Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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jueves, 3 de mayo de 2012

(145) ¿Gobiernos sin periódicos o periódicos sin gobiernos?
Governi senza giornali o giornali senza governi?


Aunque - leyendo lo que leo, viendo lo que veo y escuchando lo que escucho – a menudo me embarga la perplejidad, y no sólo, al final no puedo no estar de acuerdo.

Anche se – leggendo ciò che leggo, vedendo ciò che vedo e ascoltando ciò che ascolto – spesso sono in preda alla perplessità, alla fine non posso non convenire.






































3-05-2012
 Día Mundial de la Libertad de Prensa
Giornata Mondiale della Libertà di Stampa
World Press Freedom Day

viernes, 24 de junio de 2011

(94) De mentar a la madre de nosotros los periodistas, de eso ni hablar…
Di menzionare la madre di noi giornalisti, di questo neppure a parlarne…

Los periódicos, algunos con cierto mal disimulado regocijo, titulan hoy que La justicia de Holanda falla que denigrar al islam es legal”. Se refiere a la absolución de un conocido líder populista y xenófobo que no se limitó a opinar o a criticar algún punto de una doctrina y sus preceptos. Fue más allá: denigró, es decir descalificó su totalidad a una fe y a los cientos de millones de pobladores de esta tierra que la profesan.
  Casi siempre evito cuatro temas en España. Uno es este, el de las creencias, las fes religiosas. Más posible, más sosegado y civilizado allende los Pirineos, mis muchas experiencias aquí me han enseñado que la visceralidad, el peso de la Historia y de la histeria, las barricadas de tirios y troyanos, todo eso que conocemos no lo hace fácil. Falta la escala cromática de los grises, casi siempre sólo hay blanco y negro. Y se insulta o se hace mofa de lo uno o de lo otro.
  Para los creyentes, de varias religiones muy asentadas en la Historia y en los pueblos, su fe suele estar por encima de su  propio padre y de su propia madre. Muchos, a lo largo de la Historia de la Humanidad, para dar testimonio o defender sus creencias en lo trascendente no han dudado en entregar su propia vida o han soportado torturas y vejaciones.
  Yo ante eso me quito todos los sombreros y hasta me corto el no mucho pelo que anda por mi cabeza.
  No sé si hace falta aclararlo, pero no soy musulmán. Sí frecuento desde hace décadas lugares hospitalarios e inhóspitos en los que el Islam es religión y cultura. Me honro con la amistad más que demostrada por cientos de amigos que, con mayor o menor profundidad, profesan el Islam (lo escribo con mayúscula, por respeto). Conozco también la generalización y la fácil asimilación que se hace entre Islam y fenómenos o movimientos que con esa fe originaria poco o nada tienen que ver. Estoy al tanto del desviacionismo y de las interpretaciones fanáticas y sesgadas, así como de la serena aplicación de preceptos perfectamente aceptables en otras culturas.
  Desde esa realidad, mi respeto va hacia todas las religiones, no hablemos de las grandes monoteístas que – pese a quien pese en esa batalla perdida de reescribir la Historia – con sus luces, y también con las sombras de su aplicación en las sociedades, han forjado e impregnado la Historia. También, y mucho, pese a quien pese, la historia y la vida, de cada uno de nosotros.
  Pero yo quiero quedarme en el ámbito de mi profesión, que es el periodismo. Extraña profesión, desde luego, esta que se envuelve en túnicas de respeto, tolerancia (habría que ver su acepciones…), libertad, convivencia y muchos otros valores altisonantes. En aras de una supuesta y casi absoluta libertad de pensamiento y de expresión, desde cierto periodismo que reescribe todo e indica lo que hay que anular, lo que nunca existió y lo que el rebaño tiene y tendrá que hacer, se apoya cualquier movida a favor del "leña al mono de todo lo que huele a carca”. Y en ese saco se meten el teléfono de manivela, la radio de galena,  ciertos remedios caseros, el velocípedo y... las creencias religiosas. Salvo, cuando conviene, sí hacer uso instrumental de unas religiones para argumentar en contra de otras.
  El respeto por los creyentes – sean musulmanes, judíos y mucho menos cristianos – brilla a menudo por su ausencia. Pero no se trata de crítica legítima, de opiniones. Se va mucho más allá, casi con la fe acalorada del converso fanático, y se proclama el derecho a mentar la madre de cualquiera sin que ese cualquiera se pueda inmutar o dé muestras de pedir respeto.
  Decía poco antes que para muchos, muchísimos creyentes, su fe suele estar por encima de su propio padre y de su propia madre Y sin embargo eso se puede atacar, pisotear; de esa madre ajena se puede hacer mofa – en periódicos, radio, televisión – con grueso calibre de palabras y una ausencia total de respeto, base de la convivencia. Se puede hacer con la madre de cualquiera, menos con la del periodista, se entiende. Esa, ni pensarla ni mentarla. Porque es sagrada, como debe ser una madre. Una madre en el sentido de lo más cercano y familiar, como la mujer que nos ha engendrado, y en el ámbito de la trascendencia, que es la otra madre, legítima y respetable (que hay que respetar) opción de fe de cada uno.


