Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
Mostrando entradas con la etiqueta dibattito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dibattito. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de octubre de 2012

(158) Eufemismos y omisiones, deporte de muchos medios “de calidad” o “de referencia”.
Por cierto, y Obama-Romney ¿qué tal?

Eufemismi e omissioni, sport preferito di molti media “di qualità” o “di riferimento”.
A proposito, l’Obama-Romney com’è andato?




Esta mañana, en Twitter, escribía que no le compraría un coche usado a Romney pero tampoco le vendería uno a Obama. Quien me conoce o tiene ocasión de intercambiar opiniones conmigo, bien sabe que nunca me “enamoré” del inquilino de la Casa Blanca – como ocurre con demasiado mitos efímeros de nuestros tiempos, aquí mismo también – ni tampoco me han entusiasmado la personalidad y muchas ideas del contrincante republicano.
  Sólo quiero matizar que no se trata de programas o de visiones y propuestas de soluciones para esta crisis económica de dimensiones planetarias. Mis prioridades, a la hora de conectar o no con un político, van hacia su línea ética y moral, su humanismo, su sentido – sincero – del bien común y el respeto del individuo, del ciudadano. Apunto alto, ¿verdad? Pues sí, y será por eso que doy gracias a Dios de no poder votar por obvios motivos de nacionalidad, en el caso de España, y por la excusa de la lejanía, relativa pero real, con relación a Italia. Ya sé. Me he buscado, o la circunstancias me las han ofrecido, dos discretas coartadas que sin embargo me facilitan la ausencia de pasión y la posición de observador escasamente implicado.
  Pero estoy desviándome de lo que quería resaltar y que, una vez más, esta mañana muchos medios han puesto en evidencia. No es otra cosa que la importancia de prestar atención no sólo a lo que un medio de comunicación escribe, sino también a sus omisiones, sobre todo cuando son frecuentes, reiteradas, unidireccionales.
  Esta mañana, recién concluido el primer debate Obama-Romney, era más que evidente que a muchos medios - en primera línea a los que se autodefinen o insinúan “de calidad” o “de referencia – les costó y mucho dar la noticia. Contrariamente a lo que ocurre con la contundencia de debates en este mismo país, esta mañana costó una barbaridad decir al lector, en el titular o por lo menos en las primeras líneas del texto, quién había salido ganador y quién tendría que considerarse perdedor de este primer round. Un medio de los “importantes” tardó nada menos que una treintena de líneas en su pieza principal de crónica-análisis.
  “Centrados en la economía”, “Agresividad de Romney”. Pero tanto costaba decir inmediatamente y con claridad lo que espera alguien que ha quedado aislado un domingo y pregunta: “¿Ha ganado el Madrid o el Barça?”. Claro que costaba y por eso, eufemismos y omisiones a mansalva. Tomen nota. Con omisiones se lavan más cerebros (o se intenta) que con afirmaciones.
  “De referencia”… Hagan el favor, que somos viejos del lugar y de la profesión. Sobre todo, no tontos ni tan forofos hasta la ceguera. Y no tarda mucho en aparecer algún niño que, apuntando, pone en evidencia que el rey está desnudo. En pelotas y ante todos.

martes, 15 de noviembre de 2011

(118) ¿Libertad de pensamiento? Dejemos de tomarnos el pelo… El “pensamiento único” avanza, imparable y sin percibirlo conscientemente
Libertà di pensiero? Non diciamo sciocchezze… Il “pensiero unico” avanza, inarrestabile e senza che se ne abbia piena coscienza.

