Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla de TV. Y el sábado y domingo estoy en "No es un día cualquiera" de Radio Nacional de España, con Pepa Fernández
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

miércoles, 5 de octubre de 2011

(109) Mujeres humilladas y nosotros con un arma poderosa que no sabemos o no osamos utilizar
Donne umiliate e noi con un’arma potente che non sappiamo o non osiamo utilizzare

«A este no le compraría ni un coche de segunda mano». Más frecuente en el lenguaje político y corriente al otro lado del charco, la expresión solemos utilizarla con referencia a un candidato al cual no estamos dispuestos a entregar ni el voto y mucho menos la confianza.
  Pero es menos frecuente que utilicemos esa consideración cuando nos referimos al mundo del comercio, a la relación productor-cliente, cotidiana y mucho más estrecha de la que mantenemos con los políticos. Mundos diferentes, por supuesto, y con características que sólo mantienen un lejano parecido.
  Por ejemplo, al político podemos otorgarle o retirarle nuestra confianza sólo en contadas y periódicas ocasiones: las de la cita con las urnas, cuando elegimos la fuerza política que más se acerca a nuestra visión de la vida y los candidatos que querríamos ver al timón de la situación. Un arma democrática y poderosa.
  Y, sin embargo, perdemos de vista otro poder, mayor por inmediatez de su eficacia del que tenemos con relación a la política. Me refiero a algo que en algunos países tienen mucho más claro y cuyos ciudadanos, en ese caso consumidores, saben ejercer con claridad de objetivos y una determinación que tendríamos que observar y adoptar.
  Estoy hablando de la retirada de confianza, de apartar una marca de nuestra cesta de la compra, de la abstención a la hora de escoger entre productos similares o equivalentes. Confieso que yo, salvo casos de necesidad, urgencia o ausencia de alternativa, suelo practicar esta modalidad de disenso y dejar, tácita pero tangiblemente, el testimonio de mi «No».
  Evito adquirir productos que se publicitan alrededor de un espacio televisivo o radiofónico que me disgusta o que ataca seria y sistemáticamente mis principios, sobre todo los éticos y morales. Y no digamos cuando la empresa productora viola o colabora en la violación de los más elementales derechos humanos y cívicos. El abanico del disenso es muy amplio.
  Me quedo muy a gusto, aun sabiendo que lo mío es testimonial, cuando compro Herrero en lugar de Hernández (discúlpenme los homónimos, sólo es un ejemplo) porque así castigo una conducta o una línea de actuación con la que no comulgo, no estoy en sintonía o directamente repudio.
  Claro – dirán Ustedes – te quedas a gusto y en paz con tu conciencia, sin embargo es una rebeldía poco eficaz.
  Ese es el punto. Tendríamos que saber imitar, aquí, eso que en otras, pocas, latitudes han sabido aprender y que asusta a las marcas, sobre todo las más grandes, porque se las ataca donde más duele: la imagen y el beneficio.
  ¿A qué viene todo esto?
  Viene como reacción indignada al enterarme de que se está investigando el comportamiento de un grupo empresarial cuyas trabajadoras han sido humilladas. Sólo las trabajadoras, no los trabajadores, para añadir a lo denigrante también lo discriminatorio. A esas mujeres – aquí me salto la presunción de inocencia, porque está más que comprobado – se las obliga a ir al aseo sólo por cinco minutos y colgándose un cartelito rojo que dice eso: “Aseo”.
  No necesito comentar más. Es uno de los muchos casos en los que hay que decir ese «No» con la mayor contundencia posible. Y sabiendo que a ese repudio podemos acompañar un arma poderosa: no comprar a esa empresa. Hacerlo con productos similares de otras marcas, ejerciendo nuestro derecho de consumidores responsables.
  ¿Por qué no comenzamos a partir de hoy? Por ejemplo, con los productos de Agronativa, del grupo agroalimentario “El Ciruelo” de Alhama, Murcia.
  Alguien podrá objetar que eso, si se hiciera de forma masiva, podría tener consecuencias también para los puestos de trabajo de los mismos trabajadores de una empresa o grupo comercial o industrial. El riesgo existe. Pero tengo dos objeciones: la primera, que a lo mejor, si la retirada de confianza es contundente, será suficiente para producir una rectificación a tiempo; la segunda, mucho más importante, es que hay límites de tolerancia insuperables y principios innegociables. Cueste lo que cueste. También en tiempos de crisis.

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