In attesa di traduzione. Grazie per la pazienza.



sábado, 14 de mayo de 2011

(83) Elecciones 22-M: el equilibrio político del marketing
Elezioni 22 maggio: l’equilibrio politico del marketing

Se llama Susana, decir que es un diablillo es quedarse corto y es mi quiosquera habitual de prensa, como ya lo fue antes su padre, Mariano. Gente fundamental: sin ellos, nosotros los periodistas del papel no seríamos nada, no llegaríamos a casi nadie.
  Con el kiosco tengo cita diaria, a pesar de que ya por la noche he podido recibir y ojear las llamadas “ediciones nacionales” de los principales medios. Una ocasión, la visita al kiosco que tengo frente a mi portal, para comentarios, chascarrillos, bromas, sonrisas y algún que otro pinchazo dirigido a cualquiera de los estamentos y personajes, hacia cualquiera de los cuatro puntos cardenales, geográficos o ideológicos que sean.
  Esta mañana, una observación. Estamos en plena campaña electoral, el clima se calienta por momentos y algunos – muy pocos, vamos a decirlo con claridad – intentamos mantenernos distantes y espectadores de la contienda. Medios y periodistas, quien más y quien todo lo contrario, intentan aparentar una independencia y equidistancia de las que estos momentos, por su escasez, se cotizan a precio de oro. No corran a comprar: las existencias, escasas desde el principio, se han agotado.
  Y en esas estamos cuando, charlando con Susana, la quiosquera, nos damos cuenta de que los hay, entre los medios, que a lo mejor cojean en sus titulares y contenidos y, sin embargo, aparentan cierto equilibrio en el terreno del marketing. Ya sabemos que la dificultades son muchas, que ahora para vender un periódico hay que adjuntarle un gadget. Mejor dicho: a menudo se ofrece un gadget y al comprador se le regala un periódico… Así nos va esto de la prensa y del periodismo...
  Bien, la constatación es sencilla, pero tiene su aquel. Un periódico de tirada nacional regala gafas por piezas. El lunes, día impar de la semana, regaló la lente izquierda. El martes, día par, entregó la derecha. Exquisito equilibrio político en tiempos pre-electorales, para que cada ojo mire la realidad según el cristal…
Gafas gadget de prensa: izquierda y derecha - Occhiali gadget dei giornali: sinistra e destra   ¿Y el centro?, sería la pregunta. No problem, todo previsto. Al centro le queda la montura, que gracias a orejas y nariz, es decir oído y olfato, mantiene todo el tinglado en perfecto equilibrio. Cosas de mi kiosco de prensa…


