestar a preguntas, participar de la chanza y tranquilizar a alguna persona mayor o muy ingenua que seguía creyendo que algo serio me había pasado. Y todo con el efecto multiplicador del número de esquelas pegadas a las paredes.

Esto es todo. Sólo añadir que si por un lado recordé que los napolitanos afirman que contemplar la propia muerte alarga la vida, ya por esos años había leído a Mark Twain, el que dejó escrito que: "Las noticias sobre mi muerte han sido exageradas”. Hasta hoy, lo comparto.