Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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martes, 30 de mayo de 2017

(261) Boycott or not Boicot? That is the question


«Serenidad es cuando lo que dices,
lo que piensas y lo que haces
están en perfecta armonía
».

Mohandas Gandhi



Es altamente improbable, diría que imposible, que alguien que me siga, me escuche o me lea pueda encontrar mi firma en un manifiesto o en cualquier otra expresión de boicot. Me refiero al boicot social o político, sin olvidar la oposición referida a una marca o a un producto comercial. No me apasionan, salvo casos muy contados y de una gravedad inusitada, esas manifestaciones públicas que conllevan a menudo el riesgo de la equivocación y por ende de la injusticia.

Pero sí, yo también adopto posturas de boicot. Lo hago desde que tengo memoria adulta y opero habitualmente en dos frentes: el ético-moral y el audiovisual-comercial. Claro, esto necesita de unas cuantas explicaciones, además de la premisa: siempre se trata de boicot, es decir de la exclusión de adquisición, consumo y uso de esos productos que, salvo una impepinable necesidad y la ausencia de alternativas, caen bajo el anatema de mi personal opinión. Todo esto en el silencio absoluto o por lo menos sin aspavientos; a lo sumo, algún comentario entre amigos y otras personas de mi entorno, si el argumento se presenta durante una conversación.

No aguanto esos jingles, latiguillos, musiquillas, fraseos, muy a menudo horteras, demasiado a menudo con tono pseudobarriobajero o falsamente infantil, que me producen un inmediato, instintivo y probablemente irracional rechazo. Por no hablar de la cantidad absurda de repeticiones televisivas o radiofónicas a lo largo del día, un auténtico bombardeo que hasta en alguien como yo, que no sabría como comenzar a odiar, producen sensaciones parecidas a ese sentimiento tan despreciable.

Para que se me entienda. Si antes no se me hubiese ocurrido poner a prueba mis lípidos con el consumo de ciertos quesitos, hoy tengo un motivo más para ni mirarlos en el escaparate de un supermercado. En sus videos comerciales, esa vocalización gritona y del todo superflua de su nombre comercial me retumba con irritación y me duele más que un lumbago.

Y NO, un rechazo silencioso con mayúsculas a ese yogurt, a la escapada a ese precioso rincón, a la página web de viajes que promete gangas y servicio esmerado, o a lo último del high-tech que llena la pantalla con el slogan a todo volumen en cuanto te descuidas.

Y otro NO, salvo que se trate de un fármaco salvavidas o de una necesidad no sustituible, a todo producto de empresas que estén involucradas en actividades, promociones, apoyos o cualquier otra connivencia con actos, acontecimientos, movimientos, filosofías o comportamientos que entran en colisión frontal con mi visión ética y moral de la vida. Ya sé que es difícil ese control, pero cuando salta a la vista o tengo la correspondiente información, no se quedan con mi dinero. Abstención o sustitución.

Y por último, tengo mi personal manera de decir NO al maleducado, al inaguantable y al frustrado que ataca en las redes sociales, muy a menudo desde un cobarde anonimato. Reconozco que, hasta ahora, soy un afortunado y que rara ha sido la ocasión en la que se han dirigido a mí con violencia verbal desde el sesgo, el fanatismo, la agresividad o la simple sinrazón. Para esos individuos tengo (vean imagen al lado) mi sello definitivo y personal, ultima ratio con la que coloco a los destinatarios en la antesala de mi total indiferencia. Sin más, salvo bloquearlos para que no vuelva a leerlos ni por error.

Decía en el incipit que no tomo parte activa en movimientos y operaciones de boicot. Pues no, pero sí. Y espero que se me haya entendido. ¿O no?






