Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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miércoles, 2 de julio de 2014

(212) Si..., eres un grandísimo hijo de...
Se..., sei un grandissimo figlio di...





Joseph Rudyard Kipling (Bombay, 30 diciembre 1865
† Londres, 18 enero 1936), escritor y poeta británico.
Parafraseando 
muy libremente 
a Rudyard Kipling

(If, 1895)












 Si cuando se pregunta a las masas, éstas (y a lo peor, tú eres parte activa) eligen a Barrabás...

 Si cuando alguien se lleva un furgón blindado, multitudes (y tú en ellas) lo encumbran como a un héroe...

 Si el libro de quien no lo ha escrito (y a lo mejor ni lo entiende) consigue ser best seller...

 Si se piden programas de calidad y los pocos que hay no los ve casi nadie...

 Si donde se vomita lo peor hay más espectadores partícipes que en el circo romano...

 Si cuando lo hacen los tuyos es menos grave que cuando lo hacen los otros...

 Si no eres capaz de ver y admitir que no son como creíste que eran...

 Si haces en lo pequeño y en tu ámbito lo mismo que criticas cuando otros lo hacen en su ámbito y proporción...

 Si en enjuiciar a quien no piensa como tú eres más rápido de lo que eres en leer, escuchar y reflexionar sobre el objeto de la crítica...

 Si exiges justicia y severidad por todo y con todos, pero te escabulles con autojustificaciones y atajos cuando tú cometes algo indebido...

 Si tu madre es lo más sagrado, pero no te detienes antes el impulso de meterte con las progenitoras de los demás...

 Si cuando de los demás dices que especulan y tus pequeñas maniobras sólo son “ganar unos durillos”...
 
 Si te indignas cuando te rayan el coche y dices que son “chorradas” cuando en una refriega rompen escaparates y mobiliario urbano...

 Si el tal o la tal periodista es genial cuando acosa a quien te cae mal y otros son impresentables porque acosan a los tuyos...

 Si participas en la expresión de repudio por unas víctimas y con otras víctimas ni te inmutas...

  Si el color, el credo o la ideología de quien sufre es factor diferenciador de tus emociones, empatías y actitudes solidarias...

  Si el sesgo y las contradicciones son elementos que suelen acompañar tus opiniones y comportamientos...

 Si te rodeas de lo superfluo, nunca te vuelcas con los demás y sales como un rayo para reprochar a otros falta de solidaridad...

 Si lo tuyo es tuyo, pero insistes en que los demás tienen que compartir...

 Si pasas de largo antes una urgencia ajena que podrías atender y al rato clamas contra la indiferencia de los demás...

 Si en lo que afirmas de los demás con tanta seguridad es habitual que generalices, pero exiges que se respete y reconozca tu singularidad...

 Si, aunque en un ámbito pequeño, viviste proporcionalmente como una cigarra y con la bandera del “carpe diem”, y ahora, en tiempos difíciles, se lo reprochas sólo a los demás que tuvieron el mismo o similar comportamiento...

 Si todos, lejanos y cercanos, son mediocres o ineptos, y sólo tú tienes la correcta clave de lectura y la solución para todo...

 Si lo tuyo es tener siempre la respuesta “a posteriori” y eres incapaz de recordar y reconocer lo que pensabas y proclamabas antes...

Si todo eso y muchos más va en tu misma línea de (in)coherencia – y eres presa de tu rabia, resentimiento, sesgo, demagogia y superficialidad – tuyo es este mundo que contribuyes a crear y consolidar.

Y, sobre todo, hijo, hija: además de ser un grandísimo hijo de la “Pérfida Albión” (*), ¿qué diantres pides y clamas, si tú mismo sabes que es poco menos que imposible y que, además, contigo no se puede contar?