Si chiama Susana, affermare che è un diavoletto è dire poco ed è la mia edicolante abituale, come lo fu suo padre, Mariano. Gente fondamentale: senza di loro, noi giornalisti della carta stampata non saremmo nessuno, non raggiungeremmo quasi nessuno.
  Con l’edicola ho un appuntamento quotidiano, nonostante già la notte abbia potuto ricevere e vedere le cosiddette “edizioni nazionali” dei principali giornali. Un’occasione, la visita all’edicola che ho di fronte alla porta di casa, per commenti, battute, scherzi, sorrisi e qualche frecciatina diretta verso enti e personaggi, verso qualunque dei quattro punti cardinali, geografici o ideologici essi siano.
  Stamani, un’osservazione. Ci troviamo in piena campagna elettorale, l’ambiente si scalda e qualcuno – molto pochi, diciamolo con chiarezza – cerchiamo di mantenerci distanti e semplici spettatori della contesa. Media, giornalisti, chi più e chi esattamente l’opposto, cercano di esibire indipendenza ed equidistanza di quelle che, per la scarsità, sono quotate a peso d’oro. No, non correte a comprare: le scorte, limitate fin dall’inizio, si sono esaurite.
  In queste circostanze, mi trovo a chiacchierare con Susana, l’edicolante, e ci rendiamo conto che tra i media, nonostante lo zoppicare di titoli e contenuti, c’è forse una voglia inconscia di apparire equilibrati almeno sul fronte del marketing. Ben sappiamo che le difficoltà sono notevoli, che ora per vendere un giornale bisogna aggiungere un gadget. O meglio, spesso si offre un gadget e al compratore si regala un giornale… Stampa e giornalismo hanno un bel po’ di problemi….
  Bene, la constatazione è forse sempliciotta, ma c’è materia. Un quotidiano a diffusione nazionale regala occhiali da montare. Lunedì, giorno dispari della settimana, ha regalato la lente sinistra. Martedì, pari, ha consegnato quella destra. Uno squisito equilibrio politico in periodo preelettorale, affinché ciascun occhio possa vedere la realtà attraverso una propria lente...
  E il centro?, sarebbe la domanda. No problem, tutto previsto. Al centro resta la montatura, che grazie a orecchie e naso, cioè udito e vista, mantiene tutta l’impalcatura in perfetto equilibrio.
  Mah, sono cose della mia edicola…

martes, 26 de abril de 2011

(74) Gutenberg ha muerto. ¡Viva la Web! - El gran cacao mental entre viejo y “¿nuevo?” periodismo
Gutenberg è morto. Viva la Web! - La grande confusione tra il vecchio e il “nuovo?” giornalismo

No es la primera vez. He dado una enésima vuelta, fisgoneando y escuchando, en foros italianos y españoles en los que muchos colegas, y aspirantes colegas, se miran el ombligo mientras otros, los menos, intentan que el periodismo de ayer y el de hoy puedan instalar puentes de comprensión y de colaboración. Lo siento, después de atragantarme con teorías de todo tipo (parole…parole...), sigo instalado en la decepción, en una decepción mayúscula.
  La mayoría decreta sin apelación la segunda y definitiva muerte de Gutenberg y la desaparición de toda su galaxia. Y mira con mucho candor a lo nuevo. Pero muy pocos abogan por calidad, fiabilidad, independencia, credibilidad y viabilidad. Lo rápido y eficaz, con que se lea, es el objetivo. Y que alguien pague el juguete, es decir el medio, que gaste sin preguntar si hay horizonte de beneficios y, además, que no incordie a la redacción porque el medio es de los periodistas. Y de nadie más.
  Luego hay muchos vuelos fantásticos sobre el mito de eso que se define como “periodismo ciudadano”, sobre las estrategias de captación de lectores y una larga retahíla de propuestas para crecer, seguir creciendo y llegar a ser alguien en el mundo de los medios virtuales.
  Otro apunte. Nadie, o casi nadie, entre los que abogan para que alguien apueste por nuevas vías de información on line, presenta el relativo plan financiero. Y sigo preguntándome: ¿Por qué alguien tendría que invertir un dinero, sus cuartos,  en lo que no ve? O en lo que ve demasiado fácil y por eso desconfía.
  Que conste. Estoy on line desde cuando Internet todavía ni siquiera era Arpanet; cuando unos cuantos, pocos miles en todo el mundo, conectábamos con las entonces heroicas redes BBS, con pantallas de sólo texto en ámbar y no más de 32 o 64 Kbytes de memoria. Y los soportes de memorias eran tarjetas perforadas de cartulina y cintas. Pero hoy, aun creyendo posibles los milagros, percibo más entusiasmo que capacidad de empresa. Porque de eso se trata, de empresas periodísticas, no sólo de escribir y navegar.
  De momento, una mano firmemente agarrada a mi amigo Gutenberg y la otra prudentemente tendida hacia el presente y el inescrutable futuro. Sin soñar y con los ojos bien abiertos.