Nota histórico-etimológica
La palabra “boicot” tiene su origen en Irlanda. En tiempos de hambruna (1870), allí vivía Charles Cunningham Boycott (1832-1897), contable y administrador de las fincas del inglés Lord Erne. Cuando la Irish Land League propuso una rebaja de impuestos a los terratenientes, para que pudieran subsistir los trabajadores que alquilaban las tierras, Cunnigham Boycott no aceptó la propuesta y expulsó a todos colonos y labriegos, que perdieron sus casas.
Por esa actitud despiadada, la Irish Land League incluyó en su “lista negra” a Cunningham Boycott, prohibiendo cualquier relación, comercio o el más mínimo trato - pero también la violencia física - con el despiadado y odiado administrador. 

Desde entonces “boicot” entró en el lenguaje popular y en los diccionarios de medio mundo.


viernes, 19 de mayo de 2017

(260) Por favor, no es necesario que me llamen “Cavaliere”
Per favore, non è necessario che mi chiamiate “Cavaliere”


«O quam cito transit gloria mundi»
(Thomas von Kempen)




Llevaba bastante tiempo – poco menos de un año – con este blog abandonado a su deriva por el proceloso océano de la www. ¿Por qué? Miren: si estuviéramos en un bar, les diría que porque no me daba la gana, por auténtica pereza. Pero es más cierto que, además de la pereza, tenía otras prioridades y a esto hay que dedicarle algo de tiempo.

Pues vuelvo, aunque no puedo prometer regularidad. Vuelvo, hasta que nada me lo impida, porque me ha ofrecido la ocasión un pretexto personal. Conozco muy bien a la mayoría de mis amigos y, explicita o disimulada, ya he visto venir en estos días algo de chanza (simpática, por supuesto) y también (no de muchos, la verdad) algunos intentos de sarcasmo que suelen arrancar de la desinformación. 

Ha ocurrido que el presidente de la República de Italia, Sergio Mattarella, ha firmado un decreto con el que me ha concedido el título de “Cavaliere” de la Orden de la “Stella d’Italia, considerada como la segunda condecoración por importancia que mi país otorga. Huelga decir como ya tuve ocasión de contestar ayer durante la ceremonia de entrega al embajador de Italia en España, D. Stefano Sannino que agradezco al Jefe del Estado y a su representante en España el alto honor de la distinción. ¡Faltaría más! Otros dirán si es merecida o no. 

Por lo visto, el título se me concede por una larga trayectoria profesional en el periodismo, con el tramo más largo cuatro décadas viviendo, narrando y analizando la Transición y el sucesivo apasionante recorrido sociopolítico y económico de España. Siempre manteniendo mi identidad italiana, pero con la máxima integración en la sociedad española y nunca limitándome a flotar en su superficie como un "guiri" de paso. 

La distinción se me concede también por mis múltiples actividades con acento ítalo-español / hispano-italiano y por muchas iniciativas que van desde el mundo de la solidaridad al de la sanidad, en España y en África, además de otros “berenjenales” con contenido cívico y solidario que han sido posibles gracias a la colaboración de instituciones de servicio que van desde el Samur al Summa, desde la Policía Nacional a la Guardia Civil, pasando hasta por los frailes franciscanos. Y la lista no es completa, porque en todos estos años he "dado la lata" e personas, empresas o instituciones para que "echasen un cable" solidario. 

Todo eso, con periodos de mayor o menor actividad, es desde varias décadas parte importante de otra parte de mi vida, la que siempre me ha ayudado a dormir mejor, con a menudo esa sensación impagable de la satisfacción de “haber intentado o haber hecho algo”. Y no quiero olvidar que esto se lo debo en gran parte a muchos, muchísimos amigos y amigas que han permitido mi intrusismo en sus profesiones de servicio y que me han prestado muy a menudo su desinteresada colaboración.

Bueno, ya están al tanto. Y ahora vamos a la puntualización. Les diré, y lo hago con tono semiserio, que mi “Cavaliere” no tiene nada que ver con ese otro título de “Cavaliere que reside en la memoria individual y colectiva de los españoles, por haberlo escuchado y leído a menudo en las noticias procedentes de Italia. Son situaciones y órdenes distintas y distantes, diría un presidente del gobierno español de la Transición. 😉

Nada más. No me queda que reiterar mi agradecimiento al presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, y a Uds., vosotros, dirigir un ruego: por favor, no es necesario que me llamen “Cavaliere”. Sigo siendo el que fui y seré.
  

