Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

viernes, 22 de abril de 2011

(73) ¡Feliz Semana Santa! - ¿La Pasión en Twitter?
Buona Pasqua! - La Passione in Twitter?


¡Feliz Semana Santa! - Buona Pasqua!

Una buena noticia: esta semana no pienso dar la lata. ¡Hala! Una pausa para reflexionar, para bajar el ritmo, para descansar.
Por favor, intenten ser felices.

Una buona notizia: questa settimana non ho intenzione d’importunare. Suvvia, una pausa per riflettere, per attenuare il ritmo, per riposare.
Per favore, cercate di essere felici.

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Hasta aquí, publicado el 21/04/2011, a las 17:11Fin qui, pubblicato il 21/04/2011, alle 17:11
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UNA BREVE INTERRUPCIÓN DE LA PAUSA PROMETIDA

Lo siento, no he podido resistirme e interrumpo brevemente la pausa prometida. Pero me ha parecido, curioso, interesante y estimulante un ejercicio de imaginación realizado por Igniter Media. Imaginemos Palestina, hace dos mil años, con Internet, Adsl, Gprs, tabletas, pdas y Twitter. ¿Cómo hubiesen utilizado las redes sociales los apóstoles y los discípulos de Jesús, pudiendo tener a su alcance esos medios de comunicación? ¿Cómo lo veríamos en las redes si todo hubiese ocurrido hoy, en el tercer milenio?
  Visto lo visto, mirando hacia atrás en la Historia, tenemos que admitir que no fueron necesarios los medios que hoy tenemos. Pero a la pregunta – repito, sólo se trata de un interesante y bien realizado ejercicio de “fanta-recreación” – intenta responder con una simulación “Follow”, este vídeo que les propongo en fechas muy adecuadas.
  Otra vez, feliz Semana Santa.



UNA BREVE INTERRUZIONE DELLA PAUSA PROMESSA

Mi spiace, ma non sono riuscito a resistere e interrompo brevemente la pausa promessa. Mi è, però, parso curioso, interessante e avvincente un esercizio d’immaginazione realizzato da Igniter Media. Cerchiamo d’immaginare la Palestina, duemila anni fa, con Internet, Adsl, Gprs, tablet, palmari e Twitter. Come avrebbero utilizzato le reti sociali gli apostoli e i discepoli di Gesù, se avessero avuto a disposizione quei mezzi di comunicazione? Come lo vedremmo nelle reti se tutto accadesse oggi, nel terzo millennio?
  Se guardiamo indietro, se rivisitiamo la Storia, dobbiamo ammettere che non sono stati necessari i mezzi di cui oggi disponiamo. Alla domanda – ripeto, si tratta solo di un interessante e ben realizzato esercizio di fanta-ricreazione – cerca di rispondere con una simulazione “Follow”, questo video che vi propongo in giorni più che opportuni.
  Ancora una volta, Buona Pasqua.

lunes, 18 de abril de 2011

(72) Madrid y Washington, según Charles Powell. Los “hijos de p…” en las relaciones internacionales
Madrid e Washington, secondo Charles Powell. I “figli di p…” nelle relazioni internazionali

Al amigo Charles Powell le tengo por hombre serio y ameno (los mestizajes anglo-españoles son fértiles en eso), por un estudioso de gran rigor, por un historiador que no suele casarse con tirios o troyanos, y por un analista muy próximo a los equilibrios de esas balanzas romanas que adornan los palacios de justicia. Me refiero al equilibrio de las balanzas, naturalmente, no al de algunos jueces que se sientan debajo…
  Acabo de leer un amplio extracto del “El amigo americano”, el último libro que Charles acaba de publicar y que leeré integralmente con atención y avidez. De momento, ya me ha sido más que suficiente la lectura parcial de este último esfuerzo del Subdirector de Investigación y Análisis del Real Instituto Elcano. Para reconfirmar lo que ya sabía – la autoridad de Powell en lo que estudia, analiza y narra – y también, aun sin él proponérselo, para evocar algunas facetas de la más estricta actualidad entre las líneas de una historia de relaciones eminentemente hispano-norteamericanas.
  Charles Powell hace un relato muy documentado de las complejas y cómplices relaciones que Washington mantuvo con Franco y con el franquismo. De la firmeza de Eisenhower a los vaivenes de Kissinger, pasando por muchos altibajos dictados por el mero oportunismo y cálculo político, económico y estratégico, toda una línea, por sinuosa que sea, aparece para confirmar eso de que los estados no tienen amigos, sólo tienen intereses. Me hace recordar, sin mencionarlo, ese crudo y cínico axioma que se atribuye a Franklin Delano Roosevelt y a su secretario de Estado, Cordell Hull. Uno de los dos, refiriéndose al dictador nicaragüeño “Tacho” Somoza, habría dicho: «Sí, puede que Somoza sea un hijo de p…, pero es nuestro hijo de p…». Una pragmática definición que mucho más tarde, en esa ocasión mirando hacia el dictador panameño Manuel Antonio Noriega, volvió a pronunciar el simpático, peligrosísimo y astuto general Vernon Walters, asesor de muchos presidentes de los Estados Unidos y “número dos” de la Cia. Aquí confieso que perdí la oportunidad, por olvido, en las dos ocasiones en las que tuve la posibilidad de charlar con él, en Madrid y en Lisboa, de preguntar a Walters si de verdad lo dijo y si seguía pensándolo.
  Pues les aconsejo vivamente que lean el libro de Charles Powell que acaba de salir, que además de historia es periodismo de investigación, del bueno. Estoy más que seguro de que, además de abrir unas ventanas hacia la reciente historia española, también tendrán muchas respuestas y explicaciones a los comportamientos y a las contradicciones de los estados, Estados Unidos en cabeza. Por ejemplo, en algo tan actual como lo del ahora enemigo Gadafi, que hace sólo unos meses era nuestro excéntrico amigo Muhamar. Bueno, en propiedad habría que decir que era «nuestro hijo de p…» de enfrente, en la otra orilla de este siempre agitado Mare Nostrum, que sigue siendo un hijo del Atlántico y de las relaciones que lo surcan.
Dwight 'Ike' Eisenhower, Vernon Walters, Francisco Franco, Juan Carlos I, Franklin Delano Roosevelt, Anastasio 'Tacho' Somoza, Manuel Antonio Noriega, Muhamar Gadafi
Dwight "Ike" Eisenhower, Vernon Walters, Francisco Franco, Juan Carlos I, Franklin Delano Roosevelt, Anastasio “Tacho” Somoza, Manuel Antonio Noriega, Muhamar Gadafi

