Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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lunes, 9 de noviembre de 2015

(229) Soy una puta. ¡Y a mucha honra!
Sono una puttana. E me ne vanto!



























Cuando vi ese titular, le dediqué pocos segundos de atención. Uno no ha nacido ayer, ha vivido y vive en este mundo, conoce la Historia y por lo que se refiere a la sociedad de su tiempo, esta se la ha pateado a lo largo de una intensa vida profesional y personal que lo ha dejado a lo mejor hecho unos zorros, pero desde luego no ciego, distraído y mucho menos ingenuo. Es decir, y es muy triste reconocerlo, que ha quedado con algo mermadas las capacidades de sorprenderse de los límites que puede alcanzar y superar, en el bien y en el mal, el ser humano. Aunque con ojos y oídos bien abiertos.

No entro ahora en la dramática situación de personas, cualquiera y en cualquier lugar y sector, que, por la amenaza, la violencia o insostenibles situaciones sociales, se ven obligadas a desarrollar actividades degradantes. Sabemos de lo que hablamos, es un multitudinario drama que nos rodea y permea nuestras sociedades y tenemos que reconocer que hacemos bien poco para dar respuestas humanas, sociales, políticas y legales.

Ahora, bajo el estímulo de ese titular, que no es el primero como tampoco lo son afirmaciones orgullosas de esa naturaleza, quiero detenerme un momento en lo que suelo definir la “voluntariedad de la abyección moral”. “Uy... lo que ha dicho...”, habrá reaccionado algún lector. Pues sí, he pronunciado y escrito la palabrota, esa que a muchos molesta y que otros tantos quisieran desterrar del diccionario y de nuestras vivencias.

Ya sé: “el cuerpo es mío”, “un negocio es un negocio”, “cualquier actividad y actitud, si es voluntaria, es legítima”, “no hay que meterse en la libre elección de los demás”, y un sinfín de etcéteras. Algo escuchado y leído todos y cada día de cada año, siempre con mayor empuje y con progresivo calado en la sociedad, por eso de la bajada de los niveles de las tragaderas, el pasotismo ético y moral, el movimientos masivo a lo “Vicente donde va la gente” y cierta pasiva homologación a los cánones de algunos “pensamientos únicos” que no hagan parecer bichos raros a quienes quieren estar al día con lo último que se lleva por ahí.

¡No! Ese titular, esa afirmación con tonillo orgulloso (que en ese caso específico sea auténticamente sincero, no lo puedo juzgar) no lo acepto. Supera y de mucho mis límites, a pesar del incipit de estas líneas, cuando me refería a la escasa ingenuidad, a la nula ceguera y a esa lastimosa merma de la capacidad de sorprenderme de lo que somos capaces.

Sé lo que hay y como somos y hasta donde podemos llegar, ciertos hombres y ciertas mujeres. Lo cual no me impide poner mis barreras éticas y morales. Y no sólo en el campo específico y en la actitud que ha sido pretexto de este momento de reflexión.

Ante cualquier bajada de los topes que nos mantienen a flote, con todos nuestros límites, a los seres humanos, me planto y me rebelo, por lo menos en mi fuero interno. Me siento incapaz de comprender y aceptar la prostitución (ahora no hablo de la física) de los comportamientos éticos y morales de personas que rebajan su propia dignidad por cálculo, conveniencia, inercia o por querer alcanzar objetivos a toda costa. Aunque el precio sea la abyección de los comportamientos.

No me quedo indiferente ante quienes engañan y se engañan, y articulan con un desparpajo aparentemente apabullante toda una batería de argumentaciones justificativas de sus actos. Los del despreocupado “Si lo quiero y puedo conseguirlo, pues lo hago” a toda costa. Ya sé que en nuestra especie hay de todo y todo lo contrario, que en variedad y calado no estamos hechos con un molde serial. La mayoría nos hemos moldeado conscientemente a lo largo de nuestra vida, hemos decidido rumbos y somos el resultado acumulativo y complejo de nuestra obra individual.