Fue en el espléndido marco del Palacio de Amboage, sede de la Embajada de Italia en Madrid 

Para quienes tengan curiosidad, aquí el vídeo:






lunes, 24 de febrero de 2014

(205) Yo no apuesto por nadie. Pero Matteo - como dice la canción - ¡ojalá que te vaya bonito!
Non scommetto per nessuno. Matteo - come recita la canzone - "spero che ti vada bene"



Si las palabras y el entusiasmo, verbal y gestual, fueran suficientes, yo apostaría sin titubear por Matteo Renzi. Pero mi tendencia es a no apostar por nadie a ciegas. Siempre prefiero escuchar, observar, conceder un tiempo prudencial (también cuando las prisas incumben y son vitales) y luego consolidar o no mis impresiones iniciales, que demasiado a menudo se quedan en deseos frustrados.

Pero sí quiero recalcar que este periodista - que ya tiene recorrido y viene de décadas de vida y profesión en el milenio anterior - tiene muchas ganas de que el discurso escuchado esta mañana en el Senado italiano, el del joven y peculiar alcalde de Florencia, nuevo líder del centroizquierda, llegue a traducirse en hechos. Aunque fuera parcialmente, pero con las dianas alcanzadas en lo prioritario.

Inch’Allah! dicen mis amigos del desierto. Lo repito como seguramente lo suspiran e imploran, abierta e íntimamente, los italianos de buena voluntad no cegados por el sesgo. Lo que menos me importa es que se identifique la tendencia de lo escuchado, que si es de Norte o Sur, de derecha o izquierda, de arriba o de abajo. Algo que en España sé que es difícil entender. Por ejemplo, ni se entiende algo que un italiano o un alemán tienen como normal: que además de la izquierda y la derecha existen el centroizquierda, el centroderecha y el centro a secas.

Cada uno tiene y es hijo o hijastro de su propia Historia. Italia tiene detrás – por ejemplo – un antifascismo activo (allí no hubo un Tío Paco que murió en la cama) en el que comunistas, democristianos, socialistas, liberales y más lucharon codo con codo. Un país de adversarios en lo político, pero no de enemigos. El odio, ese maldito sentimiento tan terriblemente humano, se reserva para asuntos más privados

Por eso, con la serenidad de que el color de por sí me importa un rábano, aplaudo el tono y el contenido concreto y contundente de Renzi. Sus anuncios de cosas reales con un lenguaje que bien poco ha concedido al “politiqués”. Todo lo contrario. Por eso, por esa actitud típica de una impetuosa edad de las ganas de hacer, aunque rompiendo moldes y reglas, mucho de lo visto y escuchado es bastante inédito en un mundo político en el que, demasiado a menudo, la edad media, en lugar de aportar experiencia y sosiego, ha constituido sólo un lastre.

Pero – insisto – no soy como Publio Mucio Escévola. Yo la mano al fuego ni la acerco. Pues entonces, a esperar un tiempo prudencial y a ver si son rosas. En ese caso florecerán, o nos quedaremos con las espinas. Pinchados, sangrantes y otra vez frustrados.

 
 

lunes, 6 de mayo de 2013

(190) Ángel o demonio, sin duda un gran actor del Novecientos. Se fue Giulio Andreotti, gran amigo de España
Angelo o demonio, indubbiamente un grande attore del Novecento. Se n’è andato Giulio Andreotti, grande amico della Spagna



