Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla o sintonía radio italiana o española. Y lo mismo ocurre en medios escritos. Tengo la inmensa suerte de no depender de nadie, de no deber nada a nadie y de poder opinar libremente cuando y donde solo yo lo considere oportuno.
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI
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jueves, 9 de febrero de 2012

(131) Esos “honrados” periodistas que fustigan las “alegrías” morales y éticas de políticos y administradores públicos…
Quegli “onesti” giornalisti che fustigano le “allegrie” morali ed etiche di politici e amministratori pubblici…

Una noche, en Lisboa, hace unos cuantos años… La calle, Rua das Portas de Santo Antão, siempre ha sido la más cómoda por muchos motivos. Por la cercanía con nuestros hoteles habituales, casi siempre el Tivoli, el Ritz y pocos más; porque queda a pocos metros de la Avenida da Liberdade, donde se encuentra el Centro de Prensa; y también porque, como segunda elección, aunque algo turística, esa calle ofrece unos cuantos restaurantes aceptables. Y no me refiero al conocido Gambrinus, que ya comenzaba a ser aburrido y sólo quedaba para las orgías de pescado y marisco.
  ¿Por qué les cuento esto? Me lo estoy preguntando. Mejor dicho, me pregunto si se van a cabrear algunos o muchos compañeros de profesión. Porque se sentirán aludidos o también porque tienen ese sentido gremialista de la ocultación que les lleva a decir que no hay que echar lodo. Y no es esa mi intención. Sólo les quiero contar un episodio, uno de muchos parecidos, pero ese con algunas singularidades.
Viene a cuento del hartazgo que uno tiene cuando sigue leyendo, uno detrás de otro, los artículos, crónicas con opinión entre líneas, titulares, comentarios, etc., que constituyen la constante exigencia moralizante hacia los demás. El político honrado al cual no se le admite una falta, el empresario que se mueve con demasiada soltura en sus negocios, el banquero que gana escandalosamente.
  Muy bien. La actitud crítica y la denuncia son parte fundamental de nuestra profesión de formadores de la opinión pública a través de la información. A condición, naturalmente, de que esta sea correcta, completa, sin omisiones oportunistas ni sesgos dictados por nuestras personales ideas e ideologías.
  Quisiera añadir una condición, la que nos hace vulnerables a la hora de la denuncia. Un periodista tiene que ser moral y éticamente inatacable si quiere permitirse el “lujo” de colocar una diana en la frente de cualquier ciudadano.  Y no siempre el profesional de la información puede permitirse ese lujo. No puede, por ejemplo, si acepta un viaje exótico pagado por una multinacional y luego escribe un largo y elogioso artículo que glosa el tal producto o la iniciativa de una de las sociedades de ese grupo tan generoso. Como tampoco puede ser el látigo de los que meten la mano en el frasco de la mermelada, y se quedan pringados, cuando luego el mismo periodista se toma algunas “libertades”.
  Pues leyendo algunos artículos y viendo quienes firmaban, me he acordado de decenas de episodios, casi todos durante viajes por motivos de trabajo: la conferencia internacional, la cumbre, el desastre, la cita electoral y muchas más ocasiones de esas que, a mí y a muchos compañeros, nos han llevado por unas cuantas longitudes y latitudes.
  Y es así, por este mecanismo de lectura, recuerdo, conexión, como he llegado a un remoto episodio, uno de muchos y más frecuentes de lo que se pueda pensar. Aunque ese tenía una singularidad. Pues vamos a volver a esa noche, en Lisboa…
  No importa con quién yo compartía mesa ni tampoco es importante el nombre del restaurante. Un local que, cuando tomé asiento en una cómoda mesa, todavía no estaba lleno de clientes como de costumbre. Quedaban unas pocas mesas, ahí en el fondo, y fue justo allí a donde poco después vi que se dirigían algunos colegas con lo cuales había coincidido en muchos viajes. Más aún: a algunos les conocía desde muchos años atrás.
  La cena transcurrió sin pena ni gloria, una de muchas. Salvo el espectáculo final. Justo en el momento en que hice una señal a mi camarero para que trajera la cuenta, vi que en la mesa ocupada por mis colegas algo estaba ocurriendo. Había quedado sólo uno de los periodistas, un conocido fustigador de costumbres ajenas, uno de esos inquisidores de políticos y sus finanzas que, puesto de pie, peleaba con un camarero por la posesión de algo que en un primer momento no identifiqué. Observé que los dos tiraban de ese objeto que parecía un libro, un cuadernillo, algo con hojas. Y vi la cara de estupor del camarero que, aun manteniendo la compostura y el respeto del cliente, parecía decidido a no soltar ese objeto tan deseado por el periodista.
  Por la distancia, no conseguí escuchar con nitidez lo que los dos se decían. Pero estaba más que claro. El camarero decía “no” y mi colega insistía, no sé bien con cuáles argumentos, para quedarse con lo que se le negaba. Y la cosa duró unos interminables minutos, aunque no muchos, hasta que el cliente abandonó la presa, recogió su cuenta y el tabaco de la mesa y apuntó hacia la puerta, que franqueó de prisa y sin saludar.
  No sería periodista si no tuviese algo de curiosidad innata. Pero esa noche, confieso, se trató de curiosidad morbosa. Y me las arreglé para retardar mi salida del restaurante. Primero con un segundo café, luego fingiendo escribir algunas notas en un bloc. Todo para esperar hasta que a mi lado pasara el camarero coprotagonista de la escena que antes había contemplado.
  Seré breve. El estupefacto camarero me explicó que mi colega, después de haberle pedido que subiera notablemente el importe de su cuenta, le ofreció comprarle el talonario de las facturas. Con todas su hojas en blanco, naturalmente.
La discusión – me explico el trabajador – vino del estupor por el importe que el periodista le ofrecía. Diez o quince veces el valor de imprenta de ese taco de hojas con membrete de la casa y columnas para descripción de manjares y sus importes.
  Este sólo es un episodio, el que mejor recuerdo. Pero es sólo uno de cientos de los que he podido contemplar y padecer viajando con periodistas. No todos son así, ladrones, pero suele ocurrir, y no esporádicamente, que unos cuantos de esos suelen ser los mismos que fiscalizan y poner a parir las “alegrías” con el dinero de políticos, administradores públicos, managers, etc.
  De ese periodista que, a distancia prudencial de donde caián las bombas, en Sarajevo, se destrozó a martillazos una rodilla, les hablaré otro día. Con su jubilación dorada y desde la villa frente al mar, pegada a un parque nacional y en gran parte pagada por el seguro de riesgos de guerra del medio, él sigue escribiendo columnas. Y fustigando la ligereza ética y moral. De los demás, naturalmente.