Por eso, porque tenemos la capacidad de moldearnos, es decir de escoger, aunque sea por la vía menos fácil y cómoda, hay que saber decirnos un seco “¡NO!” cuando advertimos que debajo de nuestros pies se están aflojando los pedales de nuestros frenos inhibitorios. Justo el momento en el que todavía podemos poner a salvo la dignidad. Que no es poco.

martes, 15 de noviembre de 2011

(118) ¿Libertad de pensamiento? Dejemos de tomarnos el pelo… El “pensamiento único” avanza, imparable y sin percibirlo conscientemente
Libertà di pensiero? Non diciamo sciocchezze… Il “pensiero unico” avanza, inarrestabile e senza che se ne abbia piena coscienza.

Hace unos cuantos años decidí que, salvo en determinados ambientes y en contadas y comprobadas compañías, nunca más hubiese debatido, en España, sobre una media docena de argumentos. Fue una rendición ante la evidencia. La comprobación de que el “pensamiento único”, y el “ningún pensamiento”, habían ganado terreno de manera apabullante a la capacidad de diálogo, al respeto de las opiniones ajenas y a las diferentes -y a veces diametralmente opuestas- visiones de la vida.
  Seguro que habrá quien objete y dirá que estoy exagerando. Y seguro que muchos lo dirán creyendo en lo que dicen. También eso lo he constatado: está muy extendido el ámbito de los tabúes y de las imposiciones ideológicas, hasta tal punto que la discrepancia, la defensa de posiciones diametralmente opuestas -casi de trinchera- o muy alejadas, todo lo que sea no seguir el santo y seña del “es así, porque sí”, es casi heroico.
  No, no es necesario enumerar. No voy a entrar en el detalle de temas, argumentos, posiciones e ideas. Sencillamente, llevo mucho tiempo constatando que lo mismo que aquí conlleva muchas dificultades, en cuanto cruzas el Pirineo, o te reúnes con amigos extranjeros, no importa su procedencia, todo se hace más fácil y en la confrontación de ideas pueden convivir opiniones tan alejadas como el Himalaya del Mato Grosso o los pingüinos de la víbora cornuda.
  Están ganando la batalla, todas las batallas y la misma guerra, los que con hábil estrategia de lavado de cerebro han hecho asumir a una parte importante de la sociedad que lo moderno, lo progre, lo avanzado y el “no va más” es pensar como parte del rebaño. Y el ostracismo para quien no quiera comulgar con ruedas de molino.
  ¿Que soy poco claro? ¡Claro! He comenzado apuntando que algunos argumentos no se me ocurre debatirlos aquí, ni tan siquiera enunciarlos. Para ello tengo otros medios, otros países y otras lenguas en las que es tan posible como normal y aceptado ¿Que soy críptico? Pues sí. Y permítanme que siga siéndolo con estas parrafadas encriptadas. Un seguro refugio para expresarse sin que te salten encima porque no piensas como el rebaño.

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Texto encriptado en Ron's Code 2 (RC2) - Key: OSA123456789 y IV: 987654321OSA

miércoles, 9 de noviembre de 2011

(117) El "pensamiento único" y los tabúes al pensar en voz alta en España, según unos twitteros
Il “pensiero unico” e i tabu quando in Spagna si pensa ad alta voce, secondo utenti di Twitter

Con la limitación de los 140 caracteres, y en tres tiempos, lancé unas preguntas en el Time Line de Twitter. No era un sondeo ni tenía la pretensión de parecerse.
  Sólo quería corroborar empíricamente algo que a estas alturas ya no necesito comprobar. Son muchas décadas aquí... Pero...
  Gracias a tod@s por no haberme dejado como un ciego o un despistado. Son las respuestas que esperaba. Todas y cada una.