Considero l’amico Charles Powell un uomo serio e ameno (i mix anglo-spagnoli son fertili in questo), vedo uno studioso di grande rigore, uno storico che non si sposa con nessuno e un analista molto prossimo agli equilibri di quelle bilance a due piatti che adornano i palazzi di giustizia. Mi riferisco, naturalmente, all’equilibrio delle bilance, non a quello di certi giudici che si siedono sotto…
  Ho appena letto un ampio estratto di “L’amico americano”, l’ultimo libro che Charles ha pubblicato e che leggerò fino in fondo con attenzione e avidità. Per ora, già mi è stata più che sufficiente la lettura parziale di quest’ultimo sforzo del Vicedirettore per la Ricerca e Analisi del Reale Istituto Elcano. Per riconfermare quanto già sapevo l’autorevolezza di Powell in ciò che studia, analizza e narra e pure, anche senza che lui se lo proponesse, per evocare alcuni aspetti della più stretta attualità tra le righe di una storia di relazioni eminentemente ispano-americane.
  Charles Powell fa una ricostruzione molto documentata delle complesse e complici relazioni che Washington mantenne con Franco e con il franchismo. Dalla fermezza di Eisenhower all’andirivieni di Kissinger, passando per molti alti e bassi dettati dal mero opportunismo e calcolo politico, economico e strategico, tutta una linea, per quanto sinuosa, appare per confermare ciò che si è sempre saputo: gli stati non hanno amici, hanno solo interessi. Mi fa ricordare, senza menzionarlo, quel crudo e cinico assioma attribuito a Franklin Delano Roosevelt e al suo segretario di Stato, Cordell Hull. Uno dei due, riferendosi al dittatore nicaraguense “Tacho” Somoza, avrebbe detto: «Sì, è possibile che Somoza sia un figlio di p…, ma è il nostro figlio di p…». Una prammatica definizione che molti anni dopo, in quell’occasione guardando al dittatore panamense Manuel Antonio Noriega, ripeté il simpatico, pericolosissimo e astuto generale Vernon Walter, consigliere di molti presidenti degli Stati Uniti e “numero due” della Cia. Qui confesso che perdetti l’occasione quando, nei due incontri che ebbi, a Lisbona e Madrid, dimenticai di chiedere a Walters se quella frase l’aveva pronunciata e se la pensava allo stesso modo.
  Non mi resta che consigliare vivamente la lettura del libro di Charles Powell appena pubblicato, un testo che è storia ma anche giornalismo d’inchiesta e di quello buono. Sono più che sicuro che, oltre a schiudere finestre verso la recente storia spagnola, si avranno molte risposte e spiegazioni sui comportamenti e le contraddizioni degli stati, con gli Stati Uniti in testa. Per esempio, in qualcosa di tanto attuale quanto ciò che accade con l’oggi nemico Gheddafi, che solo qualche mese fa ero il nostro eccentrico amico Muammar. In realtà e con più proprietà dovremmo dire che era «il nostro figlio di p…» dirimpettaio, sull’altra sponda di questo sempre agitato Mare Nostrum, che è pur sempre un figlio dell’Atlantico e delle relazioni che lo attraversano.