(*) Es una expresión popular algo consolidada por el uso, que aquí se utiliza de manera coloquial, sin ninguna animosidad hacia los ciudadanos de ningún país.
(**) Es evidente - faltaría más - que lo escrito lo leo yo también y soy un destinatario más.

























domingo, 17 de julio de 2011

(99) Los Murdoch de aquí dan lecciones a los Murdoch de allá. Por favor, no nos tomen por imbéciles
I Murdoch di qui danno lezioni ai Murdoch di laggiù. Per favore, non prendeteci per imbecilli

No voy a dedicar a esto más de las pocas líneas suficientes para que levantemos la cabeza un momento de las páginas de los periódicos, de las pantallas de la tele y, en ese caso el oído, de los receptores de radio. Sólo unas líneas para que en este blog quede constancia de que quien escribe no traga. Y no traga siendo periodista, es decir parte integrante – desde hace muchas décadas – de este indispensable engranaje que conforma la máquina que expone, escupe o vomita – de todo hay - la libre comunicación de los hechos y la expresión de las ideas.
  Llevamos días siguiendo la evolución de lo que ocurre en el imperio mediático de Rupert Murdoch. Excesos, cruces de intereses, basura, deontología profesional a tomar viento, de todo y más. Y las consecuencias las estamos viendo día tras día.
  Pero a mí lo que me llama poderosamente la atención – sin sorprenderme mucho, la verdad - es el afán moralista de los medios de aquí, y cuando digo aquí me refiero a España, Italia, Francia y más países del entorno. Todos con el látigo y el anatema contra el mal supremo, las ilegalidades y la deriva populachera – ¡basura! - de lo que el Sr. Murdoch ha puesto y sigue poniendo en los quioscos. ¡Hala! Leña al mono australiano por sus andanzas en tierras de Albión, que tenemos mucho que enseñarle sobre la recta vía del periodismo de calidad.
  Luego bajamos al quiosco de la esquina y ojeamos. Con mayor o menor elegancia (hipocresía, muy a menudo) cuando lo populachero, lo turbio o lo interesante e interesado producen resultados, ahí pocos, o casi nadie, renuncian a retozar. Y si es en lodo, pues en el mismísimo lodo. Claro, algunos lo hacen con más elegancia y vistiendo todo con las mejores galas. A eso, a menudo se le llama “prensa de calidad”.
  Anden ya, que somos mayorcitos… y algunos también periodistas, con ojos y oídos.
 

Non dedicherò a questo più delle poche righe sufficienti a farci distogliere un momento dalla pagina del giornale, dallo schermo della tv e dai ricevitori radio. Solo poche righe affinché questo blog possa dar fede che chi scrive non la manda giù. E non la manda giù pur essendo giornalista, vale a dire parte integrante – da diversi decenni – di questo indispensabile ingranaggio che configura la macchina che espone, sputa e vomita – c’è di tutto – la libera comunicazione dei fatti e l’espressione delle idee.
  Da giorni seguiamo l’evoluzione di quanto accade nell’impero dei media di Rupert Murdoch: eccessi, interessi incrociati, spazzatura, deontologia professionale a farsi benedire, di tutto e di più. Le conseguenze le stiamo vedendo giorno dietro giorno.
A me, però, ciò che mi colpisce – senza, per la verità stupirmi molto – è l’affanno moralista dei media di qui. E quando dico qui mi riferisco a Spagna, Italia, Francia e altri paesi dei dintorni. Tutti con lo scudiscio e l’anatema contro il male supremo, l’illegalità e le derive populiste – spazzatura! – di ciò che il signor Murdoch  ha collocato nelle edicole. Suvvia! Botte al magnate australiano per le sue malefatte in terra d’Albione; abbiamo molto da insegnargli sulla retta via del giornalismo di qualità.
  Poi scendiamo all’edicola dell’angolo e diamo un’occhiata. Con maggior o minore eleganza (ipocrisia, spesso) quando il popolare, il torbido o l’interessante e l’interessato producono benefici, lì be pochi, o nessuno, rinunciano a rotolare nel fango. Chiaro, alcuni lo fanno con maggiore eleganza e vestendo tutti con il miglior guardaroba. E questo spesso è definito “giornalismo di qualità”.
  Facciano il piacere… Siamo maggiorenni… e alcuni pure giornalisti, con occhi e orecchie.

martes, 12 de julio de 2011

(98) Prensa y poder: la ciega y cerril hipocresía de nuestra independencia
Stampa e potere: la cieca e ottusa ipocrisia della nostra indipendenza