Estos fueron mis tweets:

1) Pequeño test. Me gustaría leer opiniones. Por qué creéis q en España es más difícil q en otros países pensar en voz alta, discrepar -en…

2) … muchos temas- de corrientes dominantes, “pensamientos únicos”, etc... Es una observación muy evidente…  Aquí te comen vivo…

3) Me refiero a argumentos tabúes, divergencias irreconciliables, imposibilidad de poner en cuestión, etc. etc….


Y estas las respuestas de quienes intervinieron:
(Una selección de las que no han mezclado temas)

 De @jaimeabeja - @JostoMaffeo debe ser la influencia de la religión católica. Una organización basada en dogmas y con tanto arraigo hace difícil el debate
De @estePepin - @JostoMaffeo será, quizás, por fanatismo... entendiendo fanatismo por pasión? somos muy pasionales y vehementes a la hora e expresarnos, no?

De @jaimeabeja - @JostoMaffeo piense también cuántas reformas (religiosas) triunfaron en España: ninguna. Triunfaron en países mucho más avanzados (ALE, UK)

De @franleiro -  @JostoMaffeo Quizás por la tendencia fanática de nuestra educación? Defendemos nuestros ideales como quien defiende los colores de su equipo

De @JostoMaffeo - Pero no voy a opinar. Aquí voy de observador. Sólo un subrayado. España tiene lo mismo que tienen sus países vecinos. No le falta ni le sobra

De @lavidriera64 - @JostoMaffeo sigue habiendo doble moral, puedes pensar pero no lo digas... increíble y vergonzoso a estas alturas Josto

De @rosypunto - @JostoMaffeo porque no respetamos que alguien pueda tener una opinión diferente que la nuestra, queremos tener siempre razón.
De @ChusBello - @JostoMaffeo Todos te responderán por peteneras. Para tomarle el pulso a la opinión hay q sacar temas concretos. Yo no me atrevo...

De @franleiro -  @JostoMaffeo Además tiene mucha culpa la pereza, no pasamos el trabajo de informarnos más que por la única fuente que queremos escuchar.

De @JostoMaffeo - @ChusBello No, me interesa la actitud general, no tanto el tema concreto. Es una observación que apasiona e intriga a muchos visitantes.

De @lacelda24601 - @JostoMaffeo Fundamentalmente, por el sistema con que nos educan. No hay posibilidad de discrepancia o crítica. Se basa en aprendiz memoria

De @lacelda24601 - @JostoMaffeo De ahí que no estemos acostumbrados a que nos desmonten nuestros dogmas.

De @murciglero - @jostomaffeo Ejemplo: si presumes de español, se te vincula a la derecha (la sombra de Franco es alargada). Vascos, gallegos, catalanes...
De @ChusBello - @JostoMaffeo Pero filosofarán sin entrar a saco, Josto... Sin ver la realidad. Pregúntale a @ElCamisilla la libertad d opinión q impera...

De @ChusBello - @lacelda24601 @jostomaffeo Ahí tienes, Josto. Filosofía en estado puro.

De @JostoMaffeo - Interesante, interesante. Y a más aportaciones, más riqueza de material para entender, aunque es una muestra muy pequeña y circunscrita.

De @maribellhm - @JostoMaffeo la diferencia de opinión se torna en beligerancia personal
De @RamonSanchis - @JostoMaffeo 1) Por que salimos de una dictadura hace 4 días, como aquel que dice...

De @HugoFSilberman - @JostoMaffeo 1periodista a quién seguía (C.Carnicero) me bloqueó x criticar sus posiciones, comentarios y trayectoria. "En casa de herrero..."

De @olea - @JostoMaffeo tal vez inconscientemente asumimos la ideología de un bando o colectivo en lugar del pensamiento crítico individual #dosespañas

De @JCMorado - @JostoMaffeo Somos un país cainita: de izqdas o de drchas, del Barça o del Madrid. No hay términos medios, así nos va.
De @HugoFSilberman - @JostoMaffeo Entiendo p quería significar q tb hay responsabilidad nlos creadores d opinión y quienes dbn reflejar la realidad sin crispar

De @elcamisilla - @ChusBello @JostoMaffeo Valentía tuitera! Si no opinas no te equivocas! Yo, prefiero equivocarme. Además, te avisan, rectificas y arreglao!

