Nos vemos, sin fecha ni horario fijo, en algunas pantalla de TV. Y el sábado y domingo estoy en "No es un día cualquiera" de Radio Nacional de España, con Pepa Fernández
«Fatti non foste a viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza»
«No habéis sido hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento»
Dante Alighieri, "La Divina Commedia", Inferno - canto XXVI

martes, 10 de noviembre de 2015

(230) Ingannare la coscienza?
Una comoda illusione, ma sempre e solo un’illusione

¿Engañar a la conciencia?
Una cómoda ilusión, pero siempre y sólo una ilusión



«Possiamo tentare di ingannare un amico, un sacerdote, il proprio marito, la propria moglie, un genitore, un figlio, un fratello, un’istituzione; ma la coscienza, quella proprio NO!».

Coincidenza oppure no, mi capita spesso e sarà accaduto un po’ a tutti. Stavo riflettendo sull’autoinganno, quello sterile tentativo conscio-inconscio d’impossibile compromesso, sempre maldestro ma che nella pratica apparentemente “funziona” per qualche tempo, soprattutto nei cuori induriti di chi intende far prevalere il “voglio” sul “posso”. Dicevo che stavo riflettendo, quando sono incappato - cose dell’ipertestualizzazione - in questa frase di Antonio Cobino che condivido appieno e che è la sintesi e sentenza dei pensieri che vagavano nella mia mente.

Laica o religiosa, letta come si voglia, definita come meglio si adatti alle nostre credenze e valori, la coscienza è un’implacabile compagna di viaggio che non ci abbandonerà mai. Dagli albori dell’uso della ragione fino al momento in cui esaleremo l’ultimo respiro.  Possiamo tentare di manipolarla, anestetizzarla, rigirarla come un calzino e pure prenderla a calci, o magari provare ad addolcirla con carezze e ammiccamenti interessati.

Non c’è niente da fare. È una grande finzione che recitiamo a noi stessi. La coscienza, però, non ci cade. Continua a richiamare, ad ammonire, a indicare il percorso corretto da seguire. Al massimo, e come dicevo, c’è chi riesce a far “funzionare” la strategia e s’illude di farla scendere a compromessi, di renderla accondiscendente e di ottenerne tutti i “nihil obstat” che più fanno comodo in quel preciso momento della vita.

 No. La coscienza non è duttile. Non è manipolabile. Siamo noi i soggetti dell’”anestesia”, ma lei, vigile e con il dito puntato a indicare la retta via, è presente aldilà dell’offuscato bagliore che consente a una comoda miopia d'illuderci di una libertà che ha sempre precisi limiti

Già lo diceva Jean-Jacques Rousseau: «La ragione c’inganna spesso, la coscienza mai».

Per convivere con la propria coscienza c’è solo una ricetta: saper rinunciare, saper obbedire. Il resto sono solo chiacchiere. Alla fine, ci sarà sempre una resa dei conti. E quasi sempre molto dolorosa.





«Podemos intentar engañar a un amigo, a un sacerdote, al propio marido, a la propia esposa, a los padres, a un hijo, a un hermano, a una institución; pero a la conciencia, a ella ¡NO!».

Coincidencia o no, me pasa a menudo y creo que le habrá pasado a todos. Estaba reflexionando sobre el autoengaño, ese estéril intento consciente-inconsciente de imposible compromiso, siempre torpe y que en la práctica aparentemente “funciona” por algún tiempo, sobre todo en los corazones endurecidos de quienes quieren hacer prevalecer el “quiero” sobre el “puedo”. Decía que estaba reflexionando, cuando me he cruzado – cosas de la hipertextualización – en esta frase de Antonio Cobino que comparto plenamente y que es síntesis y sentencia de los pensamientos que deambulaban por mi mente.

Laica o religiosa, leída como se quiera, definida como mejor encaje en nuestras creencias y valores, la conciencia es una implacable compañera de viaje que nunca nos abandonará. Desde los albores del uso de la razón hasta el momento en el que exhalaremos el último aliento. Podemos intentar manipularla, anestesiarla, darle la vuelta como a un calcetín y también darle patadas, o intentar ablandarla con caricias y guiños interesados.

No hay nada que hacer. Es una gran ficción que representamos a nosotros mismos. La conciencia, sin embargo, no cae en la trampa. Continúa a llamarnos, a advertirnos, a indicar el rumbo correcto que tenemos que seguir. A lo sumo, y como decía, hay quien consigue hacer que “funcione” la estrategia y se ilusiona con hacerla bajar a compromisos, a que sea condescendiente para obtener todos los “nihil obstat” que más nos interesan en ese preciso momento de la vida.

No. La conciencia no es dúctil. No es manipulable. Somos nosotros los sujetos de la “anestesia”, pero ella, que vigila con el dedo apuntando a la recta vía, es presente más allá del empañado resplandor que consiente a nuestra cómoda miopía la ilusión de una libertad que, sin embargo, siempre tiene límites bien definidos.  

Ya lo decía Jean-Jacques Rousseau: «La razón nos engaña a menudo, la conciencia nunca».

Para poder convivir con la propia conciencia sólo hay una receta: saber renunciar, saber obedecer. Lo demás sólo es parlotear. Al final, siempre habrá que arreglar cuentas. Y casi siempre eso es muy doloroso.

6 comentarios:

  1. Paolo (no caddi dal cavallo)10/11/15 14:38

    Eppure c’è chi ci riesce. O s’illude di riuscirci. Facce da c... ce ne sono sempre state e sempre ce ne saranno.
    Come facciano a dormire è un mistero.

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  2. Miguel Cancio10/11/15 16:17

    Las cosas que hacemos y las decisiones que tomamos, sabiendo o fingiendo no saber que lo hacemos sólo porque nos conviene, No porque sea lo justo.
    Yo tarde o temprano eso siempre lo he pagado. Vaya si lo he pagado...
    Mejor estar a la escucha.

    * ¿Qué es de “ammiccamenti”? En Google sólo veo algo de los ojos.
    Veo que ya no lo escribe todo en dos lenguas.

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  3. Miguel Cancio10/11/15 17:00

    Muchas gracias por la traducción. Ahora lo tengo claro. Menuda losa, la conciencia, y engañarla es un espejismo que cuando se desavanece la bofetada es brutal.

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  4. D. Carlo S.J.10/11/15 18:14

    Ha proprio ragione. Noi confessori ne sappiamo qualcosa, ma molto spesso non possiamo violentare la libertà. Se intuiamo che si sta tentando di occultare, “aggiustare”, raccontare ma non tutto, allora possiamo tentare di favorire la sincerità. Non molto di più.
    Ma l’inganno, la voglia irrefrenabile e spesso inconscia che ti assolvano anche se non c’è nessuna intenzione di ammettere tutto e di promettere tutto, esiste ed è una enorme responsabilità morale.
    Non ci resta che sperare che chi opera così si ravveda in tempo e ritorni con ben altra disposizione e propositi.

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  5. ¿De veras creemos que la conciencia importa algo? A mucha gente un pimiento o un rábano.
    Si eso o lo otro son lo que se quiere, hay conciencias que se relajan y duermen como un lirón. A tomar viento y a vivir que son dos días... Y si despierta la conciencia, la euforia y la distracción ya la ahogarán.

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  6. Da siempre en el clavo. Palabras claras y con una profundidad que ya quisieran muchos periodistas. Tiene que tener mucho seny y una vida interior muy rica, no es del montón y se percibe.
    Enhorabona!

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