Non è la prima volta. Ho fatto un ennesimo giro, curiosando e ascoltando, nei fori italiani e spagnoli in cui molto colleghi, e aspiranti colleghi, si guardano l’ombelico mentre altri, una minoranza, cercano di far sì che il giornalismo di ieri e quello di oggi possano lanciare ponti di comprensione e collaborazione. Mi spiace, dopo aver fatto indigestione di teorie di vario genere (parole…parole…), mi mantengo nello scetticismo, in un grande e deluso scetticismo.  
  La maggioranza decreta senza appello la seconda e definitiva morte di Gutenberg e la scomparsa di tutta la sua galassia. E guarda con grande candore al nuovo. Ben pochi, però, auspicano qualità, affidabilità, indipendenza, attendibilità e fattibilità. Rapido ed efficace, l’importante è che si legga, è il binomio, parola d’ordine e obiettivo. E poi, che qualcuno paghi il giocattolo, cioè il mezzo, che spenda senza fare domande su possibili orizzonti di utili e, inoltre, che non rompa le scatole alla redazione perché i media sono dei giornalisti. E di nessun altro.
  Poi ci sono molti voli pindarici sul mito di quello che è definito “giornalismo civico” o “giornalismo cittadino”, sulle strategie di captazione dei lettori e una lunga teoria di proposte per crescere, crescere e raggiungere il traguardo: essere qualcuno nel mondo dei media virtuali.
  Un altro appunto. Nessuno, o pressoché nessuno, tra chi chiede che qualcuno scommetta su nuove vie dell’informazione on line, presenta il relativo budget. E così continuo a chiedermi: per quale motivo qualcuno dovrebbe investire i suoi denari, in ciò che non vede? O investire in ciò che gli è dipinto come troppo facile e, pertanto, non si fida.
  Per la cronaca, io sono on line da quando Internet non era ancora neppure Arpanet; da quando alcuni, poche migliaia al mondo, ci collegavamo con le allora eroiche retti Bbs, con schermi di solo testo color ambra e non più di 32 o 64 Kilobytes di memoria. E i supporti memoria erano schede perforate di cartolina o nastri.  Oggi, però, nonostante ritenga possibili i miracoli, percepisco più entusiasmo che capacità d’impresa. Perché proprio di questo si tratta, di imprese giornalistiche, non solo di scrivere e navigare.
  Per ora resto con una mano fermamente afferrata al mio amico Gutenberg e con l’altra prudentemente tesa verso il presente e l’imperscrutabile futuro. Senza sognare e con gli occhi ben aperti.

viernes, 4 de marzo de 2011

(51) Luego pretendemos que tengan confianza en la prensa y en los periodistas
Poi pretendiamo che abbiano fiducia nella stampa e nei giornalisti

Quienes ejercemos esta difícil y fascinante profesión olvidamos frecuentemente unos pocos axiomas, los que marcan algunas de las principales pautas que nos ayudan a mantener el rigor y a cuidar día tras día ese bien tan precioso que se llama credibilidad. Un bien, lamento reconocerlo, que padece los estragos de la inflación por ligereza, por interés de variada naturaleza, porque a veces la tentación de lo fácil, rápido y eficaz es más fuerte del deber de la contención en el marco de lo correcto, comprobado y neutral.
  Por eso, la credibilidad los medios y los profesionales tardamos y sudamos en conquistarla y luego, al primer error, la perdemos en un pispás. A partir de ese momento, reconquistarla se pone muy cuesta arriba y es muy difícil abrir una brecha en la legítima desconfianza de nuestros lectores, escuchantes y telespectadores.
   Acabo de darme la habitual vuelta para ver cómo y de qué habla prensa internacional y vuelvo con un buen (mal) ejemplo de lo que acabo de escribir. Ya sé que se trata de Venezuela, la Venezuela de Chávez, y que el clima sociopolítico de ese país non es el más propicio para trabajar con total serenidad y rigor. Pero hay un límite a todo y, sin entrar en juicios de intenciones, quiero sólo reseñar que dos periódicos nacionales, el mismo día y con pocas horas de diferencia, no deberían titular y escribir contando la realidad de manera diametralmente opuesta.
  Por cierto, si queremos afinar, hay que decir ninguno de los dos medios cuenta, en su momento, que en Trípoli ni han prestado atención a la propuesta del pintoresco bocazas que gobierna en Caracas.