Hace unos cuantos años decidí que, salvo en determinados ambientes y en contadas y comprobadas compañías, nunca más hubiese debatido, en España, sobre una media docena de argumentos. Fue una rendición ante la evidencia. La comprobación de que el “pensamiento único”, y el “ningún pensamiento”, habían ganado terreno de manera apabullante a la capacidad de diálogo, al respeto de las opiniones ajenas y a las diferentes -y a veces diametralmente opuestas- visiones de la vida.
  Seguro que habrá quien objete y dirá que estoy exagerando. Y seguro que muchos lo dirán creyendo en lo que dicen. También eso lo he constatado: está muy extendido el ámbito de los tabúes y de las imposiciones ideológicas, hasta tal punto que la discrepancia, la defensa de posiciones diametralmente opuestas -casi de trinchera- o muy alejadas, todo lo que sea no seguir el santo y seña del “es así, porque sí”, es casi heroico.
  No, no es necesario enumerar. No voy a entrar en el detalle de temas, argumentos, posiciones e ideas. Sencillamente, llevo mucho tiempo constatando que lo mismo que aquí conlleva muchas dificultades, en cuanto cruzas el Pirineo, o te reúnes con amigos extranjeros, no importa su procedencia, todo se hace más fácil y en la confrontación de ideas pueden convivir opiniones tan alejadas como el Himalaya del Mato Grosso o los pingüinos de la víbora cornuda.
  Están ganando la batalla, todas las batallas y la misma guerra, los que con hábil estrategia de lavado de cerebro han hecho asumir a una parte importante de la sociedad que lo moderno, lo progre, lo avanzado y el “no va más” es pensar como parte del rebaño. Y el ostracismo para quien no quiera comulgar con ruedas de molino.
  ¿Que soy poco claro? ¡Claro! He comenzado apuntando que algunos argumentos no se me ocurre debatirlos aquí, ni tan siquiera enunciarlos. Para ello tengo otros medios, otros países y otras lenguas en las que es tan posible como normal y aceptado ¿Que soy críptico? Pues sí. Y permítanme que siga siéndolo con estas parrafadas encriptadas. Un seguro refugio para expresarse sin que te salten encima porque no piensas como el rebaño.

A+mEDRozeuNBwZ2w/udL7VPdQI8j6OLaP2NGO8w+6mDQE39K5yhTMHMgWVtwaBaVBx4T1R4jHYOX5Kgf/mQlRA0KSl/
+6K3BmjEkry6tAD6zmvZz6GuCk1xMYPjYz3KqCtk6ZkWUGsYwMg04xh3ggIdmby0LCH3QPkGZ8WwdstBprPe56/yX7S4my3Rn/xXa0xmu986eLrvvy4KxFht1M3N28/3/C2KmX2fMp0thhBJVSeS24SlCgDa3bihyqePx0JPV8o52Ir7/Cc3o2r55zaLg
vSlFILoOpw6huVb7rZMbp4dsurh2k6mOYyaIdysK4avCRBAPQrBsUV8tCxFksIKe3PYxi70g/JH22ZxxzgGH1+
+oXtO8Wom9VBB4GkzBzX0KOhYi6jTPHUzK4J4SrjyxSnTOV9xZ4aPzqaC5qtuJo1d7MgV0044s3heSc0aIc5qDfwhPRSnrvFh53/GUcvt12rR3nKhOuNbxFkZVKPrfX0haueb9CqnjdSsUn7Uv3dkQlCNY20eMg72XwtNYdD/i7hKCZshENgIksyob8ch
s+zTGMILmAX7bCVMIm05Lh8Ejcz9+4xKVTZYXQpa9Od/x4Q5Mt0WRRVC2iTr8OVak4HcZvPw73uRnxtGi0PwnFvpWSIixnEKhwkImJZ7Xy05np7DUO53rimPbWMsaWiTqVRNazIU40UGLYL/kGzuRaB8UFm7LZ/V/xjWez1xhhUhAU1rtjHOao/JH5uTRC
rz/3nlqSOGvtUw+Zw2ixOg5YNB2cpeg0F+jngkAugjrasduTuqOlv35wKXiwNJpS8CDlEAnGmLIePU3SE9NyH/t+IYX6ShCZq8yPFTaDtlHhNaHPYqPnmJ7ZserH3s13g
+N2aG4vP9fHKx5B9AYBN3j2udfBIyaNf9SrVFfHcwiUMmQsYMfpY02cwTRb4y8KqXtr9U65+XNhLleMQ6YDoV+afL+NYgixHAeTciQoJORimn76D6IUWriHpzzxHv1fmHvctj8bhghFcjNklneG
+sHu2HAxpiTAR1+7reSgtGkAsoWoYRxpvrRrYF015B3Qrq1drsfVCGhPLSb1jK1O9yTwdgriWoFrvrILs4liXCw8PbZpgC1NJY9oQWLIr55oeZIQAkgbzxp8yr9pLwXyARYa1O6Y1lgPcIMx+WypBRQuafoox7aU+Qt40D1DRJ7qvX7d+
+IBPee9jdJDiil8Pp2ZwVc8YhgPq0ek//OYUU4W/J7IX+3vB/3Bxk1P5fFy8SGWJcGm2k7alMHiwAy2dVbigQihvMysXZSECfKJknAwZJf3jKuWYzW2tciM7KDAeHeKAIvl8yZd74UuCy+FLf9MYI7R/s3VIcsHiONOXzckPd0DvfzQ+iA
+S7M3gGDs92Sc6MczMEsGt98evEm3paLsKERoI/sYnr7C1xXYJj/9xsOAN0kUFZTrNxjZo5OSN7nCn/duLcNK7OTWDRJ2IYftCO/91m3m+qJptXFw4qvpFUuD8/K64RlN2ipfZSYHBjLcmANHEra
+3Q9bw/X99ofTp9d1ZR1JPBisYplG21iIA4h9imtvAxhO0Ym5T7M5srrtYvG86KxKm2rlUWuyN5Cn6VknjjhWN3xwiOFI7yMSD4njmOa6fbZ