6 mayo 2013 - La RAI anuncia la muerte de Giulio Andreotti
6 mayo 2013 - La RAI anuncia la muerte de Giulio Andreotti
«Imposible entender la Italia moderna sin Giulio Andreotti, con sus luces y sombras. Lo fue todo y fue crucial en muchos momentos». Es lo primero que escribí en Twitter, esta mañana, cuando se conoció la muerte del hombre que fue siete veces presidente del consejo de ministros (es la correcta denominación italiana, que no tiene “presidente del gobierno”) y que, además de ser veinticuatro veces titular de casi todos los ministerios, entre los muchos cargos y encargos, había sido el político más joven que participó en la redacción de la Constitución italiana. Y fue sin duda uno de los principales protagonistas de la vida política italiana, y no sólo italiana, del Novecientos.
Andreotti falleció esta mañana en su casa romana. Eran las 12:25. 94 años después de su nacimiento, el 14 de enero de 1919. Noventa y cuatro años de vida para un político tan longevo que en la escena pública, de momento, ha superado hasta a la “veterana” reina Isabel II de Inglaterra.
No voy, aquí y ahora, a trazar un enésimo perfil de un personaje complejo y complicado, visto como ángel y demonio, titular de cientos de apodos desde los más elogiosos a los más insultantes. Nadie que haya compartido momentos, años, décadas, con Andreotti en el primer plano de la escena pública, ha podido ser indiferente a una personalidad y actividad tan densas y abiertas a valoraciones contradictorias. Pero muy pocos podrán negar que desde la postguerra hasta hace poco sería imposible imaginar la evolución sociopolítica y económica de Italia sin contar con el estadista que acaba de cerrar su ciclo vital.
Como otros colegas, he encontrado en muchas ocasiones a Giulio Andreotti. Como periodista lo he seguido, he viajado con él, con ese hombre culto, socarrón, imperturbable y sin embargo dispuesto a la ironía y al sarcasmo, he conversado tanto en momentos “oficiales” como en paseos o ratos de descanso. Lo he visto hábil, duro, flexible, pero siempre abierto a la negociación porque la política él la concebía como a menudo se la define: arte de la mediación, de lo posible aun cuando todo parece imposible.
Giulio Andreotti fue un gran amigo de España. El desaparecido Leopoldo Calvo Sotelo y el aún en la brecha Felipe González, como muchos más actores de la escena pública española, podrían disertar largo y tendido sobre esos años en los que, Francia en cabeza, algunos en Europa querían mantener la “anomalía” española, casi perpetuar esa maldición que se atribuye a Alphonse Daudet: «África acaba en los Pirineos». Se aducían problemas políticos y económicos (la dichosa agricultura) para impedir, o por lo menos para dar largas a la adhesión de España a la entonces Comunidad Europea. Fueron muchos años de durísimas negociaciones en las que muchos fuimos “cómplices” de España. Los políticos españoles, claro, muchos amigos europeos, sobre todo en Italia y Alemania, y - no para echarnos incienso - también una task force de corresponsales que acompañamos la Transición “vendiendo” allende los Pirineos una imagen de España que a menudo “forzábamos” para que tuviese menos obstáculos. Permítanme que aproveche para recordar por lo menos a tres de esos compañeros “cómplices” en ese periodo en el que yo era presidente de los corresponsales: Walter Haubrich, del Frankfurter Allgemeine Zeitung; Thierry Maliniak, de Le Monde; Manuel Lopes, de la agencia Lusa.
  En cabeza de los políticos italianos, Giulio Andreotti peleó mucho por España, como lo hizo otro
Il Messaggero, 4 enero 1986 - "Ahora Europa es más latina"
Il Messaggero, 4 enero 1986 (ver nota ***)
gran amigo de este país, el desaparecido Lorenzo Natali. Y España reconoció a Andreotti ese constante acompañamiento. El momento cumbre me vio testigo privilegiado, en la Universidad de Salamanca, cuando, como escribí entonces, tuve el privilegio de ver y narrar - ¡scoop! – a un Giulio Andreotti emocionado, con los ojos húmedos, mientras charlábamos – sólo nosotros dos – y él se desvestía del ropaje académico en la antesala del aula magna del ateneo salmantino. Minutos antes se le había concedido el “honoris causa” como agradecimiento al apoyo y al empecinamiento para que España fuese, como fue, miembro de pleno derecho de la Comunidad Europea.
Una amistad con España muy sólida y sincera y que, sin embargo, no impedía a Andreotti lanzar alguna que otra puya como aquella, ya conocida aunque en origen no era de él, y que me citó cuando una tarde caminábamos por el granadino Carmen de los Mártires, frente al Generalife: «Los españoles son simpáticos, muy buena gente. Lástima que muchos estén cortados con hacha, que les falte finura». Así hablaba, con franqueza y esa media sonrisa a veces enigmática de alguien que si algo decía, casi siempre había una segunda intención, por lo menos la de enviar un mensaje.