Siempre, pero aún más en estos meses y días convulsos – en lo social, económico y político – convendría rescatar la parábola evangélica de la paja y de la viga en ojo ajeno. Y hacer memoria. Porque cualquier situación, cualquier gesto, cualquier circunstancia personal, unos la ven y se la endiñan sólo a ciertos personajes, otros exclusivamente a los del bando opuesto.
  No voy a hacer listados de ejemplos. Los hay en cantidades industriales, a granel y a medida. Para todos los colores y gustos. Sobre todo - ahí me detengo un momento por la evidente cercanía profesional - en la relación prensa-poder, partido-editor, político-director. La hipocresía y la ceguera, que a menudo son síntomas de sectarismo, de pertenencia cerril a un bando ideológico, tienden a perdonar y hasta olvidar que ese partido y ese líder han llegado y se han mantenido también gracias a una “sinergia” con medios de información y comunicación de masas.
  Pero si la cercanía, la afinidad o la complicidad son de alguien del bando opuesto, ¡hala!, que el infierno engulla a ese personaje en el poder, en la oposición o en la más cómoda posición de ex, ex de lo que sea.
  No estoy hablando de algo hipotético. Es crónica de ayer y realidad de hoy mismo. Todos, aquí, podemos poner nombres, apellidos, cabeceras, sintonías.
  Eso de enuclearse los ojos y seguir fielmente una pancarta y un camino sin mirarse alrededor es lo más parecido a la ceguera. Y al autoengaño. Un deporte, por cierto, más practicado que el jogging. Y no adelgaza, más bien engorda la estupidez y a los listos que la manipulan.
                               
Sempre, ma ancor più in questi mesi e giorni di convulsione – sociale, economica e politica – converrebbe recuperare la parabola evangelica della pagliuzza e della trave in altrui occhio. E fare memoria. Perché qualsiasi situazione, qualsiasi gesto, qualsiasi circostanza personale, alcuni la vedono e la appioppano solo a certi personaggi, altri esclusivamente a quelli dell’opposto lato della trincea.
  Non compilare una lista di esempi. Ci sono in quantità industriali, al dettaglio e su misura. Per tutti i colori e gusti. E soprattutto – mi ci soffermo un momento per l’evidente prossimità professionale – nella relazione stampa-potere, partito-editore, politico-direttore. L’ipocrisia e la cecità, che spesso sono sintomi di settarismo, di appartenenza ottusa a una parte ideologica, tendono a perdonare e persino dimenticare che quel partito e quel leader sono arrivati e si sono mantenuti anche grazie a una “sinergia” con mezzi d’informazione e comunicazione di massa.
  Se, però, la prossimità, l’affinità o la complicità sono di qualcuno del lato opposto della trincea, voilà, che l’inferno inghiotta quel personaggio al potere, all’opposizione o nella più comoda posizione di ex, ex di qualsiasi cosa.
  Non sto parlando di qualcosa d’ipotetico. È cronaca di ieri e realtà di oggi stesso. Tutti, qui, possiamo scrivere nomi, cognomi, testate, sigle di programmi.
  Enucleare gli occhi e seguire fedelmente una bandiera e un cammino senza guardarsi attorno è la cosa più simile alla cecità. E all’autoinganno. Uno sport, non c’è dubbio, più praticato dello jogging. E non fa dimagrire, anzi, ingrassa la stupidità e i furbastri che la manipolano.

martes, 22 de febrero de 2011

(47) En la otra orilla del Mediterráneo se matan y aquí damos asco
Sulla sponda opposta del Mediterraneo si uccidono e qui facciamo schifo

¡Alucinante!
  Leo los periódicos, escucho o asisto a debates radiofónicos y televisivos, aquí y allá.
  El norte de África y Oriente Medio arden y políticos y periodistas hablan más del riesgo islamista, de las posibles masivas inmigraciones clandestinas, del desabastecimiento de petróleo y de gas, de la pérdida de suculentos negocios y puestos de trabajo.
  El anhelo de libertad de los pueblos, los sangrientos coletazos de los dictadores y las masacres, la sangre vertida, todo eso se liquida con prudentes llamadas a la contención, sin apuntar al sátrapa de turno. Y punto.
  Los temores pueden ser comprensibles, pero hay prioridades irrenunciables.
  Pues viendo y escuchando, entran ganas de dimitir. Dimitir de Europa, de Occidente, de esta hipócrita nuestra sociedad que comienza a dar asco.