Texto encriptado en Ron's Code 2 (RC2) - Key: OSA123456789 y IV: 987654321OSA

lunes, 4 de julio de 2011

(97) Lo admito. Cuando quiero, sé transformarme en un auténtico cabronazo
Sí, lo ammetto, cuando voglio mi so trasformare in un gran figlio….

No tengan reparo. Díganlo que en algunos momentos soy un cabronazo. O que juego a serlo.  Soy el primero en reconocerlo y, lo admito, es una estrategia que suelo utilizar cuando en una confrontación de ideas, un debate, intento hacer ver a mi interlocutor sus contradicciones más evidentes. No para dejar con el trasero al aire (mis gatos me han enseñado que no hay que acorralar o arrinconar sin vía de escape); más bien para que una imagen, una situación, sea más elocuente que muchas teorías arriesgadas.
  Hace no menos de dos años, estuve charlando con una querida colega, una mujer inteligente, un cacho de pan como carácter, pero con alguna tendencia a pasar por revolucionaria o, cuanto menos, osada, en algunos de su planteamientos. Y en eso nos enzarzamos en el tema de la prostitución. Yo como defensor a ultranza de la dignidad de toda mujer (una mujer no tiene precio, un ser humano no se vende) y ella con ese “justificacionismo” de la libre elección (además de otras consideraciones, siempre dudosas) de que se trata de una “profesión como muchas otras". Hablabas, mi amiga y colega de profesión, comparando con un artesano, un profesional, un comerciante.
  La cosa acabó en tablas, es decir, cada uno con su propia posición sin posibilidad de conciliación.
  Hasta… hasta que, mucho tiempo después, una mañana, con la colega periodista nos cruzamos por ahí y quedamos hablando un rato. Se la veía en una explosión hormonal y de felicidad. Gozaba, y así lo decía, feliz de su primer embarazo, de esa convivencia estricta con la niña que estaba a dos meses y poco más de llegar a Madrid.
  Y allí, con la confianza que nos tenemos, hizo su presencia este cabronazo. A mi amiga le pasé la mano en la barriga, se la acaricié mirándola a los ojos (muy azules). Ella me sonrió, agradeció el gesto y me dijo donde era posible percibir algún movimiento, la clásica patadita.
  No pude contenerme. El cabronazo abrió la boca y, siempre acariciando y sonriendo, dijo: “Espero que vaya todo muy muy bien. Y de la niña ¿que quieres que te diga? Que le deseo un futuro feliz, que se realice como mujer… por ejemplo como una buena profesional de la prostitución….”.
  O….. – así se llama – me miró desconcertada, se le cortó la sonrisa que en ella es connatural. Luego se le encendió una bombilla, recobró la sonrisa, me acarició la barba y me dijo: “Pero ¿te lo creíste? Eso fue para picarte… una solemne gilipollez”.
  Pues eso.   este cabronazo se despidió, tan feliz, con un beso a la futura mamá.