martes, 31 de mayo de 2011

(89) Pepinos, políticos y periodistas. Responsabilidades e irresponsabilidades en una ensalada de intereses
Cetrioli, politici e giornalisti. Responsabilità e irresponsabilità in un’insalata d’interessi

No me voy a entretener mucho. Sólo algunas consideraciones alrededor de este conflicto de los pepinos. Un conflicto que implica intereses, prioridades, prudencias e imprudencias, rutinas e inercias. De políticos, periodistas, productores, comerciantes y otros reales o presuntos implicados.
”Pepino  Ante todo, unas cuantas dudas de no fácil solución o respuesta equilibrada. Por ejemplo, si un público administrador, un político a cargo y tutela de la salud y seguridad de un colectivo, sea ese nacional o regional, tiene ante todo el deber de curarse en salud para salvaguardar la salud de todos. Por el consabido por si acaso.
  Luego, el conflicto entre ese supuesto derecho-deber y el otro que se llama cautela, prudencia, sosiego, dar tiempo al tiempo. Para que el tiempo y la investigación indiquen, apunten, aclaren, puntualicen.
  Ya - dirán muchos - pero si se llega tarde, el daño puede ser irreparable para la salud, con riesgo de perder más vidas humanas. Y llegaría el momento en el que quienes pidieron cautela comenzarían a pedir cabezas por el motivo opuesto.
  En medio quedan los paganos de siempre, o por lo menos una inmensa mayoría de esos paganos: los agricultores y todo su inducido económico. Gentes que hubiesen preferido cautela, prudencia, ningún alarmismo, nada de medidas instantáneas, a lo mejor hasta el silencio. Todas peticiones comprensibles.
  Y ¿qué decir de nosotros, lo voceros que una suposición o una afirmación tajante, fundada o no, la transformamos en alarma pública? ¿Estamos dispuestos a callarnos, a ocultar para evitar males mayores? ¿A la omisión por si acaso?
  Ya se ve. Se le coja por cuernos o por rabo, esta especie de toro no perdona, ni recibiéndole a portagayola ni tampoco simulando el desdén de una media verónica.
  Pero, por favor, no le añadamos a todo esto la habitual teoría de la conspiración sin tener ningún elemento en las manos. Tampoco hagamos patriotismo barato, indignación empuñando la bandera nacional. Porque no es un argumento, no soluciona nada y a Europa le hacemos un pésimo favor.
  Y por último, aclarado todo, se presentan las debidas excusas y si hay que pagar se paga. A quienes han perdido, y mucho, si quedará claro que han perdido por causas que no residen ni en sus huertas ni tampoco en su responsabilidad.
  En todo el proceso, lo mejor que podemos hacer políticos y periodistas es mantener la cabeza fría y hacer que las alarmas, si se justifican, nunca sean vector de alarmismo.