De @lacelda24601 - @ChusBello @ElCamisilla @JostoMaffeo Si piensas diferente, o si invitas a replantear, eres un peligro, un desestabilizador.

De @lacelda24601 - @ChusBello @ElCamisilla @JostoMaffeo Cuando oigo: "Como en España, no se vive en ningún sitio". Yo pregunto: ¿En cuântos países has.vivido?  (*)

De @JCMorado - @JostoMaffeo Preferimos ahogarnos antes de aceptar la mano salvadora del rival.

De @ChusBello - @lacelda24601 @elcamisilla @jostomaffeo En "ningún sitio". Está clarísimo... No sé dónde queda, pero la mayoría lo ha visitado.
De @elcamisilla - @lacelda24601 @ChusBello @JostoMaffeo ¿vivido? ¿vivido? en España tampoco

De @florgonio - @JostoMaffeo falta de costumbre
De @ladelarco - @JostoMaffeo será la herencia d franco?

De @Aguaazulverde - @lacelda24601 Gracias por decir lo que pienso tantas veces al oir esa frase..... @ChusBello @ElCamisilla @JostoMaffeo ¡ (Se refiere a *)


miércoles, 2 de marzo de 2011

(49) Cuando los medios consagran lo abyecto y a los gilipollas
Quando i media consacrano l’abietto e gli imbecilli