Allucinante!
  Leggo i giornali, ascolto e assisto a dibattiti radiofonici e televisivi, qua e là.
  L’Africa Settentrionale e il Medio Oriente ardono e politici e giornalisti parlano più del rischio islamista, delle possibili massicce immigrazioni clandestine, dei rischi per le forniture di petrolio e gas, della perdita di succulenti affari e posti di lavoro.
  L’anelo di libertà dei popoli, i sanguinari colpi di coda de dittatori e i massacri, il sangue versato, tutto ciò si liquida con prudenti richiami alla contenzione, senza puntare il dito verso il despota di turno. E punto.
  I timori possono anche essere comprensibili, ma ci sono priorità irrinunciabili.
  Beh, a vedere e ad ascoltare si ha voglia di dimettersi. Dimettersi dall’Europa, dall’Occidente, da questa nostra ipocrita società che comincia a fare schifo.

domingo, 20 de febrero de 2011

(46) Los pueblos árabes revueltos piden libertad y democracia. La prensa, ahora juez y ayer cómplice
I popoli arabi convulsi esigono libertà e democrazia. La stampa, ora giudice e ieri complice

Acompañado por la LXI edición del festival de la canción italiana de Sanremo (¡Finalmente buena música, buena sátira y hasta momentos de alta pedagogía histórica, entre una canción y la siguiente!) he aquí otro fin de semana con kilos de periódicos borrachos por su gran capacidad de prever el pasado. Son eso periódicos que el sábado y el domingo – dicen – pueden dedicar más espacio al análisis y a la reflexión. Se mira sobre todo al mundo medioriental, magrebí y árabe en general, con mucha atención hacia esta ola de cambios, todos in progress y de los que sería una osadía vaticinar el futuro, y se entonan unos mea culpa que suenan a lloriqueo general. Con mucha hipocresía y pésima memoria, se estigmatizan las posturas hasta aquí mantenidas por Occidente, por nuestra Europa, para afianzar la “mano dura” que exorcizaba nuestros opulentos miedos occidentales.
  Si en todos los análisis hubiese una suficiente dosis de buena fe, de profunda sinceridad y de auténtico propósito de enmienda radical en las actitudes, las de las sociedades y las de los estados, bien, en ese caso los pecados del pasado podrían ser perdonados y sobre ese perdón se podría hilvanar también nuestro cambio. Ese que, una vez por todas, tendría que llevar a tratar “au pair” a nuestros directos interlocutores de la otra orilla mediterránea y del área medioriental.
   Tengo mis dudas. Todavía prevalecen, y están profundamente radicados en nuestras sociedades, todos los prejuicios de nuestra doble moral. “Esos – piensan muchos y también demasiados entre los que tienen papeles y responsabilidades institucionales – no son como nosotros, no están preparados para una democracias como las nuestras. Hay que vigilarles, acompañarles, tutelarles, pero sin que se note demasiado para no chocar contra su susceptibilidad”. Hay quienes esto lo escriben así de claro y quienes, sin embargo, prefieren la prudencia de la hipocresía y de la insinuación entre líneas. Y ocurre sea en las posiciones conservadoras, sea en las liberales, como también en las pseudoradicales y en el llamado progresismo que alterna el pragmatismo cuando tiene el poder con el blablablá cuando no tiene la responsabilidad de tomar decisiones o de ubicarse en posiciones claras .
  Pero no es de las contradicciones de los políticos o de los miedos de las sociedades de lo que quiero hablar en esta sede. Quisiera sencillamente que el lector de la prensa diaria, una prensa frecuentemente demasiado miope y provinciana, prestara su atención a la facilidad y soltura de periodistas y cabeceras cuando reprenden. Los mismos que, desde la izquierda, la derecha y el centro, han sostenido por muchas décadas la realpolitik a golpe de artículos, crónicas parciales y editoriales llenos de palos y zanahorias, esos mismos están hoy entre los que critican, acusan, tachan, censuran y desnudan los errores y las injusticias de nuestras políticas occidentales.