La Gaceta de Salamanca, 7 mayo 2013 - Esquela publicada por el Rector de la Universidad
La Gaceta de Salamanca, 7 mayo 2013
Esquela publicada por el Rector de la Universidad
Aquí me quedo. En estas mismas horas aparecen o se están escribiendo cientos, miles de artículos, en los medios de muchos lugares del mundo, sobre el hombre que lo fue casi todo y algo más en un largo tramo de la historia contemporánea de Italia. Un político que, más allá de sus luces y sombras, de elogios y vituperios, nunca dejó a nadie indiferente.
La Historia, con el sosiego del tiempo, lo colocará en su sitio.
Descanse en paz.
 
 

*** La ocasión era histórica y nunca dos diarios se habían publicado, recíprocamente, cada uno en la lengua del otro. Me surgió esa idea y, durante una fiesta en la sala de rotativas de Miguel Yuste, se la propuse a Jesús de Polanco y a Juan Luis Cebrián. Naturalmente, también a mi dirección y editor. En principio hubo entusiasmo, luego descubrimos dificultades de todo tipo. Tardamos meses en hacer “cuajar” la cosa, les aseguro que no fue sencillo.
Al final se consiguió. El 4 de enero de 1986, horas después de que España entrara solemnemente en Europa, en los quioscos españoles salía Il Messaggero en castellano mientras que en la Bota se distribuía El País en italiano. En la distribución tuvimos suerte: Il Messaggero tenía dimensión exactamente el doble de El País, que se pudo embuchar perfectamente en mi diario.
Muchos escribimos en esa edición especial. Firmaban artículos los dos jefes de Gobierno, Felipe González y Bettino Craxi, que presidía el Consejo Europeo de jefes de Estado y de Gobierno. Escribían los titulares de Asuntos Exteriores, Fernando Morán y Giulio Andreotti, además de políticos, economistas, historiadores, sociólogos y personalidades de los dos países.
Aquí aprovecho para recordar el trabajo de meses, codo con codo, con dos grandes amigos y puntos firmes en el periodismo español: Jesús de la Serna y Julio Alonso. Y hoy recuerdo esa aventura pionera también porque sin la complicidad de personalidades como Giulio Andreotti España probablemente no hubiese sido todavía “europea”, ese enero de 1986.
 

lunes, 22 de abril de 2013

(188) Giorgio Napolitano, un VASP, el frescor enérgico y sosegado de la senectud
Giorgio Napolitano, la freschezza energica e ponderata della “senettute”


 
«Algo se muere en el alma cuando un amigo se va.
Cuando un amigo se va algo se muere en el alma.
Cuando un amigo se va algo se muere en el alma.
Cuando un amigo se va.
Cuando un amigo se va y va dejando una huella
que no se puede borrar y va dejando una huella
que no se puede borrar.
No te vayas todavía, no te vayas por favor.
No te vayas todavía que hasta la guitarra mía
llora cuando dice adiós»
 
