No me voy a entretener mucho. Sólo algunas consideraciones alrededor de este conflicto de los pepinos. Un conflicto que implica intereses, prioridades, prudencias e imprudencias, rutinas e inercias. De políticos, periodistas, productores, comerciantes y otros reales o presuntos implicados.
Luego, el conflicto entre ese supuesto derecho-deber y el otro que se
llama cautela, prudencia, sosiego, dar tiempo al tiempo. Para que el tiempo y
la investigación indiquen, apunten, aclaren, puntualicen.
Ya - dirán muchos - pero si se llega tarde, el daño puede ser
irreparable para la salud, con riesgo de perder más vidas humanas. Y llegaría
el momento en el que quienes pidieron cautela comenzarían a pedir cabezas por
el motivo opuesto.
En medio quedan los paganos de siempre, o por lo menos una inmensa
mayoría de esos paganos: los agricultores y todo su inducido económico. Gentes
que hubiesen preferido cautela, prudencia, ningún alarmismo, nada de medidas
instantáneas, a lo mejor hasta el silencio. Todas peticiones comprensibles.
Y
¿qué decir de nosotros, lo voceros que una suposición o una afirmación tajante,
fundada o no, la transformamos en alarma pública? ¿Estamos dispuestos a
callarnos, a ocultar para evitar males mayores? ¿A la omisión por si acaso?
Ya
se ve. Se le coja por cuernos o por rabo, esta especie de toro no perdona, ni recibiéndole
a portagayola ni tampoco simulando el desdén de una media verónica.
Pero, por favor, no le añadamos a todo esto la habitual teoría de la
conspiración sin tener ningún elemento en las manos. Tampoco hagamos patriotismo
barato, indignación empuñando la bandera nacional. Porque no es un argumento,
no soluciona nada y a Europa le hacemos un pésimo favor.
Y
por último, aclarado todo, se presentan las debidas excusas y si hay que pagar
se paga. A quienes han perdido, y mucho, si quedará claro que han perdido por
causas que no residen ni en sus huertas ni tampoco en su responsabilidad.
En todo el proceso, lo mejor que podemos hacer políticos y periodistas
es mantener la cabeza fría y hacer que las alarmas, si se justifican, nunca
sean vector de alarmismo.

Un po' di pazienza. Grazie.