  Ni una palabra, o a lo sumo muy pocas, sobre la complicidad de nuestro cobarde e injusto paternalismo, relleno de fantasmas y de nuestros miedos, inundado por hectolitros de tinta y toneladas de papel que en las últimas décadas, y no sólo, a esas políticas han ofrecido un fuerte sostén. Sé muy bien que para la prensa, de cualquier tendencia, es arduo rectificar, admitir errores repetidos en el tiempo. Pero por una vez hay que decirlo: en el kiosco, en pantalla, y en los últimos tiempos también on line, somos culpables tanto cuanto lo han sido y todavía lo son los que nos gobiernan. Sé bien que la mía, conociendo nuestra profesión, es una utopía. Pues como dicen también mis amigos, los vecinos de enfrente del Mediterráneo, la esperanza es la última en morir. ¡Inch’Allah!    
Accompagnato dalla LXI edizione del Festival della canzone italiana di Sanremo (finalmente buona musica, buona satira e persino momenti di alta pedagogia storica, tra una canzone e l’altra!) ecco un ulteriore fine settimana con chili di quotidiani ebbri del senno del poi. Sono quei giornali che il sabato e la domenica – si dice – possono dedicare più spazio all’analisi e alla riflessione. Si guarda soprattutto al mondo mediorientale, maghrebino e arabo in generale, con grande attenzione per quest’ondata di cambiamenti, tutti in progress e di cui è azzardato vaticinare il futuro, e s’intonato mea culpa che suonano a piagnisteo generale. Con molta ipocrisia e altrettanta pessima memoria, ci si duole degli atteggiamenti fin qui mantenuti dall’Occidente, dalla nostra Europa, a sostegno della “mano dura” che esorcizzava le nostre opulente paure occidentali.
  Se in tutte le analisi ci fosse una sufficiente dose di buona fede, di profonda sincerità e di autentico proposito di svolta radicale negli atteggiamenti, degli individui e degli Stati, beh, a quel punto i peccati del passato potrebbero essere perdonati e su quel perdono si potrebbe imbastire anche la nostra svolta. Quella che, una volta per tutte, dovrebbe condurre a trattare “au pair” i nostri diretti interlocutori dell’altra sponda mediterranea e dei dintorni mediorientali.
  Ne dubito. Prevalgono ancora, e sono profondamente radicati nelle nostre società, tutti i pregiudizi della nostra doppia morale. “Quelli pensano molti e purtroppo troppi tra chi ha ruoli e responsabilità istituzionali non sono come noi, non sono preparati per una democrazia come le nostre. Devono essere vigilati, accompagnati, tutelati, ma senza che si noti troppo per non urtare suscettibilità”. C’è chi questo lo scrive a chiare lettere e chi, invece, preferisce la prudenza dell’ipocrisia e dell’insinuazione tra le righe. E accade sia nelle posizioni conservatrici sia in quelle liberali, come pure nelle pseudo-radicali e nel cosiddetto progressismo che alterna il pragmatismo quando detiene il potere con il blablabla quando non è costretto ad adottare decisioni o a prendere precise posizioni.
  Non è però delle contraddizioni dei politici o delle paure delle società che mi voglio occupare in questa sede. Vorrei semplicemente che il lettore della stampa quotidiana, una stampa troppo spesso miope e provinciale, prestasse attenzione alla frequente facilità e disinvoltura dei giornalisti e delle testate quando rimproverano. Gli stessi che, da sinistra, da destra e dal centro, hanno sostenuto per decenni la realpolitik a colpi di articoli, cronache parziali ed editoriali cerchiobottisti, ecco propri quelli stanno oggi tra coloro che criticano, accusano, bollano, censurano e mettono a nudo gli errori e le ingiustizie delle nostre politiche occidentali.
  Non una parola, o comunque pochissime, sulla complicità del nostro vigliacco e ingiusto paternalismo, farcito dai fantasmi delle nostre paure, inondato da ettolitri d’inchiostro e tonnellate di carta che negli ultimi decenni, e non solo, a quelle politiche oggi criticate hanno offerto un forte sostegno. So bene che per la stampa, di qualsiasi tendenza, è arduo rettificare, ammettere errori reiterati nel tempo, ma per una volta diciamolo: all’edicola, sullo schermo e ultimamente anche on line, siamo colpevoli tanto quanto lo sono stati e sono ancora coloro che ci governano. So che la mia, conoscendo la nostra professione, è un’utopia. Mah, come dicono anche i miei amici dirimpettai del Mediterraneo, la speranza è l’ultima a morire. Inch’Allah!