Podríamos recurrir al ritmo de sevillana rociera y a esas estrofas pegadizas de “El adiós” con guitarras y voces de Los Amigos de Gines. Lo mismo que sería muy fácil, aquí, rememorar e incomodar a muchos personajes que por algo han destacado a lo largo de la historia de la Humanidad y cuyos actos y verbos, sobre todo sus reflexiones-balance, han tenido mayor relevancia en sus años no precisamente mozos. Podríamos pasearnos a lo largo de siglos, longitudes y latitudes del globo terráqueo, de lenguas y culturas, de vicisitudes y avatares, de gozos y angustias. En todo lugar y momento, la Humanidad ha tenido que decir algo parecido a ese “No te vayas todavía”.
Cuando uno ahonda en la memoria, mucho aflora y emerge sin solución de continuidad, aunque sin un orden establecido ni con el rigor de un historiador o de un archivero. Pero estamos preñados de ejemplos. Entre la Historia y la leyenda tenemos a Lucio Quincio Cincinato que, a sus 75 años de edad, los romanos llamaron a gritos, imploraron, para que abandonara su jubilación agrícola y retomara las riendas de la “res publica” en peligro.
Mucho más atrás en el tiempo, la Biblia nos propuso a Job, a ese anciano de la tierra de Uz, la actual Arabia, como un ejemplo de ser “sin culpa” y “apartado del mal” (Job 1:8.), distinguido por Dios como ejemplo de rectitud, paciencia y aguante frente al sufrimiento (Eze 14:14, 20).
En cualquier periodo, en todo lugar, encontramos a ancianos que han sido clave para entender un momento, para salir de una situación más que compleja, para generar ideas brillantes, indicar caminos, empujar hacia soluciones que otros ni vislumbraban. No seré yo quien vaya a hacer aquí una enumeración que tendría lagunas, sería sin duda opinable y que, en cualquier caso, presentaría el riesgo de quedarse corta como corta es nuestra memoria, a la par de la gratitud.
El elogio de la senectud ha quedado hoy algo desfasado, démodé, out, carca, obsoleto, contracorriente, en estos nuestros tiempos frenéticos y angustiosos en los que prima la inmediatez ante la visión histórica, lo que en el mundo de la economía se traduce en “resultados, ya” y que en la política sólo nos ofrece políticos y nos sustrae a esa raza en vías de extinción que son los estadistas. Pero en momentos de sosiego, entre una crisis y la siguiente, alguien se ha ocupado de recordarnos que si se hace camino al andar, quienes anduvieron, y anduvieron mucho, esos son los que llevan en el zurrón un bagaje de acumulación y experiencia del que la sociedad no puede tener la osadía de prescindir. Y, sin embargo, inmediatez y juventud parecen valores absolutos que puntúan de por sí solos ante una senectud tratada con desdén cuando no con evidente desprecio.
De esos elogios de la vejez, o toma de conciencia ante una circunstancia más que evidente, se ocuparon personajes como Platón en “La República” y Cicerón en suDe Senectute”, título, éste último, retomado por Norberto Bobbio. Y muchos más, a lo largo de la existencia del ser humano. No hay lugar, tribu, grupo social, país o continente que no haya sentido la necesidad de detenerse para escuchar, observar, hacer acopio, empaparse del producto de la experiencia de quienes ya recorrieron la mayor parte de los tramos de su paso por este mundo.
«Un vieillard qui meurt est une bibliothèque qui brûle», “Un anciano que muere es una biblioteca que arde”, nos avisaba el escritor, etnólogo, historiador y poeta maliense Hamadou Hampaté Bâ, en su bellísimo libro “Vie et enseignement de Tierno Bokar: Le sage de Bandiagara”, con el que rememoraba a la mente anciana más lúcida de su pueblo natal. Una fotografía clara, sencilla y fascinante que como pocas ha ilustrado el papel que la cultura africana otorga a una persona de avanzada edad y reconocida sabiduría.
22 abril 2013. Aplausos a cada frase del enérgico discurso de toma de posesión de Giorgio Napolitano en parlamento
¿A dónde quiero ir con todo esto? Pues no muy lejos. Sólo a la estricta actualidad de estas horas. Cuando la incapacidad de la política, de políticos de todo signo, sensibilidad y tendencia, y la de la misma sociedad de la que son expresión democrática, necesitan entonar un angustioso “No te vayas todavía, no te vayas por favor” y pedir al venerable anciano Giorgio Napolitano, como a un moderno Cincinato y a un paciente Job, que por favor renuncie al merecido descanso y nos saque del abismo.
Una apelación a la visión y a la responsabilidad histórica y social que la Humanidad casi siempre ha confiado a la senectud, a ese refugio atávico de los miedos, calorcito en las grandes heladas, fármaco y placebo de enfermedades reales e imaginarias, desfacedor de entuertos y brújula en piélagos tormentosos.
No nos hagamos grandes ilusiones. “Rey Giorgio” al final ha cedido a la llamada de socorro y se ha puesto manos a la obra. Seguro que hará lo que considerará más apropiado según su ciencia y conciencia. Y, sea cual sea el resultado, su venerable senectud no espera gratitud. Sólo esa íntima sensación del deber cumplido que no es exactamente una sensación juvenil.
Lo dicho: VASP. Viejos, aunque sobradamente preparados. Como Giorgio, el puerto en el que Italia, hoy, busca abrigo y atalaya donde construir el presente, darse seguridad y poder otear el futuro.     