Un po' di pazienza. Grazie.

miércoles, 4 de mayo de 2011

(79) Obama mata a Bin Laden. ¿Dónde están los “jueces universales”, los políticos, las ONGs, los actores, los medios y periodistas “de referencia”, la intellighenzia y la sociedad civil?
Obama uccide Bin Laden. Dove stanno i “giudici universali”, i politici, le Ong, gli attori, i giornalisti e i media “di riferimento”, l’intellighenzia e la società civile?

Podría dejar sólo el titular y ya está. Pero, después del contrataque del Imperio, el silencio se está haciendo atronador. Esta es la última pregunta-reflexión después de mi ingenua carta de ayer a Barack Obama, un ejercicio retórico que, sin embargo, procede de un imperativo de mi conciencia de ciudadano demócrata y de periodista. Dicho esto, déjenme que haga otras preguntas, siempre gratuitas, retóricas, a lo mejor muy ingenuas, probablemente inútiles y, seguro, con un fondo de sana provocación.
1) ¿Se imaginan a Zapatero, o a Aznar, enviando un comando a Francia para capturar y matar al jefe de Eta del momento, a alguien directamente responsable de actos de terrorismo con un balance de cientos de muertos y heridos? ¡Ojo! Ni Francia está en guerra con España, ni Pakistán lo está con EEUU. Y todos estos países citados son estados de derecho y mantienen integra su respectiva soberanía.
2) ¿Se imaginan a Berlusconi ordenando en Albania una operación parecida, contra un jefe de una gran “cosca” mafiosa? ¿O a Sarkozy contra terroristas corsos refugiados en, por ejemplo, Túnez?
3) ¿Se imaginan lo que harían los ahora desaparecidos políticos, jueces “universales” españoles, italianos y franceses? ¿O esos numerosos medios y periodistas que suelen darnos lecciones de ética y coherencia? Los mismos que no cuestionan lo ocurrido y elogian, con palmaditas, la “coherencia” y la “justicia” de “nuestro” Barack?
¡Benditas hemerotecas!
Obama+Seals=Justice?





Potrei lasciare solo il titolo e sarebbe sufficiente. Il silencío, però, dopo il contrattacco dell'Impero, si sta facendo assordante. Questa è l’ultima domanda-riflessione dopo la mia ingenua lettera di ieri a Barack Obama, un esercizio retorico che, però, proviene da un imperativo della mia coscienza di cittadino democratico e di giornalista. Ciò detto, mi si consenta di porre altre domande, sempre gratuite, retoriche, forse ingenue, probabilmente inutili e, sicuramente, con un fondo di sana provocazione.
1) Immaginano Zapatero, o Aznar, inviando un commando in Francia per catturare e uccidere il capo dell’Eta del momento, qualcuno direttamente responsabile di atti di terrorismo con un bilancio di centinaia di morti e feriti? Occhio! Né la Francia sta in guerra con la Spagna, né il Pakistan lo è con gli Usa. Tutti questi paesi, inoltre, sono Stati di diritto e mantengono integra la rispettiva sovranità.
2) Immaginano Berlusconi che ordina in Albania una simile operazione, contro il capo di una grande cosca mafiosa? O Sarkozy contro terroristi corsi rifugiati, per esempio, in Tunisia?
3) Immaginano ciò che farebbero gli ora scomparsi politici, giudici “universali” spagnoli, italiani e francesi? O quei numerosi media e giornalisti che sono soliti darci lezioni di etica e coerenza? Gli stessi che non questionano ciò che è accaduto ed elogiano, con tanto di pacche sulle spalle a distanza, la “coerenza” e la “giustizia” del “nostro” Barack?
Benedette emeroteche!