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* Charles Powell, El Amigo americano, p.704, Ed. Galaxia Gutenberg

viernes, 15 de abril de 2011

(71) Manu Leguineche, una muerte virtual
Manu Leguineche, una morte virtuale


Falsa noticia: Fallece el periodista y escritor Manu Leguineche

Han matado virtualmente a mi viejo y querido amigo Manu Leguineche, periodista de antaño, enviado especial de guerras y de referencia, maestro de generaciones de plumíferos, profesional de la quinta de los irrepetibles. Irrepetible, sí, porque la modernización (¡Qué palabra más ambigua y engañosa!) hizo traspapelar su molde.
  Pero a Manu no se le puede matar, ni virtualmente. Porque el día que se irá (le toca a todos) él se irá quedándose. Y no en la cache de Google, que es el único reducto de pseudogloria al que la mayoría podrá aspirar. Manu (siempre te veo en las calles lisboetas de los claveles, o cuando te “confesé” en Radio Nacional y tú creías que era un viejo amigo, canónigo en Roma…): no saben que contigo no pueden ni podrán escribir epitafios. El tuyo ya lo escribiste tú, hace mucho tiempo, con la biografía de una vida intensa dedicada a este maravilloso y hoy irreconocible oficio.
Manu Leguineche  No tengas prisa, Manu. En tu Alcarria del descanso, tómatelo con mucha calma. A lo mejor me adelanto y así te doy un telefonazo para decirte si merece la pena ir o quedarse. Pero aquí, en estas líneas, déjame que haga de cronista y de notario, porque en los momentos del revuelo, de las prisas y de la deontología hecha añicos, alguien no olvidó lo básico.
  Pues sí, alguien hizo algo que está en el abecedario de una profesión siempre más aproximativa, apresurada, fragmentada, superficial. Y que ha hecho méritos (¡se lo ha currado!) para ser siempre menos creíble, menos respetada y más abierta a la improvisada indocumentación. Alguien – decía agarró el teléfono y llamó a tu casa alcarreña, Manu, para cerciorarse, para hacer lo que antaño se definía “confirmar la noticia”.
  Ese “Alguien” tiene 81 años y se llama Enrique Meneses. No es un periodista 2.0, pero si algún joven periodista español (y no sólo español) no sabe quién es, una de tres: no ha leído lo suficiente, tiene una gran carencia de fósforo entre sus sinapsis, o se ha equivocado de profesión.
  Así lo pienso y así lo escribo. Aun sabiendo que puede molestar. También para molestar nos hicimos periodistas.
  Un gran abrazo, Manu.
                                            Josto

P.S. - Faltaría a la deontología a la que me refiero más arriba
si no dijera: "Gracias a Pilar de la Peña, de Radiocable, por el input".



Hanno ucciso virtualmente il mio vecchio e caro amico Manu Leguineche, giornalista di altri tempi, inviato speciale di guerre e di riferimento, maestro di generazioni di colleghi, professionista dei coscritti irripetibili. Irripetibili, sì, perché la modernità (che parola ambigua e ingannevole…) fece smarrire lo stampo con cui furono coniati.
  Manu, in ogni caso, non lo si può uccidere, neppure virtualmente. Perché il giorno in cui se ne andrà (capita a tutti) lui se ne andrà restando. E non nella cache di Google, unico ridotto della pseudo-gloria cui la maggioranza potrà aspirare. Manu (ti rivedo sempre per le vie della Lisbona dei garofani, o quando ti “confessai” a Radio Nacional e tu credesti che ero un vecchio amico, un canonico romano…), non sanno che con te non possono né potranno scrivere epitaffi. Il tuo lo hai già scritto tu, molto tempo fa, con la biografia di una vita intensa dedicata a questa meravigliosa e oggi irriconoscibile professione.
  Non avere fretta, Manu. Nella tua Alcarria del riposo, prenditela con molta calma. È possibile che ti passi davanti, così ti potrò telefonare per dirti se vale la pena dipartire o restare quaggiù.  Nel frattempo, qui, in queste righe, lasciami fare il cronista e il notaio, perché nei momenti della confusione, della fretta e della deontologia fatta a pezzi, c’è qualcuno non ha dimenticato le cose basilari.
  Sì, qualcuno ha fatto qualcosa che sta nell’abbecedario di una professione sempre più approssimativa, frettolosa, frammentata, superficiale. E che ha fatto di tutto (se lo è lavorato a dovere…) per essere sempre meno credibile, meno rispettata e più aperta all’improvvisazione più irresponsabile. Qualcuno – dicevo – ha afferrato il telefono e ha chiamato la tua casa dell’Alcarria, Manu, per verificare, per fare ciò che un tempo si diceva “confermare la notizia”.
  Quel “Qualcuno” ha 81 anni e si chiama Enrique Meneses. Non è un giornalista 2.0. ma se qualche giovane giornalista spagnolo (e non solo spagnolo) non sa chi sia, ci sono solo tre possibilità: o non ha letto a sufficienza, o è privo di fosforo tra le sue sinapsi, oppure ha proprio sbagliato professione.
  Così penso e così scrivo. Anche se so bene che può molestare. Già, ma siamo diventati giornalisti anche per molestare.
  Un grande abbraccio, Manu.
                                                     Josto