martes, 5 de marzo de 2013

(182) Italia y España. Sociedades convulsas entre mares y raíles
Italia e Spagna. Società convulse tra mari e binari


Ésta es la transcripción de una conversación por radio entre una unidad de la U.S. Navy y un interlocutor canadiense. Muchas fuentes la fechan en octubre de 1995 y habría ocurrido en aguas próximas a la costa de Terranova.  (1)

 
Estadounidense:
«Por favor, desvíen su curso 15 grados al norte para evitar una colisión».
 
Canadiense:
«Recomendamos que sean Uds. quienes desvíen su rumbo 15 grados al Sur, o la colisión será inevitable».
 
Estadounidense:
«Aquí el capitán de una unidad de la US NAVY. Insisto: desvíen su rumbo».
 
Canadiense:
«Y yo les repito: desvíen su rumbo».
 
Estadounidense:
«Aquí el portaaviones USS Lincoln, el segundo barco más grande de la flota de los Estados Unidos en el Atlántico. Nos acompañan tres destructores, tres cruceros y numerosos buques de apoyo. Les exijo que modifiquen ya su rumbo 15 grados Norte. Si no obedecen, adoptaremos la medidas necesarias para garantizar la seguridad de nuestras unidades».
 
Canadiense:
«Imposible. Éste es un faro».



Y este párrafo procede de un antiguo reglamento de los ferrocarriles de Kansas:

«Cuando dos trenes se cruzan en la misma vía, ambos tienen que detenerse y ninguno puede arrancar antes de que haya salido el otro».


Y ¿a qué viene todo esto?

Lo estaba recordando junto con otras historias – auténticas o pertenecientes al mundo de los hoax – como parte de la reflexión ante varios acontecimientos. Por ejemplo, las vicisitudes políticas italiana y española, cada una aderezada con su dosis de tozudez, ideologías con anteojeras, filias y fobias, antagonismos y odios viscerales, escándalos grandes o pequeños. Ambas bien condimentadas con dosis de sus peculiares y autóctonos esperpentos.

No tengo mucho que decir. O sí. Pero me limito a la primera observación. La que pone en evidencia el griterío y la reacción visceral junto con la incapacidad de bajar el volumen, callar un momento y otear el horizonte para razonar serenamente sobre cual tendría que ser el rumbo correcto. El que nos evite el desastre colectivo.

Tengo la sensación de que, aquí y allá, la intransigencia en la imposición de unas ideas (¡ojalá fueran siempre ideas!) sobre las demás conduce a rumbos ciegos que no llevan a ninguna parte. Salvo a ese totum revolutum que viene bien a quien no tiene nada que perder y a los ganadores de siempre.

La racionalidad y el sentido común – es mi sensación, cada día más acentuada – van perdiendo derecho de ciudadanía. El griterío domina. Escuchen el tono y el contenido de los medios, observen los barrios de la Red, presten atención en los bares y en la calle. No se ven muchos ladrillos para reconstruir el presente y edificar el futuro. Pero abundan lodo y apisonadoras.

Navegamos entre la tozudez de las aguas de Terranova y la inamovilidad tozuda de los raíles de Kansas.

