Por lo que parece, y por lo que leo en el primero de los titulares
adjuntos, el que se refiere a los acuciantes problemas económico-financieros
lusitanos, ya está. La Península Ibérica (Andorra ya se ubicaba en el “bando
correcto”) es finalmente una tríade de estados (¿o “estadas”?) femeninos. Digan
lo que digan la historia, la tradición, las costumbres y la mismísima Real
Academia Española de la Lengua.
Bueno, tendrán que disculparme
que no tome esto en serio y que finja elevar la anécdota al estatus de
categoría. Pero, sin llegar a cachondearme, no me resisto y me tomo la licencia
de aprovechar este Pisuerga para hacer/hacerme algunas preguntas.
Por ejemplo, me pregunto sí
todavía rige o está en vías de extinción la moda que tanto debe a las glándulas
salivales del lehendakari Ibarretxe – ¿se acuerdan? – esa moda de alargar parrafadas,
conferencias y debates para que quedase más que claro que el político
peneuvista se dirigía en plena equidad e igualdad – ¡faltaría más! – a “ciudadanos
y ciudadanas”, a “vascos y vascas”, a “compañeros y compañeras” y, si me apuran,
a “todos y todas los presentes y las presentas”. Bueno, este último es de mi
exagerada cosecha.
Me pregunto también si de
verdad, sin despreciar el valor intrínseco y simbólico de la palabra, con esto
de forzar el lenguaje, precipitando en un “políticamente correcto” que se viste
de aburrido “burocratés” (el neologismo es mío), no estamos llegando a producir
cansancio y hasta rechazo. Y cuando la gente se cansa y rechaza, el efecto es o
nulo o boomerang, es decir que se puede volver en contra de la intenciones
iniciales.
Creo que este, por el
radicalismo de posiciones frecuentemente opuestas, es uno de esos debates de
momento casi imposibles. Tengo mi receta. Pues yo paso, dejo que todo esto “me resbale”
y confío en el tiempo, gran consejero que cuando hay que cortar, corta casi
siempre por lo sano.
Repito: el error, gazapo,
distracción o lo que fuera que haya motivado el error del titular, ese es sólo
un pretexto. Lo he utilizado, forzando y mucho, porque tenía ganas y porque es mi manera de decir que algunos y
algunas, con estas “chorradas”, a Ustedes no sé, pero a mí me han cansado.
Peor: me han colocado en el antesala de la indiferencia. Por eso, sigo instalado en los alrededores del sentido común y de la moderación, que no son unos malos lugares.
4. género de los nombres de países y ciudades. En la asignación de género a los nombres propios de países y ciudades
influye sobre todo la terminación, aunque son muy frecuentes las vacilaciones.
En general puede decirse que los nombres de países
que terminan en -a átona concuerdan en femenino con los determinantes y
adjetivos que los acompañan: «Serán los protagonistas de la Colombia del
próximo siglo» (Tiempo [Col.] 2.1.90); «Hizo que la vieja España
pensara sobre sus colonias» (Salvador Ecuador [Ec. 1994]); mientras
que los que terminan en -a tónica o en otra vocal, así como los terminados en consonante, suelen concordar en masculino (…omissis…)
Diccionario
panhispánico de dudas ©2005
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
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Mi scuso, ma stavolta preferisco non tradurre. Si tratta di un dibattito molto
spagnolo, quello dell’esasperazione ideologica della cosiddetta “parità di
generi” applicata al linguaggio. In italiano, le allusioni locali e i giochi di parole non sarebbero
facilmente comprensibili e non produrrebbero lo stesso effetto.