Noi che esercitiamo questa difficile e affascinante professione dimentichiamo con frequenza alcuni assiomi, quelli che segnano alcune tra le principali regole che ci aiutano a mantenere il rigore e a curare giorno dietro giorno quel bene tanto prezioso che si chiama credibilità. Un bene, mi spiace riconoscerlo, che subisce gli strali dell’inflazione dovuta alla leggerezza a causa d’interessi di diversa natura, alla tentazione di preferire la via facile, rapida ed efficace a scapito del dovere della contenzione nell’ambito della correzione, verifica e neutralità.
  Per questi motivi, l’attendibilità media e giornalisti tardiamo sudiamo molto prima di conquistarla, per poi, al primo errore, perderla in un battibaleno. Da quel momento, riconquistarla è un cammino tutto in salita ed è molto difficile aprire una breccia nella legittima circospezione dei nostri lettori, ascoltatori e telespettatori.
  Ho appena terminato il mio abituale giro per il mondo, per vedere come e di che cosa parla la stampa internazionale. Torno con un buon (cattivo) esempio di ciò che intendevo dire. Sì, so bene che si tratta del Venezuela, del Venezuela di Chávez, e che il clima sociopolitico di quel paese non è il più propizio per lavorare con completa serenità e rigore. C’è però un limite a tutto e, senza voler giudicare le intenzioni, voglio solo mostrare come due testate nazionali, lo stesso giorno e a poche ore di differenza, non dovrebbero titolare e scrivere narrando la realtà in modo diametralmente opposto.
  Ah, se voglio andare per il sottile, bisogna pure dire che nessuno dei due giornali racconta che a Tripoli non hanno prestato la benché minima attenzione alla proposta del pittoresco chiacchierone che governa a Caracas.

domingo, 20 de febrero de 2011

(46) Los pueblos árabes revueltos piden libertad y democracia. La prensa, ahora juez y ayer cómplice
I popoli arabi convulsi esigono libertà e democrazia. La stampa, ora giudice e ieri complice