¡Menuda derrota! En sentido marinero... y literal.



(1) Hay varias versiones de esta supuesta conversación. También hay quienes hablan de leyenda urbana (más bien marítima) y quienes la avalan. En cualquier caso – como decía un político italiano – «se non è vero, è ben trovato».
Lighthouse and naval vessel urban legend


miércoles, 27 de febrero de 2013

(181) Hagamos claridad. Hay grillos y grillo
Facciamo chiarezza. Ci sono grilli e grillo



Pues sí. Hagamos claridad. Hay grillos y grillo.

Unos son parte del ecosistema  e importantes, porque constructivos  en el complejo equilibrio ecológico global.

Hay otro aparentemente útil, pero sus funciones sólo son ilusorias debido a la vacuidad y esterilidad práctica de sus soflamas.
 
¿Que no?  Al loro pues...











lunes, 18 de febrero de 2013

(180) Pluralismo en las urnas italianas
Pluralismo nelle urne italiane


Hay quien prefiere un bipolarismo perfecto con la gobernabilidad asegurada por mayoría amplias.

Pero hay otros que consideran que pluralismo y participación democrática se aseguran con la competición electoral de cualquier grupo o persona que considere que pueda aportar o decir algo.

Pues pluralismo no falta en la cita electoral italiana de los próximos 24 y 25 de febrero.

Aquí están los símbolos de todos los partidos, fuerzas y grupos que se presentan.

 

Y si quieren echar un vistazo a aspectos puntuales y tener algunas claves de lectura de las elecciones italianas, pues no dejen de visitarme en:

 Clic para ir a   >  Yahoo! - La mirada de un italiano perplejo

 
 

jueves, 11 de octubre de 2012

domingo, 1 de julio de 2012

(153) Eurocopa 2012 - Está bien así
Euro2012 - Va bene così



Ha sido un juego leal, correcto, un espectáculo deportivo de primer nivel a lo largo de todo este campeonato.
 
Por lo que me concierne, yo me hubiese sentido ganador prescindiendo del resultado.



È stato un gioco leale, corretto, uno spettacolo sportivo di primissimo livello nel corso di tutto questo campionato.
 
Per quanto mi riguarda, io mi sarei sentito vincitore a prescindere dal risultato.








jueves, 28 de junio de 2012

(152) Euro2012 - Italien, Italien über Deutschland...
Es tut mir leid, Angela.
Im Fußball, es ist dein spread.


Deutschland 1    Italien 2
(Und die "Azzurri" im Finale)


Einige Anmerkungen im Rückblick...  
Tritt in den...



























29. juni 2012 - Karikatur von Giannelli
(Corriere della Sera)



 
Nota  “württembergiana” - Opinan que el de arriba no es un alemán lo que se dice académico. Pero ¿verdad – queridos teutones – que el mensaje os ha llegado? Pues de eso se trataba.

sábado, 9 de junio de 2012

(150) “Eurocopa 2012”: España-Italia.
¡Tengamos la fiesta en paz! Sólo es fútbol.

“Euro 2012”: Spagna Italia.
Calma, ragazzi! È solo calcio.


PUESTO AL DÍA   AGGIORNATO
10-06-2012  20:15





Está bien así.
Seguimos teniendo la fiesta en paz



“Tengamos la fiesta en paz - He dado muy pocas patadas a un balón. No me llamó la atención en la infancia, no me apasionó en la adolescencia, me deja bastante frío en la actualidad.
Por favor, el domingo por la noche, el lunes por la mañana, no me vengan con “eso es un robo” si han perdido, ni tampoco pavoneándose si han ganado.
Me da exactamente igual.
Estaré más atento a quien pide rescate, a cómo estará la prima de riesgo y a la vitalidad, salud y sentido común y proyección de futuro de ambas sociedades: la de la bota y la del botijo.
No voy a repetir eso tan manido de que sólo es un juego porque sé que muchos, demasiados, se lo toman muy en serio.
Pero lo pienso. Al fin y al cabo, sólo se trata de pelotas. ¿O no?”