«¡O tempora, o mores!» No es necesario y sería exagerado llegar a resucitar la célebre invectiva de Cicerón a Catilina, pero reconozco que en algunos momentos la tentación se hace fuerte. Luego uno se sosiega y reconoce lo evidente: que cualquier tiempo tuvo, tiene y tendrá sus más y sus menos, sus escaladas hacia lo sublime, la bajada a la normalidad y también – cómo no –  la vertiginosa caída hasta lo más hondo de las cloacas.
  Bien saben quienes tienen la amabilidad de pasar por estas páginas que soy todo menos que tierno con mi profesión. Y a esta quiero limitarme en algunas breves consideraciones, por la enorme (ir)responsabilidad que periodistas y medios tienen en sugerir, moldear, dirigir, imponer actitudes, definir o romper límites para las tragaderas sociales, éticas y morales de la colectividad y de sus pobladores.
  Nunca he creído en mitos, no recuerdo haber pedido un autógrafo ni haberme excitado al paso de alguien muy conocido. Ni ahora, ni ayer y muchos menos anteayer. Los mitos – bien lo sabemos los periodistas – a menudo son producto del bombo y del rebote, local o planetario, que la prensa ofrece a los buenos, a los mediocres y también a los malos malísimos.
  En tiempos en que el “pensamiento único” es casi una imposición y cuando muchos lo aceptan por la cobardía social de no querer quedarse en evidencia, los medios colocan la etiqueta de “progre” y de “moderno”, cuando no de “genio”, a cualquiera que sobresale en algo y, sin embargo, no se puede decir lo mismo de todos los demás aspectos de su personalidad, de su vida y de sus actitudes.
  Dos ejemplos, uno de estos días y el otro de hace algún tiempo pero todavía de gran actualidad. Borracho perdido, y parece que no se trata de la primera vez, el modisto John Galliano insultó gratuita y fuertemente a unas personas que encontró en una cafetería parisina y culminó su ataque con expresiones de admiración a Hitler y con frases fuertemente antisemitas. El otro personaje es Roman Polanski, conocido hombre del cine y muy conocido violador de menores, reclamado por la justicia y en permanente estado de rebeldía.
  Bien. Es decir, mal, muy mal. En muchos medios, hay que reconocerlo, se ha estigmatizado con merecida dureza la actitud de uno y de otro. Pero muchos medios y muchos, demasiados periodistas, han añadido el “pero”. Ese “pero” que intenta pasar por encima, que suaviza la barbaridad, la imbecilidad y la criminalidad. Hemos leído «Sí, pero es un gran director de cine… Ya, sin embargo sus diseños son revolucionarios…» y otras lindezas que suenan a exculpatorias, creando así un movimiento de opinión hacia la indulgencia.
  Lo siento, yo también quiero poner mi “pero”, pero al revés. Calígula adoraba y cuidaba los caballos, pero era un déspota despiadado y alocado. Hitler amaba la arquitectura y adoraba y cuidaba sus perros, pero era quien era y no es necesario recordarlo. Y que Hemingway fuese un buen narrador nadie lo niega, pero era un empedernido alcohólico con el que era difícil compartir momentos de lucidez.
  Pues es una cuestión de prioridades. Con demasiada frecuencia en los medios se exalta un aspecto, una propensión, una capacidad, soslayando y exculpando tout court lo que hay detrás y que con mucha frecuencia es lo más importante. Porque, no lo olvidemos, los periodistas señalamos a la sociedad símbolos, ejemplos, modelos. Y estos no pueden ser ni violadores ni borrachos nazistas y antisemitas. Por mucho que gusten sus películas y sus vestidos.
«¡O tempora, o mores!».  Non è necessario e sarebbe esagerato resuscitare la celebre invettiva di Cicerone a Catilina, ma riconosco che in alcuni momenti la tentazione si fa forte.  Poi mi tranquillizzo e riconosco l’evidenza: che qualsiasi tempo ha avuto, ha e avrà i suoi momenti alti e quelli bassi, le scalate verso il sublime, la discesa alla normalità ed anche – come no – le vertiginose cadute verso l’abisso delle cloache.
  Chi mi fa la cortesia di passare per queste pagine ben sa che io sono tutto meno che indulgente con la mia professione. Ed è a questa che intendo limitarmi in alcune brevi considerazioni, per l’enorme (ir)responsabilità che giornalisti e media hanno nel suggerire, configurare, dirigere, imporre atteggiamenti, definire o rompere limiti alla tolleranza sociale, etica e morale della collettività e dei suoi membri.
  Non ho mai creduto nei miti, non ricordo di aver mai chiesto un autografo né di essermi alterato per aver incrociato un noto personaggio. Né ora né ieri e neppure ieri l’altro. I miti – lo sappiamo bene noi giornalisti – spesso sono il prodotto del rumore e dei rimbalzi, locali e planetari, che la stampa offre ai buoni, ai mediocri e pure ai cattivi cattivissimi.
  In tempi in cui il “pensiero unico” è quasi un’imposizione e quando molti lo accettano per la vigliaccheria sociale di non volersi porre in evidenza, i media collocano l’etichetta di “progressista” e di “moderno”, se non di “genio”, a chiunque possa emergere per qualsiasi motivo, senza però obiettare su tutti gli altri aspetti della personalità del soggetto, della sua vita e dei suoi atteggiamenti.
  Ecco due esempi, uno di questi ultimi giorni e l’altro di molto tempo fa, ma ancora di grande attualità. Ubriaco fradicio, e pare proprio che non si trattò della prima volta, lo stilista John Galliano ha insultato gratuitamente e pesantemente un gruppo di persone incontrate in un caffè parigino, culminando l’attacco con espressioni d’ammirazione nei confronti di Hitler e frasi fortemente antisemite. L’altro personaggio è Roman Polanski, noto uomo di cinema e molto noto come violentatore di minorenni, reclamato dalla giustizia e in permanente stato di latitanza.
   Bene. Anzi, male, molto male. In molti media, è giusto riconoscerlo, è stato censurato con meritata durezza l’atteggiamento di uno e dell’altro. Eppure, molti media e molti, troppi giornalisti, hanno aggiunto il “però”. Quel “però” che cerca di passare sopra, che soavizza l’atrocità, l’imbecillità e la criminalità. Abbiamo letto «Sì, però è un grande regista… Già, ciò nonostante i suoi abiti sono rivoluzionari…» e altre perle che suonano a mo’ di discolpa, creando così un movimento d’opinione verso l’indulgenza.
  Mi spiace, ma anch’io voglio collocare il mio “però”, in questo caso al contrario. Caligola adorava e curava i cavalli, però era un despota spietato e folle. Hitler amava l’architettura e adorava e curava i suoi cani, ma era chi era e non è necessario dire di più. Che poi Hemingway fosse un buon narratore nessuno lo nega, era però un alcolista cronico con cui era difficile condividere momenti di lucidità.
   Si tratta, dunque, di una questione di priorità. Con troppa frequenza, nei media si esalta un aspetto, una propensione, una capacità, passando sopra e discolpando tout court ciò che c’è dietro e che frequentemente è l’aspetto più importante. Non dobbiamo dimenticare che noi giornalisti additiamo alla società simboli, esempi, modelli. E questi non possono essere né stupratori né ubriaconi nazisti e antisemiti. Anche se possono piacere i loro film e i loro vestiti.  