Acompañado por la LXI edición del festival de la canción italiana de Sanremo (¡Finalmente buena música, buena sátira y hasta momentos de alta pedagogía histórica, entre una canción y la siguiente!) he aquí otro fin de semana con kilos de periódicos borrachos por su gran capacidad de prever el pasado. Son eso periódicos que el sábado y el domingo – dicen – pueden dedicar más espacio al análisis y a la reflexión. Se mira sobre todo al mundo medioriental, magrebí y árabe en general, con mucha atención hacia esta ola de cambios, todos in progress y de los que sería una osadía vaticinar el futuro, y se entonan unos mea culpa que suenan a lloriqueo general. Con mucha hipocresía y pésima memoria, se estigmatizan las posturas hasta aquí mantenidas por Occidente, por nuestra Europa, para afianzar la “mano dura” que exorcizaba nuestros opulentos miedos occidentales.
  Si en todos los análisis hubiese una suficiente dosis de buena fe, de profunda sinceridad y de auténtico propósito de enmienda radical en las actitudes, las de las sociedades y las de los estados, bien, en ese caso los pecados del pasado podrían ser perdonados y sobre ese perdón se podría hilvanar también nuestro cambio. Ese que, una vez por todas, tendría que llevar a tratar “au pair” a nuestros directos interlocutores de la otra orilla mediterránea y del área medioriental.
   Tengo mis dudas. Todavía prevalecen, y están profundamente radicados en nuestras sociedades, todos los prejuicios de nuestra doble moral. “Esos – piensan muchos y también demasiados entre los que tienen papeles y responsabilidades institucionales – no son como nosotros, no están preparados para una democracias como las nuestras. Hay que vigilarles, acompañarles, tutelarles, pero sin que se note demasiado para no chocar contra su susceptibilidad”. Hay quienes esto lo escriben así de claro y quienes, sin embargo, prefieren la prudencia de la hipocresía y de la insinuación entre líneas. Y ocurre sea en las posiciones conservadoras, sea en las liberales, como también en las pseudoradicales y en el llamado progresismo que alterna el pragmatismo cuando tiene el poder con el blablablá cuando no tiene la responsabilidad de tomar decisiones o de ubicarse en posiciones claras .
  Pero no es de las contradicciones de los políticos o de los miedos de las sociedades de lo que quiero hablar en esta sede. Quisiera sencillamente que el lector de la prensa diaria, una prensa frecuentemente demasiado miope y provinciana, prestara su atención a la facilidad y soltura de periodistas y cabeceras cuando reprenden. Los mismos que, desde la izquierda, la derecha y el centro, han sostenido por muchas décadas la realpolitik a golpe de artículos, crónicas parciales y editoriales llenos de palos y zanahorias, esos mismos están hoy entre los que critican, acusan, tachan, censuran y desnudan los errores y las injusticias de nuestras políticas occidentales.
  Ni una palabra, o a lo sumo muy pocas, sobre la complicidad de nuestro cobarde e injusto paternalismo, relleno de fantasmas y de nuestros miedos, inundado por hectolitros de tinta y toneladas de papel que en las últimas décadas, y no sólo, a esas políticas han ofrecido un fuerte sostén. Sé muy bien que para la prensa, de cualquier tendencia, es arduo rectificar, admitir errores repetidos en el tiempo. Pero por una vez hay que decirlo: en el kiosco, en pantalla, y en los últimos tiempos también on line, somos culpables tanto cuanto lo han sido y todavía lo son los que nos gobiernan. Sé bien que la mía, conociendo nuestra profesión, es una utopía. Pues como dicen también mis amigos, los vecinos de enfrente del Mediterráneo, la esperanza es la última en morir. ¡Inch’Allah!    
Accompagnato dalla LXI edizione del Festival della canzone italiana di Sanremo (finalmente buona musica, buona satira e persino momenti di alta pedagogia storica, tra una canzone e l’altra!) ecco un ulteriore fine settimana con chili di quotidiani ebbri del senno del poi. Sono quei giornali che il sabato e la domenica – si dice – possono dedicare più spazio all’analisi e alla riflessione. Si guarda soprattutto al mondo mediorientale, maghrebino e arabo in generale, con grande attenzione per quest’ondata di cambiamenti, tutti in progress e di cui è azzardato vaticinare il futuro, e s’intonato mea culpa che suonano a piagnisteo generale. Con molta ipocrisia e altrettanta pessima memoria, ci si duole degli atteggiamenti fin qui mantenuti dall’Occidente, dalla nostra Europa, a sostegno della “mano dura” che esorcizzava le nostre opulente paure occidentali.
  Se in tutte le analisi ci fosse una sufficiente dose di buona fede, di profonda sincerità e di autentico proposito di svolta radicale negli atteggiamenti, degli individui e degli Stati, beh, a quel punto i peccati del passato potrebbero essere perdonati e su quel perdono si potrebbe imbastire anche la nostra svolta. Quella che, una volta per tutte, dovrebbe condurre a trattare “au pair” i nostri diretti interlocutori dell’altra sponda mediterranea e dei dintorni mediorientali.
  Ne dubito. Prevalgono ancora, e sono profondamente radicati nelle nostre società, tutti i pregiudizi della nostra doppia morale. “Quelli pensano molti e purtroppo troppi tra chi ha ruoli e responsabilità istituzionali non sono come noi, non sono preparati per una democrazia come le nostre. Devono essere vigilati, accompagnati, tutelati, ma senza che si noti troppo per non urtare suscettibilità”. C’è chi questo lo scrive a chiare lettere e chi, invece, preferisce la prudenza dell’ipocrisia e dell’insinuazione tra le righe. E accade sia nelle posizioni conservatrici sia in quelle liberali, come pure nelle pseudo-radicali e nel cosiddetto progressismo che alterna il pragmatismo quando detiene il potere con il blablabla quando non è costretto ad adottare decisioni o a prendere precise posizioni.
  Non è però delle contraddizioni dei politici o delle paure delle società che mi voglio occupare in questa sede. Vorrei semplicemente che il lettore della stampa quotidiana, una stampa troppo spesso miope e provinciale, prestasse attenzione alla frequente facilità e disinvoltura dei giornalisti e delle testate quando rimproverano. Gli stessi che, da sinistra, da destra e dal centro, hanno sostenuto per decenni la realpolitik a colpi di articoli, cronache parziali ed editoriali cerchiobottisti, ecco propri quelli stanno oggi tra coloro che criticano, accusano, bollano, censurano e mettono a nudo gli errori e le ingiustizie delle nostre politiche occidentali.
  Non una parola, o comunque pochissime, sulla complicità del nostro vigliacco e ingiusto paternalismo, farcito dai fantasmi delle nostre paure, inondato da ettolitri d’inchiostro e tonnellate di carta che negli ultimi decenni, e non solo, a quelle politiche oggi criticate hanno offerto un forte sostegno. So bene che per la stampa, di qualsiasi tendenza, è arduo rettificare, ammettere errori reiterati nel tempo, ma per una volta diciamolo: all’edicola, sullo schermo e ultimamente anche on line, siamo colpevoli tanto quanto lo sono stati e sono ancora coloro che ci governano. So che la mia, conoscendo la nostra professione, è un’utopia. Mah, come dicono anche i miei amici dirimpettai del Mediterraneo, la speranza è l’ultima a morire. Inch’Allah!