miércoles, 26 de enero de 2011

(34) “Opinionistas” de cabecera
Opinionisti di fiducia

Podría citar a muchos, pero a este periodista, que muchos de Uds. identificarán sin dificultad, le sigo con cierta atención, porque es el paradigma de todo lo que no me parece que tendría que ser el ejercicio de rigor y de la distancia en esta profesión. Pues su principal característica es que escribe en un solo sentido. La segunda peculiaridad es que la realidad no puede ser y entonces hay que limarle sus asperezas que incordian y así se puede contar con más afinidades a su propio “pensamiento único”.
  Pero lo que más me ha llamado la atención, siempre, es que cuando este periodista tiene que recabar y citar opiniones, la mayoría de las veces recurre a no más de cinco personajes, siempre los mismos y siempre utilizables para cualquier argumento que se tercie. Todos ellos - ¡faltaría más! - se posicionan ideológicamente en el mismo sentido y son militantes de la disidencia en el ámbito de sus respectivos gremios.
  Y esta mañana – ¡bonita reunión de familia! – leo y encuentro a tres de ellos todos juntitos, citados en una misma crónica.
  Por cierto, debajo de la cabecera del periódico para el que escribe nuestro colega leo que se autoproclama “global”. Hombre, en el Globo, y hasta en una aldea, caben más de cinco opiniones a las que se pueda recurrir a lo largo de un año.
  ¡Bendita objetividad!

Potrei citarne molti, ma questo giornalista, che molti di voi identificherete senza troppe difficoltà, lo seguo con certa attenzione, perché è il paradigma di tutto ciò che non mi sembra che possa rappresentare l’esercizio del rigore e della distanza in questa professione. Già, la sua principale caratteristica è che scrive solo a senso unico. La seconda peculiarità è che la realtà non può essere così e allora lima gli spigoli e i risvolti che disturbano e così, ecco, si può raccontare con maggiori affinità al proprio “pensiero unico”.
  Ciò che, però, ha sempre richiamato la mia attenzione è che quando questo giornalista ha bisogno di ricavare e citare opinioni, la maggior parte delle volte ricorre a non più di cinque personaggi, sempre pescando tra questi, che sono utilizzati per qualsiasi argomento. E tutti – ci mancherebbe altro – si collocano ideologicamente nello stesso senso e sono, tra l’altro, militanti della dissidenza nell’ambito dei rispettivi ruoli e professioni.
  Ed ecco che stamani – ma che bella riunione di famiglia! – leggo e trovo ben tre dei cinque tutti insieme, citati nella stessa cronaca.
  Ah, dimenticavo. Sotto la testata del giornale per cui scrive il nostro collega, leggo che si dichiara “globale”. Beh, nel Globo, e persino in una piccola frazione, ci sono più di cinque opinioni cui poter ricorrere nel corso di un anno.
  Benedetta obiettività!